Lo que la muerte de un gato revela sobre la indignación pública en Rusia

Vagones de los ferrocarriles rusos en Moscú. Tras la muerte de Twix, un gato que fue arrojado desde un tren, los ferrocarriles iniciaron una investigación interna. / Maxim Shemetov/Reuters

 

 

 

La tragedia se apoderó de Rusia durante algunos días. Los legisladores federales convocaron a un comité especial y se puso en marcha una investigación mientras cientos de voluntarios buscaban a la víctima en medio de temperaturas bajo cero y los medios de comunicación estatales actualizaban las noticias en vivo.

Por NY Times

Al final, la víctima —un gato llamado Twix— fue encontrado sin vida.

El deceso de la mascota, que un empleado expulsó desde un tren de largo recorrido por error, desató indignación a nivel nacional y ha mostrado tanto los límites de un desahogo emocional como la necesidad de que eso suceda en la Rusia de tiempos de guerra.

Un sondeo a nivel nacional reveló que casi dos de cada tres rusos conocían a Twix, un porcentaje muy alto en un país donde la gente se desconecta cada vez más de las noticias negativas, como la guerra en Ucrania, según explicó Denis Volkov, director del Centro Levada que es la mayor encuestadora independiente del país y que fue la empresa que realizó la consulta.

Una mezcla de propaganda, represión a la disidencia y fatiga de la población con respecto a la guerra que no concluye ha hecho que las curiosidades que surgen en internet se conviertan en un foco de atención nacional durante días, incluso semanas. El mes pasado, un video de un influente ruso que lanzó a su bebé de dos meses en un banco de nieve en una aparente acrobacia recibió miles de comentarios, negativos la mayor parte de ellos, y originó una investigación judicial.

Acontecimientos como la muerte de Twix, que en parte son catarsis y en parte una especie de teatro político, les han dado a los rusos la extraña oportunidad de desahogarse y vincularse con personas de ideas afines sin entrar en conflicto ni con la policía ni con los censores.

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