Hybris, por @ArmandoMartini

Armando Martini Pietri @ArmandoMartini

En el mundo contemporáneo la humanidad está inmersa en un vértigo sin precedentes. En la mitología griega, Hybris se refiere al desmedido orgullo y arrogancia que lleva a las personas a desafiar a los dioses, lo que inevitablemente conlleva a su destrucción. Es un problema ético y quien sucumbe no está capacitado para gobernar. La soberbia es el mal que afecta a los infelices que de repente encuentran una miserable cuota de poder. 

En el contexto político, se manifiesta diferente, pero no menos destructiva. Se presenta como un fenómeno donde el poder corrompe a líderes e instituciones, dejando a la sociedad en un estado de sufrimiento y desconfianza.

Reflejada en el fartusco y quienes como él, se aferran al poder a cualquier costo, desconociendo principios democráticos y socavando instituciones que sirven como baluartes de justicia y equidad. Los confiados en la investidura ilimitada, convencidos de superioridad ante la ley, y en la falsa creencia de que sus acciones no tienen consecuencias, adoptan políticas autoritarias, minan la autonomía y silencian el antagonismo, creando un entorno, en el cual, la democracia peligra. El poder excesivo amenaza la libertad al carcomer la pluralidad de ideas.





En el ambiente social, es injusticia, desigualdad y opresión. Las élites desconectadas del entorno toman decisiones favoreciendo sus haberes, mientras desconocen insuficiencias, preocupaciones y carencias de la mayoría. Desconexión que conduce al aumento discrepante, acceso desigual a la educación, salud y servicios básicos, así como a un incremento de la polarización social.

Hybris no solo afecta a países en desarrollo, está presente en democracias consolidadas. En la modernidad creadora, los envueltos en escándalos, antes pasarían desapercibidos. Sin embargo, a pesar de la creciente conciencia pública, algunos continúan operando con impunidad, en el hechizo de estar más allá del escrutinio.

Hybris pasa el tiempo entre mortales sembrando desdenes. Deidad de la insolencia, ausencia de mesura, falta de moderación, vanidad temeraria, ultraje en general, alteración de la armonía social y política. En la filosofía griega los humanos forman parte de un orden; que distingue entre lo humano y lo divino. Los humanos están limitados, son mortales. En estas restricciones frente a los dioses surge la trasgresión, para equipararse a la condición de omnipotencia con ego narcisista. 

Combatirla es fundamental, fortaleciendo las instituciones democráticas, promoviendo rendición de cuentas y fomentando la participación ciudadana. La lucha contra Hybris no es solo una cuestión técnica o económica, también de valores y principios. Reafirmar el derecho a la privacidad, libertad de expresión e igualdad de oportunidades. Exigir al liderazgo que se desempeñe con integridad y en beneficio del bien común. Es preciso promover la cultura de responsabilidad y empatía, se valoren la justicia, el equilibrio y respeto por los Derechos Humanos.

La batalla, es una lucha por la democracia y dignidad humana. Si permitimos que el poder corrompa y socave valores fundamentales de la sociedad, estamos condenados a repetir errores del pasado, perpetuando un ciclo de sufrimiento y desconfianza. 

A los “adversarios” les preocupan privilegios, sinecuras por ejercer, actuando como buhonería política en su derrotismo habitual. Uniéndose en lo que favorece, dando por buenas y aceptando lo aupado por serviles obedientes, hipócritas de acuerdos convenientes, como sepulcros lustrados y fastuosos, sin embargo, llenos de huesos consumidos participan en el funeral del fraude.  

No todos los momentos son de felicidad, muchos son tristes y las circunstancias de la vida alteran. Mientras la Corte Penal Internacional avanza en el juicio por crímenes de lesa humanidad, en Venezuela apoyan la simulación democrática.

Las verdades son un callejón sin salida cuando la entiendes, y lo que acontece en Venezuela no es una simple protesta a la actitud oficialista. Se fundamenta en el contexto de forma y fondo. Los venezolanos unidos en un reclamo, alzaron la voz que no encontró destinatario, con la intervención para callar, ignorando gritos de libertad. Años de no escuchar a quienes claman ser oídos.

La ciudadanía ha dado y dejado señales. En la antigua Grecia era sabido que Hybris antecedía a la derrota y quienes claudicaban, eran culpables de codiciar más que la parte que le fue asignada en la división del destino. El castigo, es la reprimenda de los dioses que tiene como efecto devolver al individuo dentro de los límites que cruzó.

Pero no es Grecia, es Venezuela, expuesta a la indignación ciudadana causada por el irrespeto, abuso de poder, injusticias, corrupción, y una ciudadanía que anhela avanzar hacia la libertad democrática, dispuesta a fijar límites y marcar un punto final.

@ArmandoMartini