Las remesas en Venezuela son una “bendición” familiar que cada vez rinden menos (Video)

El dinero mensual que le envían sus dos hijas desde Estados Unidos es 10 veces superior al salario que recibe Raiza Aponte como empleada de una universidad pública en Venezuela. Es “una bendición de Dios”, agradece, aunque apenas le alcance para lo mínimo.

Por vozdeamerica.com





“Ya no es lo mismo” que hace años atrás, cuando los 150 ó 200 dólares que recibe le bastaban para comprar bastante más que un poco de comida, pagar el condominio de su edificio o cumplir con las cuotas de sus seguros médicos, advierte Raiza (*).

“Compramos las cositas necesarias de la casa. Cien dólares aquí ya no son nada”, dijo a la Voz de América desde Maracaibo, considerada una de las ciudades principales de Venezuela, donde el gobierno suele racionar servicios públicos, como la electricidad y el agua.

Venezuela ha tenido en los últimos 6 años una de las inflaciones más altas del mundo, en medio de un desplome inédito de la producción nacional (menos 80 puntos en 8 años), la depreciación constante del bolívar y la merma del poder adquisitivo de sus habitantes.

Los precios de bienes, productos y servicios aumentaron 189,8 % en 2023, según el Banco Central de Venezuela. El salario mínimo mensual es de 130 bolívares (3,6 dólares) desde hace casi 2 años, entretanto.

Ese contexto de crisis económica generalizada coincidió con una de las olas migratorias más masiva de los últimos años: 7,7 millones de venezolanos se han movilizado al extranjero, con especial acento en la última década, de acuerdo con la Plataforma de Cooperación interagencial para refugiados y migrantes de Venezuela, R4V.

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Las remesas suben, sus impactos bajan

El 35 % de los hogares venezolanos recibe remesas desde el extranjero frecuente u ocasionalmente, de acuerdo con investigaciones de la firma consultora Ecoanalítica.

“El monto promedio de envío mensual de remesas a Venezuela es de 65 dólares”, explica el economista y socio director de la firma con sede en Caracas, Asdrúbal Oliveros.

“Es un monto total que puede estar cerca de los 3.000 millones de dólares (al año), lo que incluye ayudas por emergencias y gastos extraordinarios”, apunta a la Voz de América. Hace 4 años, esas remesas significaban 1.300 millones de dólares, aproximadamente.

En diciembre, se necesitaban 397 dólares para adquirir lo que se compraba con 100 dólares en 2018, indicó el director de Ecoanalítica semanas atrás a la agencia especializada en economía Bloomberg.

Los investigadores han notado que las remesas comienzan a alcanzar “cada vez menos” en Venezuela, según Aarón Olmos, economista y profesor de postgrado del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA).

“Todos estos venezolanos que envían a sus familiares estos dineros desde el extranjero no necesariamente están mandando lo mismo de antes”, indica a la VOA.

Últimamente, los “excedentes” de muchos venezolanos migrantes “han comenzado a disminuir” por la situación económica en sus países de acogida y han comenzado a enviar entre 30 y 20 dólares al mes, cuando antes sus ayudas eran de 50, 100 ó 200 dólares, dice.

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La propia economía venezolana hace que rinda menos, la economía en el extranjero hace que se envíe menos. Sean dólares, pesos, euros, ya no rinden lo mismo”, advierte.

La hija de José Gerardo Franco, habitante de Maracaibo, de 65 años, le envía a él y a su esposa cerca de 300 dólares al mes para comprar comida y medicinas y pagar el Internet.

A pesar de que comenzó a transferirles hasta 20 dólares más a la semana en meses recientes, esa nueva cantidad de dinero sigue representando “poco” en Venezuela, refiere.

El costo del kilo de aguacate, su alimento favorito, subió de 160 bolívares (4,4 dólares) a casi 300 bolívares (8,3 dólares) en tan sólo una semana en su frutería de preferencia.

“No sé a dónde vamos a llegar. La verdad esto (la crisis y la inflación) no tiene un parao’. Siempre es un aumento” de precios constante, expresa a la VOA Franco, cuya pensión mensual del gobierno venezolano es de apenas 3,6 dólares o 130 bolívares.

La canasta alimentaria familiar pasó de costar menos de 300 dólares hace 3 años a 535 dólares con unos pocos centavos en enero de 2024, de acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros.

Entre diciembre pasado y enero, es decir, en apenas 1 mes, el precio promedio de los granos como las caraotas (frijoles) y las lentejas aumentaron 9 %, los pescados y mariscos se elevaron 4 %, y los lácteos y huevos subieron 3,81 %, según su útimo reporte.

El presidente Nicolás Maduro dijo hace días que el país vivió “los mejores eneros y febrero” desde hace 14 años y que 2024 es un año de “mejoría de la economía”.

“A veces pide auxilio”

Ana Julia Martínez (*), de 59 años, administra las remesas que sus hermanos envían cada mes para su madre, de 78. Suelen ser entre 400 y 500 dólares, sin contar imprevistos, como tratamientos médicos o la reparación de electrodomésticos.

“Con todo eso que ella recibe, a veces pide auxilio, no le alcanza”, admite en conversación con la Voz de América.

Como colofón, cuenta, su madre vive en un pueblo fronterizo con Colombia, en Zulia, donde los productos cuestan más o menos caros dependiendo de con qué monedas se pagan: si es con bolívares, son más costosos; con pesos o dólares, son más baratos.

Ana Julia dice tener “una maravilla de familia” que siempre está dispuesta a ayudar a su mamá, pero la realidad de los mercados venezolanos “es un asombro para ellos”.

Olmos, docente del IESA, destaca por su parte que el venezolano “quiere seguir ayudando” desde afuera a sus familiares, si bien la frecuencia, los montos y “lo poco” que rinde el dinero en el país hace que las remesas ya no sean “tan efectivas”.

Es lo que dicen percibir venezolanos como Raiza, la empleada universitaria: meses atrás, compraba 2 pollos con el mismo dinero con el que este año paga 1 solo.

Dice estar “inmensamente” agradecida con sus hijas, pues, sin ellas, no sabe qué haría si dependiera de sus 400 bolívares de paga quincenal, su salario actual a pesar de tener 36 años de empleo en una de las universidades más antiguas de Venezuela.

Su esposo y ella se organizan “con esa platica” de las remesas todo el mes. “Si no, no nos alcanza”, subraya, lamentando que la crisis sea tal que hasta 500 dólares “ya no parecen nada” en su país.

“Se ve tanto dinero, pero no alcanza. Es increíble”, sentencia.