La realidad del ahorro en Venezuela: el dilema entre llenar la alcancía o la nevera

 

Era 2022. Pedro se fijó como meta ahorrar $600 para comprar una laptop, herramienta de trabajo fundamental para todo freelancer. Se dedicó a reservar la mitad de sus ingresos mensuales, privándose de sus gustos y algunas necesidades, para lograr acumular $400, a los que sumó otros $200 que pidió prestados. Su sacrificio rindió frutos e hizo la compra. Un año después, un bajón de electricidad dañó para siempre el aparato.





Por Tal Cual

El testimonio de Pedro encapsula la experiencia de ahorrar en Venezuela, un país inmerso en una compleja crisis económica que no consigue recorrer un sendero de recuperación tras un desplome de 80% de su Producto Interno Bruto (PIB) entre 2013 y 2022.

La administración de Nicolás Maduro, en su intento por controlar la inflación, pone en práctica una férrea política de restricción monetaria que frena la actividad económica. Las consecuencias las paga la población —especialmente los trabajadores públicos—, ya que repercute directamente en bajos salarios, lo que a su vez se traduce en una capacidad de ahorro diminuta.

Así lo demuestran los datos de una encuesta de Equilibrium CenDE aplicada a 1.255 personas hasta noviembre de 2023, al indicar que solo 8% de los encuestados podían permitirse guardar dinero, pese a que el ahorro es un elemento básico en toda economía sana que acaba por fomentar el crecimiento a largo plazo.

Pero es que incluso esta cifra podría no estar cumpliendo el propósito real del ahorro. El analista económico Henkel García analizaba, en un artículo publicado en La Gran Aldea, que mucho del dinero que se acumula no responde realmente a ahorro, sino que va dirigido a cubrir necesidades menos básicas que se escapan del «desnutrido» poder adquisitivo de la población.

«La dolarización te abre la posibilidad a tener dinero por algún tiempo sin pérdida de poder de compra, eso, a su vez, permite que muchas personas acumulen algo para comprar bienes y servicios más allá de los bienes esenciales. Pero eso no es ahorro, esos venezolanos están acumulando para poder gastar más allá de lo básico», comentaba.

El economista Daniel Cadenas remarca que el ahorro ocurre cuando todas las necesidades básicas de una persona —incluyendo alimentación, vestido, calzado, vivienda, educación, salud, recreación y servicios— están cubiertas. El dinero que se guarde después de esos gastos puede ser un ahorro productivo.

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