Luis Velásquez Alvaray: Resurrección y deslinde

La resurrección del Señor es una entrega de sentido existencial. Ya tenemos el fuego de su luz para continuar con esperanza cierta. “La eterna claridad”. Es la promesa en modo lucernario. “Cristo es más fuerte que las tinieblas”.

Por mis opiniones en estas notas no responde nadie más. No pertenezco a ningún partido, ni comando, ni comandito. Soy exiliado, junto a mi familia, desde hace 18 años y observo la realidad del país desde la mira periodística, evitando maltratar la verdad.

Digo esto para señalar mi convicción, sobre un liderazgo transformador, de la mano de principios ajenos a la mentira. No pretendo herir a nadie. Cada uno responde por sus actos y algunas decisiones tendrán la oportunidad de demostrarse con votos. Es la democracia. Así sucedió en las primarias. El proceso sin ventajismo acentúa el arraigo en las masas. Para muestra el conteo y el desarrollo electoral, sin esconder nada. Visible. La otra esquina suele decir que obtuvo diez, doce, catorce millones de votos. Invisibles. Hay que ver con ojos de realidad.





Casi tres millones de votos no es fantasía. Por eso la preocupación, elevada a extremos nicaragüenses y rusos.

Los ejercicios democráticos otorgan fuerza al liderazgo para el desprendimiento. Demostración palpable: el proceso de inscripción para elecciones presidenciales, negado por la mala compañía conocida como angustia.

Es testimonio de los últimos días el llamado a conversar bajo el acuerdo de Barbados, cumpliéndolo hasta en los puntos y en las comas. Punto y aparte.

Liderar un proyecto país – requiere sabiduría, formación, humildad y sobre todo actuar en el océano de la verdad. A nada conduce mentir y menos mentir como política de Estado. Es castillo de naipes y poco respeto hacia los administrados. Señalar en la víspera de un proceso político importante, supuestos planes conspirativos– amenazantes no es creíble. Menos acusar a unos ciudadanos que trabajan en organismos gubernamentales y son comprobados activistas del partido de la tarjeta del oscuro conteo irreversible.

El respeto a un proyecto político, lo encarna su líder, cuya capacidad para escoger sus equipos de trabajo, dibuja el futuro a los ideales de transformación. Eso se llama inteligencia política. Es el diseño del futuro, que los habitantes de este país ya no quieren arriesgar. Gobernar es trabajo arquitectónico en croquis de esperanza, diseño de cumplimiento, de metas, posibilidades ciertas, sin falsas expectativas.

Un liderazgo formativo ofrece respuestas firmes pero respetuosas. El gobierno de Brasil puede comparar y el de Colombia también. El asombro es mayúsculo. La desesperación es imposible esconderla.

La unidad es un propósito inviable si no existe acuerdo sobre el modelo propuesto. En las primarias la gente votó por un cambio total. Es saludable redefinir, deslindar y los votantes hablarán. Es saludable y no criticable tomar caminos distintos. Un modelo transformador no admite opciones contrarias disyuntivamente. Separar en este aspecto amplia el cauce al nuevo dilema estratégico.

Es momento para celebrar la “resurrección entendida como el deseo de vida y comunión, que alberga el corazón humano”. La fe en ella, que dio fuerza a los apóstoles de Jesús, marca la efervescencia de un país, que busca un camino para resurgir en la creencia de cambio y paz.