Campo Alegre, un pueblo escondido entre los médanos de Coro que se resiste a desaparecer - LaPatilla.com

Campo Alegre, un pueblo escondido entre los médanos de Coro que se resiste a desaparecer

En Campo Alegre viven de la cría de animales y sus productos derivados Foto Irene Revilla

 

Campo Alegre es una comunidad que no tiene fecha de fundación. Está ubicada en un valle dentro del Parque Nacional Médanos de Coro, rodeada de montañas de arena blanca y varias poblaciones de Coro, capital del estado Falcón.

Por Irene Revilla / Corresponsalía lapatilla.com





La comunidad, conformada por 12 familias, se asentó en la zona antes de que se decretara como parque nacional el 6 de febrero de 1974, y su modus vivendi depende de la cría de cochinos, cabras, chivos y gallinas. Están sometidos a largos apagones de hasta cuatro días, porque el sistema eléctrico en el sector es afectado por las fuertes brisas características del área y la falta de mantenimiento preventivo del cableado eléctrico que atraviesa las grandes montañas de arena, lo que también los deja incomunicados.

En la zona carecen de agua por tuberías desde hace más de 20 años, cuando instalaron una tubería que suministraba agua desde Coro, pero los “amigos de lo ajeno” se la fueron robando hasta que quedó inhabilitada. Desde entonces, la lucha de los habitantes de los médanos es por el suministro de agua.

“Esta comunidad se llama Campo Alegre y es que aquí se siente tranquilidad, uno está en paz, pero sin agua no podemos vivir. Hemos hecho de todo para que nos ayuden a resolver el problema, pero no pasa más allá de promesas”, dijo Eglendy Chirinos, una coriana que vive en la zona con su esposo y sus dos hijos.

Están muy bien organizados y se sienten todos como una gran familia. Han introducido proyectos para que la tubería que pasa por la carretera Coro-Punto Fijo y lleva agua hasta Paraguaná, pueda hacerse una toma que beneficie a la comunidad, pero también al Punto de Atención al Ciudadano de la Guardia Nacional y al peaje que están en la misma zona, y que tampoco cuentan con el servicio por tubería. “Ellos reciben camiones cisternas todo el tiempo, pero nosotros no. Tenemos que buscar soluciones para poder tener agua”.

Más secos que un desierto

 

Para llegar a la comunidad tienen que pedir cola, porque no hay transporte público Foto Irene Revilla

 

Chirinos contó que Hidrofalcón tiene el compromiso de llevar agua una vez al mes a través de la Guardia del Pueblo, pero no se cumple: o tienen los camiones malos o no tienen combustible. “Nos hemos tenido que poner a reunir gasoil para que puedan traer el agua y estar pendiente de que llenen a todas las familias. No importa que nos surtan cada 20 días, nosotros tratamos de ahorrar en lo posible, pero hemos pasado meses sin agua”.

Los animales toman agua de dos pozos que se llenan en la temporada de lluvias y duran casi hasta mitad de año. Luego, comienza la angustia para evitar que mueran sedientos. “Bueno, nos toca cambiar animales por agua a los camiones cisternas, porque de lo contrario se nos mueren de sed”, dijo Kenny Loaiza, productor de la zona y artesano.

 

Sus habitantes piden mejorar los servicios públicos para incentivar el turismo en la zona Foto Irene Revilla

 

Los habitantes relatan que sus abuelos también sembraban, porque es una tierra fértil. Llegaron a cosechar frijoles de varios tipos, auyama, yuca, entre otros rubros, pero debido a la sequía y la falta de agua, no han podido volver a practicar la siembra.

También hicieron un proyecto para cavar un hueco y hacer un pozo, porque en la zona pasan varias venas que podrían dar un buen suministro de agua, pero tampoco obtuvieron respuestas del gobierno regional ni municipal. Ante esta desidia, buscaron el presupuesto para materializar el proyecto con una empresa privada, pero solo la excavación cuesta 1.500 dólares, recursos que no tienen.

Peligrosas arenas

 

Es una comunidad que no crece porque no pueden construir más viviendas dentro del parque nacional Foto Irene Revilla

 

Contrario a lo que se pueda suponer, estar dentro del parque nacional no les ha dado ningún beneficio a los pobladores de Campo Alegre: viven en zozobra y pernoctan en los médanos cuando una guaya se suelta o un poste de recuesta sobre las montañas de arena, porque las guayas electrificadas quedan escondidas en las arenas y esto representa un peligro para los turistas que se detienen en la carretera Coro- Punto Fijo para tomarse fotos y disfrutar del hermoso paisaje.

“Nosotros hacemos vigilias para evitar que un turista vaya a morir electrocutado. Hemos perdido animales, porque la corriente es muy alta y al pasar los chivos cerca, quedan pegados y se calcinan. Inmediatamente que tenemos fallas, llámamos a Corpoelec y hasta nos ponemos a trabajar con ellos, pero su llegada puede tardar hasta cuatro días”, explicó Daniel Ventura, habitante de la zona.

La comunidad vende carne, queso, leche y suero a los mercados de Coro, por lo que su producción es muy fructífera pese a las duras condiciones a la que está sometida. Todo es artesanal, incluso, las casas están construidas con bahareque y viven en contacto directo con la naturaleza. A primera hora de la mañana, se pueden ver a los vecinos salir cargados con potes de leche fresca que se vende “como pan caliente”.

Potencial turístico

 

La cría de chivos, cochinos, cabras y gallinas es el sustento de las familias en Campo Alegre Foto Irene Revilla

 

En Campo Alegre no existe el tiempo para el ocio. Además de criar animales, que es para el consumo propio y la venta, en el lugar elaboran hermosas creaciones con madera que consiguen zonas circunvecinas, como Cardón. Estas artesanías las venden en la carretera Coro- Punto Fijo.

“Al turista le gusta mucho nuestro trabajo, pero no tenemos punto de venta y eso nos afecta mucho, porque aunque quieran llevar las piezas, no tienen sencillo para pagar en dólares”, dijo Kenny Loaiza.

En la zona también vive Emil Antonio Zárraga Guanipa, un hombre de 65 años, apasionado con la madera desde muy joven, y que comenzó a crear piezas hasta convertirse en un artesano reconocido y respetado.

 

Emil Antonio Zárraga Guanipa, un artesano apasionado con la madera y la música Foto Irene Revilla

 

Hace todo tipo de trabajos con maderas de la zona y otras que compra en la ciudad de Coro. Su amor por la música también lo llevó a elaborar instrumentos musicales como cuatro, maracas, violines, violas y hasta reparar arpas.

Aunque es nativo de Jadacaquiva en la Península de Paraguaná, llegó a Campo Alegre junto a su familia hace muchos años y se enamoró del pueblo que lo acogió en ese entonces. Actualmente vive con su hijo que lo acompaña en las tareas con la madera.

Como artesanos de la zona, han sido invitados por el Gobierno Nacional a mostrar sus obras en exposiciones en otros estados, con la promesa de que le otorgarán créditos para expandir los negocios, pero todo se ha quedado en palabras.

Han optado a créditos y ayudas gubernamentales, pero no han obtenido ningún beneficio. Los avances que han logrado, han sido gracias al trabajo comunitario organizado por las 12 familias que no olvidan sus raíces ni su hermoso terruño, un lugar que no desean abandonar, sino que se mejoren los servicios públicos.

 

Las casas de bahareque son construidas por ellos mismos Foto Irene Revilla

 

Los habitantes de Campo Alegre sueñan con tener una parada para los turistas, donde puedan deleitar sus paladares con comida recién preparada con productos frescos de la región, vender sus artesanías que son talladas a mano y servir de guías por las áreas de los médanos de Coro para mostrar las bondades de este paisaje único, que une a la Península de Paraguaná con el resto del país.