León Sarcos: La sensata lucidez de Monsieur Macron - LaPatilla.com

León Sarcos: La sensata lucidez de Monsieur Macron

Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, a aprender más, a hacer más y a convertirse en algo más, entonces tú eres un líder. John Quincy Adams

El que confía en imbéciles, termina comportándose como un imbécil. Paul Auster

Podemos ir a la Luna, pero eso no está muy lejos. La mayor distancia que tenemos que recorrer todavía se encuentra dentro de nosotros mismos. Charles de Gaulle





Hoy tiene mucha más repercusión, gracias a las nuevas tecnologías, el político- espectáculo, que suelta impunemente incoherentes desmesuras –que la mayoría de ignaros aplauden–, que el ponderado y sensato discurso de un estadista que alerta al sentido común y hace justas y necesarias reflexiones para preservar el futuro. 

Hoy sentimos nostalgia por los 80 y la calidad de los liderazgos del alemán Helmut Kohl (1982-1998), de la inglesa Margaret Thatcher (1979-1990), del estadounidense Ronald Reagan (1981-1989), del francés François Mitterrand (1981-1995), y del español Felipe González (1982-1996). Fue la época en que el proactivo Jacques Delors apuntaba sus esfuerzos y sus convicciones para, en su calidad de presidente de la Comisión Europea, forjar lazos de estrechamiento y colaboración entre las naciones que hoy constituyen la Unión Europea. 

Gracias a sus esfuerzos –siguiendo los pasos de Robert Schuman que propuso a Alemania, en 1950, la creación de la Comunidad Económica del Carbón y el Acero–, se logró el Acuerdo o Tratado de Schengen (1985), por el que varios países suprimieron los controles en las fronteras interiores y los trasladaron a las exteriores. El Acta Única Europea (AUE) por la que en ese momento 12 países miembros formaban la Comunidad Económica Europea y sirvió para que cinco años después naciera la Unión Europea (1993). Y el Programa Erasmus, un plan de acción de la Comunidad Europea para facilitar la movilidad y el intercambio entre los estudiantes universitarios.

Las naciones las hacen los líderes motores, constructores, que nada tiene que ver su grandeza con las ideologías; son dirigentes con visión de largo alcance que sus pueblos terminan amando porque dejan sembradas sus buenas intenciones y la calidad de su pensamiento, que acompañan con iniciativas, gestos, ideas, obras y testimonios que se transforman en bienestar ciudadano, al punto de que cuando llegan tiranos cretinos o simples gestores de la cosa pública se les echa mucho de menos y resultan fáciles de recordar y honrar, para dar vigencia a su memoria y a sus gestiones. Sucede con nuestro gran líder Rómulo Betancourt, dos veces presidente (1945-1948) (1959-1964), el padre de la democracia liberal venezolana.

Nace un nuevo líder para Francia y una promesa para Europa

Siempre elige la forma más difícil, en ella no encontrarás oponente… Un hombre de carácter encuentra un atractivo especial en la dificultad. Charles de Gaulle

Hoy pienso que no valoré en su justa dimensión cuando llegó al poder a el señor Macron. No tenía otra información que la escueta que da la prensa. A esto se sumaba el hecho de ser el presidente más joven, con 39 años (1977), que llegaba al poder desde Bonaparte. Ese para mí era un hándicap que sería difícil de superar en un país de alta demanda de gobernanza, para un dirigente con poca experiencia en los asuntos públicos.

Resultó que a pesar de lo enturbiado del ambiente de tensión social que vivía el país cuando asumió el poder en 2017, supo salir ileso en su popularidad en las primeras de cambio. Macron tendría que enfrentar la reacción social frente al Código Laboral, la Ley de la Compañía Francesa de Ferrocarriles (SNCF), el caso Benalla, y el más notable socialmente sería el de los Chalecos Amarillos, porque a partir de 2018 una parte de Francia se levantó en protesta contra su gobierno en octubre del 2018, luego que el Ejecutivo anunciara un aumento de impuestos al combustible a partir del primero de enero de 2019.  En respuesta, Macron renunció al incremento impositivo y anunció un aumento del salario mínimo en 100 euros mensuales.

La carta abierta a los franceses de 2019

Nada grande se logra sin grandes hombres, y los hombres son grandes solo si están decididos a serlo. Charles de Gaulle

Por otro lado, gracias a una carta difundida por diarios de 28 países en marzo de 2019, ha demostrado ser uno de los líderes que ha hablado con más propiedad sobre la refundación o el renacimiento de Europa, dirigiéndose directamente a los ciudadanos del continente, entre otras cosas para rechazar el nacionalismo y exigir unas fuerzas armadas europeas en sintonía con los retos de los nuevos tiempos, marcando pauta en sus discursos con tal precisión y profundidad, que hoy lo hacen acreedor del reconocimiento de un verdadero hombre de Estado en tiempos marcados por el autoritarismo vacío, la pusilanimidad y el alcance inmediatista y efectista del discurso político acompañado del circo.

Había escrito en esa carta: Estamos en un momento decisivo para nuestro continente. Un momento en el que, colectivamente, debemos reinventar política y culturalmente la forma de nuestra civilización en un mundo cambiante. Y reclamará para Europa:

Nuestra libertad primera es la libertad democrática, en elecciones donde concurren los ciudadanos a elegir sus representantes, y esta se encuentra en peligro por la injerencia digital de potencias extranjeras, por lo que propongo una Agencia Europea de Protección de las democracias que aporte expertos europeos a cada Estado miembro para preservar sus procesos electorales de ciberataques y manipulaciones.

Proteger nuestro continente. Ninguna comunidad genera ningún sentimiento de pertenencia si no tiene límites que proteger. La frontera es libertad en seguridad. En este sentido, estamos obligados a revisar el espacio Schengen y a considerar la creación de una policía de frontera común, una oficina de asilo y estricta obligación de control.   

Recuperar el espíritu de progreso sería el tercer llamado de atención del presidente Macron al pueblo de Francia. Europa no es una potencia de segunda clase. Toda Europa está a la vanguardia. Siempre ha sabido definir las normas del progreso y, en esta línea, debe ofrecer un proyecto de convergencia más que de competencia.

Retomar el camino del progreso debe ser consustancial a liderar por igual el camino del cambio climático. Y afirma de forma contundente: No podríamos mirar a nuestros hijos a los ojos si no logramos reducir nuestra deuda con el clima. La Unión Europea debe fijar sus ambiciones: cero carbonos en 2050 y reducir a la mitad los pesticidas en 2025. 

Enmanuel Macron tuvo un papel destacado al lograr un acuerdo y presentar un plan, conjuntamente con la jefa del gobierno alemán Angela Merkel, frente a la pandemia de COVID, que sirvió de referente al resto de Europa para enfrentar en 2020 esta grave tragedia humana.

El discurso de la Sorbona de abril 2024 

Seamos firmes, puros y fieles; al final de nuestro dolor, está la mayor gloria de la vida, la de los hombres que nunca se rindieron. Charles de Gaulle.

No sé de cuanta simpatía o antipatía disfrute o inquiete hoy a monsieur Macron, pero siento que cabalga en la dirección correcta de la historia, coincidiendo en esencia con el discurso aleccionador, crudo, verdadero y preciso del español Josep Borrell ante el parlamento europeo a finales de 2022:

El poder mundial se reconfigura. Hay que pensar en una nueva Europa, sin la energía barata que nos proporcionaba Rusia y el acceso al gran mercado chino para exportaciones, transferencias de tecnología, inversiones y bienes baratos. Eso se acabó y no puede seguir siendo así. El desarrollo económico europeo requiere urgentes pasos para una reorientación de su economía. Pero, también agregaba el español, llegó el momento de asumir nuestra seguridad y protección, que hoy prácticamente está en manos de los Estados Unidos.

A diferencia del llamado de atención de Borrell sobre las carencias, los déficits y las ausencias de fortalezas en lo político, económico, defensa, cultura, ambiente y transición digital, el presidente de Francia las transforma, después de reconocer los límites y logros de su gestión, en lineamientos para la estructuración de nuevos paradigmas, en mi opinión bastante pertinentes en la nueva coyuntura histórica.

Y miren que lo hace con mucha lucidez, prestando especial atención a los problemas del ambiente y al renacimiento del humanismo francés, motivo de orgullo nacional a través de la historia, por tantos aportes al cultivo de la sensibilidad, la libertad y al desarrollo humano.

Europa puede morir

Tenemos que ser rápidos y adaptativos, de lo contrario, toda estrategia será inútil. Charles de Gaulle.

Enmanuel Macron había estado en la Sorbona el 26 de septiembre de 2017, para hacer sus primeras aproximaciones a lo que serían los contenidos de las políticas de su gobierno. Siete años después, el 25 de abril de 2024, regresaba a los 47 años con un aprendizaje que continuaba el hilo de su visita inicial, siempre hablando para todo el continente europeo, esta vez de la necesidad de construcción de nuevos paradigmas.   

En el pasado, Macron había dicho que nuestra Europa ya no proponía, no quería, por cansancio o conformismo, formular una estrategia de largo plazo con nuevos paradigmas para Europa, y que más bien con frecuencia se dejaba esa iniciativa a quienes la atacaban. 

Ahora afirma con renovados bríos: ayer proponíamos una Europa más unida, más soberana y más democrática. Proponíamos una Europa más unida para tener peso frente a las otras potencias y las transiciones del nuevo siglo. Más soberana para que su destino, sus valores y su modo de vida no le sean impuestos por otros.  Mas democrática porque Europa es la cuna de la democracia liberal donde los pueblos deciden por sí mismos.

Esa propuesta –en la transición civilizatoria que vivimos y después de la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022–, requiere la instrumentación urgente de nuevas políticas que garanticen la seguridad europea, el crecimiento sostenible e independiente de sus economías y el impulso de la cultura humanista que siempre ha caracterizado a Europa, para seguir cultivando la conservación del planeta y el espíritu sensible y la grandeza que la ha hecho diferente a los demás; de ahí lo acertado de la respuesta del presidente francés:

Mi mensaje de hoy es muy sencillo.  Paul Valéry decía, al final de la Primera Guerra Mundial, que ahora sabíamos que nuestra civilización podía desaparecer. Debemos ser lúcidos sobre el hecho de que nuestra Europa actual es mortal. Puede morir, y que eso no ocurra dependerá únicamente de nosotros mismos. Pero estas decisiones deben tomarse ahora.

En sus propias palabras, Macron afirma: porque la cuestión de la paz y la guerra en nuestro continente y nuestra capacidad para garantizar o no nuestra seguridad, se decide hoy.  Porque las grandes transformaciones de la transición digital, las de la inteligencia artificial, el medio ambiente y la descarbonización, se deciden hoy. La reasignación de la producción y la reorientación hacia nuevos paradigmas se juegan hoy. Porque el ataque a nuestra democracia liberal, a nuestros valores, lo que constituye la base misma de la civilización europea, nuestra relación con la libertad, la justicia y el conocimiento, se está produciendo ahora.

Un punto de inflexión en la historia

No es tolerable, no es posible, que después de tanto sacrificio y ruina, tanto heroísmo, no surja una humanidad mayor y mejor. Charles de Gaulle.

Estamos –dice el líder francés– en un punto de inflexión en la historia de la humanidad, y nuestra Europa es mortal y nosotros como franceses estamos obligados a hacer nuestra contribución para que esto no suceda. ¿Por qué es mortal?

En primer lugar –dice– no estamos armados para afrontar los desafíos a los que nos enfrentamos. Hemos hecho algunos adelantos, pero nos enfrentamos a un reto crucial de ritmo y modelo. Hemos empezado a despertar. La misma Francia ha duplicado su presupuesto de defensa. A escala continental este despertar es demasiado lento. Hemos realizado cambios profundos. Pero no estamos en la misma escala. Y por el hecho mismo de que la guerra haya vuelto a suelo europeo pero que la libre una potencia con armas nucleares, lo cambia todo.

En segundo lugar –asevera–, en términos económicos, nuestro modelo tal como está concebido hoy ya no encaja con los desafíos que tiene planteados el continente. Tenemos el modelo social y solidario más generoso del mundo. Esto es una fortaleza. Queremos el clima con energía descarbonizada, pero somos la única zona geográfica que ha adoptado las reglas para lograrlo. Los demás no avanzan al mismo ritmo.

Queremos un comercio que nos beneficie, pero compitiendo con otros que están empezando a cambiar las reglas de juego. Las dos principales potencias del mundo han comenzado a romper las reglas del comercio. No podemos sostener normas medioambientales y sociales más exigentes, invertir menos que nuestros competidores, tener una política comercial ingenua y pensar que seguiremos creando empleo. Eso ya no funciona.

Así corremos el riesgo de quedarnos atrás. El producto interno bruto per cápita de Estados Unidos entre 1993 y 2022 aumentó casi en un 60%. El de Europa en ese mismo lapso ha crecido apenas en menos del 30%.

La tercera constatación, que acentúa la importancia del momento en que vive Europa –dice Macron–, es la batalla cultural, la de los imaginarios, de los relatos, de los valores, que es cada día más delicada. Durante mucho tiempo pensamos que nuestro modelo era irresistible, que la democracia se extendía y volaba sola y los derechos humanos progresaban, que el soft power europeo triunfaba.

Macron piensa, al igual que muchos demócratas del mundo, que no debemos llamarnos a engaño, que la democracia también está gravemente amenazada. Nuestra democracia liberal es cada vez más criticada, con falsos argumentos y mentiras, penetrada por sus enemigos para destruirla desde adentro, invirtiendo sus valores, lo que nos hace cada día más vulnerables.

En todas partes –afirma– en Europa, nuestros valores y nuestra cultura están amenazados, porque se cuestionan sus fundamentos en la creencia de que los enfoques autoritarios serían de algún modo más eficaces y atractivos, cuando de hecho históricamente se ha comprobado hasta el cansancio que son improcedentes. Amenazados también porque nuestra narrativa y nuestros sueños son cada vez menos europeos. En todas partes, el contenido al que están expuestos nuestros niños y adolescentes, mediante las nuevas tecnologías, es más estadounidense o asiático. Esa es parte de la irrupción digital que está ocupando todas nuestras vidas, y que debemos controlar de una manera democrática e inteligente.  

I. Nuevos paradigmas para Europa

A) Sobre defensa

Ningún país sin una bomba atómica podría considerase propiamente independiente. Charles de Gaulle

Para Enmanuel Macron es indispensable trabajar con mucha diligencia para crear una Europa potencia que acepte que tiene fronteras y debe protegerlas. Para lograrlo, tenemos que dejar de ser una minoría estratégica como lo fuimos en la Segunda Guerra Mundial, y convertirnos en una potencia con autonomía estratégica.

Lograrlo implica que tenemos que cambiar la escuela en términos de defensa. La principal amenaza para la seguridad europea es que Rusia gane la guerra que libra injustamente contra Ucrania. Esto es esencial. Si decidimos que Ucrania es un requisito previo para nuestra seguridad, entonces lo que está en juego en esa guerra no es solo la soberanía de los ucranianos sino también la de Europa.

Pero en esta guerra –continúa– está implicada una potencia que utiliza armas nucleares y amenaza con intensificar su uso. Sin duda, este hecho creara tensiones con las que los europeos tenemos que aprender a vivir. Por eso es indispensable conseguir, y este es el primer paradigma en materia de defensa, una defensa creíble del continente europeo. De ahí que los acontecimientos más recientes han demostrado la importancia vital de las defensas antimisilísticas y de las capacidades de ataques profundos, esenciales para la alerta estratégica y la gestión de la escalada frente a adversarios desinhibidos.

Tenemos que dar contenido a esa defensa creíble –sigue–, construyendo, como ya lo iniciamos, un pilar dentro de la OTAN. Europa debe saber defender lo que aprecia con sus aliados, siempre que estén dispuestos, y solo si es necesario. Francia desempeña junto a sus socios el papel que le corresponde. Disponemos de un modelo de ejército completo, cuyo objetivo es ser el ejército más eficaz del continente, que también posee armas nucleares y, por lo tanto, disponemos de la capacidad de disuasión que las acompaña. 

La disuasión nuclear está en el centro de la estrategia de Francia. Es, por lo mismo, un elemento esencial de la defensa del continente europeo. Este marco de seguridad permite –a juicio del presidente francés– construir también, gracias a esta defensa creíble, una relación de vecindad basada en el respeto mutuo con Rusia.  

2) Sobre las fronteras

Queríamos reconstruir nuestro hogar, eso era todo. Habíamos perdido nuestro antiguo hogar, lo que significa perder la familiaridad con el mundo, y habíamos perdido nuestro oficio o trabajo, lo que significa perder la sensación de que éramos útiles para el mundo. Hannah Arendt

La Europa potencia –para Macron– es una Europa que tiene que controlar sus fronteras. La adopción del Pacto sobre Migración y Asilo fue un gran paso que ha dado sus frutos, pero no es suficiente. Para Francia el problema es más complicado, porque somos un país de movimientos secundarios; es decir, la inmigración no llega directamente al país, sino que entra al continente, y en espacio Schengen en particular, a través de otras fronteras.

Además del pacto de asilo y seguimiento, que nos ha sido muy útil, tenemos que tomar medidas más firmes en materia de devoluciones y readmisiones para todos los hombres y mujeres que llegan a nuestro suelo y que no están destinados a quedarse, que no cumplen los requisitos para obtener asilo.

Es a 27 -los países de la Unión Europea- en el espacio Schengen, según Macron, donde debemos cooperación y asistencia en estas políticas. La clave es condicionar nuestros visados y preferencias comerciales con los países de origen y tránsito, y hacer que estos rindan cuentas de las irregularidades de sus políticas migratorias.

II. Sobre un nuevo modelo de crecimiento para Europa

No hay libertad a menos que haya libertad económica. Margaret Thatcher

El segundo elemento, para el presidente francés, es como lograr la prosperidad conjunta y sostenida de toda Europa. Y afirma: si queremos ser soberanos necesitamos construir un nuevo modelo de crecimiento y producción. Esto es esencial, porque no hay poder que no se sustente en una base económica sólida, ni puede haber tampoco una transición ecológica sin una economía prospera que la acompañe, menos aún un sistema de seguridad social, que es una de las fortalezas de Europa, si no producimos la riqueza que después tenemos que distribuir.

Durante mucho tiempo Europa fue la propia fuente de su crecimiento, en un momento en el que el Estado cumplía con eficiencia su papel de ordenador y estimulador del mercado, de competencia y libre comercio; en una época en la que básicamente las reglas eran muy diferentes. Las materias primas no parecían limitadas, no había geopolítica sobre ellas, se ignoraba el cambio climático, el comercio era libre y todo el mundo respetaba las reglas. De alguna forma hemos vuelto al Estado de Naturaleza.

Todo eso en poco tiempo ha cambiado, más el agravante de que no producimos combustibles fósiles, a diferencia de los estadounidenses y otros países que sí, ni tampoco los materiales críticos de los cuales China ya se ha hecho buena parte del mercado.

Pero tenemos objetivos claros, insiste con carácter Macron: Queremos producir más riqueza para mejorar nuestro nivel de vida y crear empleo para todos; queremos garantizar el poder adquisitivo de los europeos; queremos descarbonizar nuestras economías y hacer frente a los retos de la biodiversidad y el clima; queremos asegurar nuestra soberanía y, por tanto, controlar nuestra cadena de producción estratégica; y queremos mantener una economía abierta para continuar siendo la gran potencia comercial que somos.

Debemos entonces crear un nuevo paradigma económico para Europa consagrado en un pacto de prosperidad, basado en algunos pocos elementos: a) Producir más y de forma más ecológica. B) Simplificando y poniendo fin a la Europa complicada; es decir, se trata se trata de pasar de 27 sistemas de reglas a uno solo. C) Política industrial Made in Europa con los sectores estratégicos. Necesitamos hacer una Europa líder de aquí a 2030 en cinco áreas estratégicas emergentes: la inteligencia artificial, la informática cuántica, el espacio, la biotecnología y las nuevas tecnologías: hidrógeno, rectores modulares y fusión nuclear. D) Impulso y nuevas reglas de juego para la energía y la agricultura. E) Una nueva política comercial. F) Invertir mucho más en innovación, investigación y competitividad. G) Un nuevo modelo de ahorro e inversión.

III. El impulso y renacimiento del humanismo europeo

El ser humano lo es todo; la ciencia y la tecnología asistencia, bajo su control y moderación.

Esta es la parte más grata de resaltar del imponente discurso del presidente Enmanuel Macron en la Sorbona de París. Es la que más me conmovió porque es donde, por contraste, resalta más la pobreza cultural –lo digo con pesar– de la mayor parte de nuestro continente. La carencia de creatividad y a la vez la ausencia de búsqueda, y las preferencias por los dogmas y los extravíos, el tiempo perdido, los retrocesos y los avances temporales, entre miseria económica y barbarie política, entre prosperidad contenida y libertad mediatizada. A veces tengo la sensación de que viviéramos en un limbo histórico, que nunca nos permitirá alcanzar la auténtica libertad y el paraíso que alguna vez perdimos.

Siento que sus palabras retumban en mis oídos, como la Marsellesa, cuando afirma: Si queremos proteger nuestras fronteras, si queremos ser un continente fuerte que produce y crea es porque no somos como los demás. Camus tenía una magnifica frase en Carta a un amigo alemán: Nuestra Europa es una aventura común que seguimos haciendo a pesar de ustedes en el viento de la inteligencia. Eso es, dice el líder francés, una aventura que seguimos enriqueciendo, a pesar de todos los que dudan, en el viento de la inteligencia. Eso significa que ser europeo significa defender una determinada idea del ser humano que sitúa al individuo libre, racional e ilustrado por encima de todo, desde el Renacimiento hasta la Ilustración, pasando por el fin de los totalitarismos. Esto es lo que es Europa.

Y continúa: No es una elección ingenua que consiste en delegar nuestra vida en grandes actores industriales porque son demasiado fuertes. Es una opción que se niega a delegar nuestras vidas en los poderosos controles del Estado, que no respeta la libertad del individuo racional. Es una confianza en el individuo libre, dotado de razón. Es una plena confianza en el conocimiento, la libertad y la cultura. Es una tensión constante entre tradición, permanencia y modernidad.

Una libertad ganada

Para todos nosotros los franceses, la regla rectora de nuestra época es ser fieles a Francia. Charles de Gaulle.

La libertad –dice Macron– ha sido conquistada en todas las partes de este continente, a fuerza de lucha, incluso hasta principios de este siglo. Por eso debemos seguir defendiendo la democracia y lo que constituye el Estado de derecho: la separación de poderes, el derecho de oposición y de las minorías, una justicia independiente, una prensa libre, y universidades autónomas y con libertad académica. Por esa razón, tenemos que combatir las injerencias y la propaganda en periodos electorales que amenazan la estabilidad democrática y estimulan el autoritarismo.

Defender el humanismo europeo significa considerar que más allá de nuestras instituciones, más allá de esta democracia liberal que debemos defender y reforzar, está la forja de ciudadanos a través del conocimiento, la cultura, y la ciencia; eso es lo que está en juego. En momentos en el que el escepticismo y la duda sobre la autoridad de la ciencia y la palabra científica está resurgiendo, los europeos tenemos la responsabilidad de defenderla, de enseñarla de compartirla.

Hoy estamos aquí –sentencia Macron en su bien hilvanado discurso–, pero no podemos olvidar que nuestra vida cotidiana transcurre en otro espacio, y aún más la de nuestros hijos y nuestros adolescentes, en el espacio digital, y los europeos no lo controlamos. En ese espacio no producimos suficientes contenidos y ya ni siquiera determinamos las reglas. Estamos frente a un cambio profundo, antropológico y civilizatorio.

La transición digital

Las enfermedades neurológicas como la depresión, el trastorno por déficit de atención (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (DBP), y el síndrome de agotamiento marcan el paisaje de las patologías del siglo XXI. Byung-Chul Han

Cuando los niños hoy pasan horas delante de las pantallas; cuando los adolescentes se abren a la cultura, a la intimidad, a la vida afectiva, a través de esas imágenes y de los contenidos a los que pueden estar expuestos; cuando el debate político democrático se estructura en ese espacio, ese espacio digital que habitamos más tiempo en nuestras vidas, no podemos delegarlo en otros. Simplemente NO.

Por eso digo deliberadamente –continúa–, que se trata de una batalla cultural y civilizatoria. Porque aquí es donde entra en juego nuestra democracia, porque es aquí donde se forma nuestra opinión pública. La capacidad de crear un orden público democrático y digital, es una cuestión de supervivencia para nosotros los europeos, si queremos salvar y seguir enseñando nuestro humanismo.

Porque no podemos elegir –enfatiza– entre los dos modelos que elaboran la mayor parte de los contenidos. El modelo anglosajón, que de hecho opta por delegar este espacio vital para la salud mental y física a las decisiones privadas: vamos a evolucionar, pero confiamos en estas grandes empresas con redes sociales y plataformas; tienen algoritmos donde todo parece muy complicado, aunque para nosotros consumidores es grato, nos parece eficiente. Sin embargo, es una decisión que pone al ciudadano en inferioridad de condiciones frente a los consumidores. Por otro lado, está la otra opción, la del control, que es decir, ante este desorden, esta anomia, entonces, el Estado controla todo como en China, y también en una serie de países autoritarios que avanzan hacia ese modelo, donde la opinión del individuo no cuenta.

El modelo europeo para administrar los espacios digitales

En la era digital, la historia de la violencia culmina en la fusión de víctima y perpetrador, de amo y esclavo, de libertad y violencia. Byung-Chul Han

El modelo humanista es el que Europa debe desarrollar. Es un modelo que crea un orden democrático, transparente, justo, en el que se debaten las reglas y las elegimos. Por eso quiero defender –dice– una Europa de mayoría digital a los 15 años.

Inmediatamente pasa a explicar sus razones que, en mi opinión, poseen una gran calidad humana argumentativa: antes de los 15 debe de haber un control de los padres sobre el espacio digital, porque si no controlamos los contenidos, este acceso se convierte en todo tipo de riesgo y distorsiones de la mente, lo que justifica todo tipo de odios. Tenemos que hacerlo como hacemos con nuestros hijos; digo esto con mucho sentido común. Nadie en su sano juicio manda a sus hijos solos a la selva a los 5, 10 ó 12 años. Por el contrario, los protegemos en el seno de la familia, los acompañamos a las puertas de la escuela y se los entregamos a personas de confianza que los educan. Luego, organizamos actividades, cuando podemos, para que aprendan más y se emancipen. 

Hoy, durante varias horas al día, abrimos las puertas de la jungla y una misma persona puede ser presa de ciber acoso, puede ser espectador de contenidos pornográficos y víctima de pedofilia. En eso consiste este espacio, porque no está controlado y tampoco moderado. Así que tenemos que recuperar el control de la vida de nuestros niños y adolescentes en Europa e imponer la mayoría digital a los 15 años, no antes, y exigir a las plataformas que moderen o cierren determinados sitios.

Después debemos, con mucha más fuerza, recivilizar el espacio digital. Para evitar el discurso de violencia, de racismo, de antisemitismo y de odio. Y después con la misma fuerza, llegar a prohibirlo, ya que es en el espacio digital donde la presunción de anonimato favorece más la desinhibición del odio. Esta es una batalla esencial por la civilización y por la democracia.

Aquí mismo en la Sorbona, Ernest Renan se preguntaba qué era una nación. Y ha llegado el momento de que Europa se pregunte en qué pretende convertirse. Para mí, hablar de Europa es siempre hablar de Francia. Pero, como se habrán dado cuenta, este es un momento decisivo. Nuestra Europa puede morir, como he dicho al principio citando a Valéry, y podría morir por una de esas artimañas de la historia.

Se trata de asumir nuevos paradigmas para salvarla. Así que, lo sé, después de Voltaire, es difícil rescatar el optimismo, incluso puede ser una cuestión de credibilidad para algunos, lo sé. Pero es una forma de optimismo, de voluntad.

Sí, creo que podemos recuperar el control de nuestras vidas, de nuestro destino, a través del poder, la prosperidad y el humanismo de nuestra amada Europa. Y en un momento en que los tiempos son inciertos, citando a Hannah Arendt en La condición humana, la mejor manera de conocer el futuro es hacer promesas que puedas cumplir.

Pues bien –finaliza– lo que yo propongo es que gracias a nuestra lucidez, hagamos estas grandes promesas para Europa en la próxima década y luchemos arduamente para cumplirlas; entonces, tendremos oportunidad de conocer el futuro.

¡Viva Europa! ¡Viva la República y viva Francia!

Conclusiones

Quien lea con atención el discurso del presidente Enmanuel Macron se dará cuenta de que expresa de manera fervorosa un despertar, un renacer de Europa, de su liderazgo y una toma de conciencia de que el mundo ha cambiado radicalmente desde 1989 con la caída del muro de Berlín, con la implantación universal de Internet, el inicio de la revolución tecnológica y el triunfo de la globalización.

Pero lanza advertencias muy claras también sobre la insurgencia de los nacionalismos, el dominio tecnológico sobre el desarrollo humano, la primacía de crecimiento económico en detrimento del ambiente y especialmente, la preparación militar para una guerra de vastas dimensiones en ciernes. 

El mundo de hoy vive desconcertado y sometido a tensiones, la mayoría artificiales, otras muy reales que en algún momento pueden transformarse en una gran tragedia para la continuidad de la civilización. Por eso es tan importante recordar al general Charles de Gaulle, si es que de algo sirve hoy el pensamiento de uno de los grandes héroes de la Segunda Guerra Mundial:

La guerra agita en los corazones de los hombres el barro de sus peores instintos. Le da mayor importancia a la violencia, alimenta el odio y da rienda suelta a la codicia. Aplasta a los débiles, exalta a los indignos y refuerza la tiranía… Una y otra vez ha destruido toda vida ordenada, la esperanza, y ha matado a los profetas.