El arribo de la Administración Trump presagia cambios en la línea política del imperio norteamericano con Venezuela. Pero, ¿habrá cambios o será pura retórica?
Hasta la fecha tenemos pocos indicios de la posible nueva dirección. Pero a continuación consideremos lo que ha asomado el próximo presidente:
En primer lugar, está la declaración de Trump, producida el 16 de diciembre 2024, en la que dijo que: “No tenemos por qué comprar energía a Venezuela cuando tenemos 50 veces más que ellos”, posición que no está en contradicción con lo que afirmó el 10 de junio de 2023 en un mitin en Carolina del Norte, donde además de enfatizar en que no compraría petróleo a Venezuela remató con: “no queremos hacer rico al dictador”. Esta declaración lleva implícita una convicción y es que USA tiene resuelto el problema energético, por lo tanto, no necesita a Venezuela como proveedor situado en la cercana América Latina, para hacerle frente a un potencial desabastecimiento petrolero, que dispararía los precios del crudo y la inflación en el país del norte, que ya tiene una situación crítica.
Sin embargo, más allá de la retórica dirigida al público cubano-nicaragüense-venezolano residente en Estados Unidos, debemos ir al fondo de tal declaración, revisando información de la reserva petrolera norteamericana.
La Reserva Estratégica Petrolera (REP) de USA tiene una capacidad de 727 millones de barriles de petróleo, de los cuales, mantiene 378 millones de barriles. Para mediados del 2023 la REP había caído a los niveles más bajos en los últimos 40 años, con reservas de 346 millones de b/d, comienzan lentamente a recuperarlas. Las Reservas Estratégicas son las que permiten al gobierno, mediante su venta, influenciar a la baja los precios del mercado para combatir la inflación y sus consecuencias políticas. Esta realidad pone de manifiesto que si necesitan nuevas fuentes proveedoras.

Por otra parte, se mantiene la situación híper conflictiva del Medio Oriente, pese a la nueva cercanía de la Administración Trump con Arabia Saudita, que presagia nubarrones en el abastecimiento. No solo eso, sino que el conflicto de Rusia (país petrolero y gasifico) con Ucrania también apunta a la reducción de la oferta mundial.
Por nuestra parte, Venezuela está incrementando rápidamente su producción petrolera, al margen de la retórica, aun cuando en la actualidad USA recibe relativamente poco petróleo de nuestro país, alcanzando unos 222.000 b/d durante 2024, que envía la Chevron para cobrar lo que se le adeuda. El 65% de las exportaciones venezolanas, que alcanzaron un máximo de 960.000 b/d en noviembre 2024, van a la China y el resto a Europa (ENI, Repsol y Maurel & Prom) con 75.000 b/d, la India y Cuba donde cayeron a la mitad respecto al año anterior con 32.000 b/d.
Un segundo elemento en la nueva línea política norteamericana, lo representa el nombramiento del senador cubano americano Marco Rubio (Little Marco, como lo llamó Trump) a Secretario del Departamento de Estado. Rubio ha desarrollado toda su carrera política en el sur de la Florida, encarnando una actitud dura contra el régimen cubano. Esa dureza puede resumirse en dos aspectos; no negociar y pedir más sanciones. La anterior designación está acompañada por el nombramiento de Benjamín León Jr., otro cubano norteamericano anticastrista, a la embajada española.
Un cambio de política que reflejaría la propia línea dura con Venezuela, seria cancelar las negociaciones con el régimen y suspender las licencias otorgadas a la Chevron, ENI, Repsol, y las operadoras Schumberger, Halliburton, Baker Hughes, Weatherford International, que trabajan con bajo perfil. Con esa medida la exportación petrolera, que hoy alcanza a un millón de barriles diarios, caería a cero. Esto pondría en ascuas al régimen, pero también provocaría una hambruna en la población y un nuevo mega flujo de emigrantes.
¿La retórica endurecida enfrentará a Trump con los intereses de la industria petrolera? Veremos.
Gerardo Lucas. Economista/Historiador. Https//[email protected]
