Dada la cercanía y estrechas relaciones del régimen con la potencia asiática, cabría preguntarse en las circunstancias actuales, si es un exabrupto sostener que Venezuela es una colonia china. En cualquier caso, es una interesante proposición si tomamos en cuenta una serie de elementos en el ámbito político y económico que apuntan en esa dirección.
El término “colonia” se usa a partir del siglo XVI, se aplica a los territorios conquistados por las potencias europeas y puestos bajo su dominación, estos incluyen a África, América y Asia.
En los años 60 y 70 del pasado siglo, se puso muy en boga en Suramérica, dentro del concepto moderno del colonialismo, la teoría de la dependencia, la misma, fue impulsada por pensadores brasileños como Celso Furtado, el chileno Enzo Falleto, el alemán André Gunder Frank, y los venezolanos Héctor Silva Michelena y Armando Córdova (UCV).
En ella se sostiene, que la organización del mundo es dual, países del centro y países de la periferia, y que los últimos están sujetos a “términos de intercambio comercial desfavorables” donde la exportación de sus materias primas sufre un deterioro crónico de su valor frente a la importación de bienes terminados (equipos y maquinarias) provenientes de los países industrializados que, en tanto, fortalecen sus precios.
Este pensamiento también tuvo su auge en Venezuela a mediados del siglo pasado, pero el problema es mucho más complejo, y lo traemos al presente a fin de que nuestros lectores se familiaricen con esta interpretación de la relación entre los países desarrollados y subdesarrollados.
Desde el punto de vista de la teoría de la neo dependencia y de los términos desfavorables del intercambio, a la relación con China -hoy en día país central- con Venezuela, país periférico, le cabría la comparación porque nosotros como país periférico exportamos petróleo crudo (sin refinar), y recibimos del socio asiático productos terminados donde se empleó una mayor fuerza de trabajo y capital incorporado, lo que suele llamarse como valor agregado.
Dentro del contexto económico, la interdependencia debe ser medida por el volumen de los flujos comerciales en el comercio exterior y los flujos financieros, como las inversiones extranjeras, que, en el caso de Venezuela, son muy escasas o prácticamente inexistentes. En este ámbito, China tiene total preponderancia. En efecto, de las exportaciones de petróleo del 2024 la República China recibió dos terceras partes del total, mientras que la importación de los productos terminados representó un tercio del total, convirtiéndolo en nuestro principal socio comercial.
Desde el punto de vista político, después del público y notorio fracaso electoral y consiguiente pérdida de legitimidad, solo le quedan al régimen, entre los países del centro que aun abiertamente lo reconocen, Rusia y China. Por su parte, Rusia está debilitada, asunto evidente, por la pérdida de su protectorado Siria. Mientras que China se consolida mundialmente como la segunda potencia, y en cuanto a su relación con nosotros, el portavoz chino de Relaciones Exteriores Lin Jian ha manifestado en varias ocasiones que “China y Venezuela son amigos y socios que se apoyan mutuamente”.
Si nos paseamos por la historia y la teoría económica, cuando hablamos de colonia, imperialismo y dependencia, debemos recordar que el territorio venezolano ha pasado por varias etapas de dependencia. De España, durante la conquista y colonización; a partir de 1830, durante la República, de la influencia inglesa y al final del siglo, culturalmente, la española así como la francesa; y la norteamericana desde el advenimiento del petróleo, y, con el Socialismo del siglo XXI, de Cuba, China, Rusia, Irán, así como de Turquía en proporciones nunca claras y siempre variantes.
Gerardo Lucas. htpps://[email protected]
