Vivimos días complicados producto del robo del que hemos sido víctimas más de 7.303.480 venezolanos, pero peor aún, a las puertas de normalizar el robo, limpiar la cara a los ladrones y darles un pseudo estatus legal el cual carecen.
Cuando todavía se transita la senda del limbo post electoral de julio de 2024, el debate no debe caer en una discusión estéril inducida por quienes ostentan el poder y sus socios dentro de la oposición, con palabras como “abstención” o frases como “llamado a no participar”, ese no debe ser el debate, sino la búsqueda de mecanismos desde el liderazgo político, gremios y todos los sectores del país para que la voluntad expresada el 28 de julio por esos 7.303.480 venezolanos se haga respetar, se concrete y derive en un llamado constitucional para las elecciones, en un contexto y condiciones distintas, pero lo más importante, legales. Lo demás es seguir el juego a quiénes se burlaron del pueblo venezolano, una vez más.
Repito, acá el llamado no es a “no participar”, o “abstenerse”, es a cobrar lo que se logró, luego ir a todos los procesos electorales en el orden correcto; es como querer casarte primero y luego ser novios, ¡Absurdo!
Es una vergüenza entendible medianamente viniendo de quienes ostentan el poder, pero imperdonable de muchos en esa dirigencia que se hace llamar opositora y que, por unos cuantos cobres y cargos sin sustancia para cambiar ninguna realidad, muestran sus verdaderos intereses que no son evidentemente ni los de usted que me lee, ni los de este servidor.
Le siguen el juego a quiénes en su afán por pasar la página de la dura derrota del #28J se dedicaron a diseñar unos comicios, como siempre, a su medida, con sus reglas, obligando a quiénes deseen participar a reconocer como ganador al derrotado y de paso legitimar al CNE, pese a que luego de más de siete meses no ha sido capaz de mostrar una sola acta o número con base que sustente la juramentación del 10 de enero y aún más grave, sin ellos tener ninguna legitimidad para convocar dichos comicios, si nos ceñimos a lo que dice el artículo 138 de la constitución: “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”.
Ciertamente no es que la constitución se respete mucho en el país desde 2008, pero siguiendo la línea de participación que asumió la oposición y al hacerlo, en el marco de la constitución, debemos dejar claro que carecen de la potestad legal de llamar a elecciones y al hacerlo de esta manera lo convierten en un acto sin legitimidad y mucho menos entendiendo que no se han cumplido con los procesos mínimos legales para cerrar el acto de la elección presidencial del 28 de julio por parte del CNE, sin la publicación de resultados y sin garantías electorales en el país, a merced, según repiten algunos de una “buena voluntad” oficialista que estaría dispuesta, según su argumento absurdo, de permitir la victoria de opositores para, supuestamente, limpiar su imagen. ¡Descabellado, luego de lo vivido recientemente! Sin asco, como suelen decir coloquialmente, se robaron unas elecciones.
¿Cómo se puede hablar de ir a una elección en este contexto? Estamos a las puertas de un acto amoral, ilegal y sin ningún fundamento que únicamente beneficia a unos pocos y que abrirá la puerta a un devenir caótico para el país, secundado por “algunos” quiénes haciendo llamarse “opositores” y “demócratas” buscan seguirle el guión ilegal a quiénes secuestraron el poder en Venezuela, haciendo caso omiso de todas las irregularidades mencionadas, dilapidando la oportunidad de lograr concretar nuestra única arma, nuestra verdadera victoria y el primero y único paso para evitar lo que traman desde el poder, cuando estamos a las puertas del fulano Estado Comunal, el cual irrespeta la descentralización, junto a los protectorados regionales impulsados por los ilegales inquilinos de Miraflores.
Esos “algunos”, por sus intereses individuales y partidistas no les importa que no se esté preparando una elección, sino un bodrio que a todas luces no es más que un intento desesperado por teñir de rojo un mapa azul producto del hastío de millones de venezolanos. Los “algunos” que dicen ser opositores buscan mostrarse preocupados, trabajando por una futura e hipotética juramentación del legítimo presidente electo, para no permitir, según dicen ellos, que al hacerlo encuentre un escenario desfavorable con una mayoría de gobernaciones, alcaldías y diputaciones en manos del oficialismo por culpa de «la no participación» en la ilegal elección que se está fraguando… ¡Son unos santos, mártires de la democracia! ¡Sí, Luís!
La verdad es que muchos de los dirigentes, realmente, esperan que ese acto no suceda para no perjudicar sus intereses, por revanchismo (ni María Corina ni Edmundo los tomaron en cuenta, o en su proyecto no tenían cabida por diferencias políticas y económicas irreconciliables) y una falta de amor por Venezuela que raya en el mismo desprecio por el país. Prefieren que sigamos en revolución, a que se concrete el cambio que logramos ya y añora y necesita con desesperación el país. Su bolsillo es más importante.
Repiten la misma verborrea cansina de “en 2005 perdimos la asamblea por no participar”, o “no podemos perder espacios y hay que participar, porque los demócratas siempre participan”. Cada momento histórico es distinto, e insisto, acá el llamado no es a “no participar”, o “a la abstención”, el llamado de todo venezolano comprometido con el cambio, con su país debe ser a luchar, unificar, presionar y concretar la victoria para entonces sí realizar unos comicios históricos en noviembre. Si somos puristas de la ley electoral, las elecciones deberían realizarse en noviembre de este año, ya que las últimas se realizaron el 21 de noviembre de 2021. ¡Estamos a tiempo!
Ir a unas elecciones sin concretar el resultado del 28 de julio, con el ventajismo desatado de quiénes ostentan el poder, lo más probable sin suficientes testigos de la oposición, sin el compromiso de la defensa del voto y unas autoridades que no permitirán se repita el fenómeno de las actas en manos opositoras, seguramente con una abstención que superaría la de 2018 la cual fue del 68% del padrón electoral y la del 2021 del 54,74 % (imaginen la de este año), con un CNE claramente parcializado por ser un órgano oficialista es una muestra de ignorancia, una inmensa señal de egoísmo y de falta de empatía ante la crisis que vive el venezolano y que en poco o nada cambiará con estas elecciones.
Cobremos, concretemos y luego sí votemos; dejar perder lo logrado el #28J es una soberana traición al país y a la voluntad de los más de 7.303.480 venezolanos que ejercieron el voto.
