
En momentos en que Colombia sufre un grave deterioro del orden público, con ataques terroristas en las ciudades, como los que sufrieron Cúcuta y Popayán esta semana, el presidente Gustavo Petro tomó una sorpresiva y polémica decisión: nombrar al general ya retirado Pedro Sánchez como ministro de Defensa. La llegada del exoficial rompe una tradición vigente desde la Constitución de 1991 de tener a un ministro civil con el fin de evitar la politización de las tropas.
Por SEMANA
Pero no solo eso. En las fuerzas hay un intangible que se llama el “honor militar”, el mismo que algunos sienten lesionado con la apuesta de Petro, pues el nuevo ministro de Defensa, aunque ya viste de civil, tenía un grado de menor jerarquía frente a otros 29 generales de mayor rango a los que a partir de ahora les tendrá que dar órdenes precisas para combatir la creciente criminalidad y recuperar el terreno perdido durante la cuestionada gestión del saliente ministro Iván Velásquez. Este asunto inédito no es de poca monta, dada la naturaleza y la organización estricta y vertical de las Fuerzas Militares.
A todo esto se le suma un tercer elemento que abre grandes interrogantes y tiene que ver con la capacidad ejecutiva que deberá demostrar el nuevo ministro al frente del sector Defensa, con un presupuesto de 24,8 billones de pesos para 2025, superior al de ciudades y países de la región. “Ese ministerio es un monstruo que requiere de mucha planificación”, le dijo a SEMANA un expresidente de la república.
Por si fuera poco, al general (r) Sánchez le tocará enfrentar al Congreso cada vez que sea citado a un debate de control político o a una moción de censura, con unas bancadas cada vez más críticas frente a la Casa de Nariño. Para el entrante funcionario, esa será una verdadera prueba de fuego, dado que, por tradición, los militares en Colombia no han sido deliberantes y tienen poco margen de maniobra política. “Ahí está una gran duda”, sostuvo un general (r) de la Policía. “Imagínese usted cuál sería la estrategia o actuación de un militar en el rol de ministro de Defensa, ¿negociar con políticos? Para eso no estamos hechos”, agregó un militar de mayor antigüedad que el ministro Sánchez.
Petro se la jugó por un oficial que no le era ajeno, dado que desde enero venía de liderar la seguridad de la Casa de Nariño tras la salida del polémico coronel Carlos Feria. Es decir, Sánchez se ganó la confianza plena del mandatario y le venía hablando al oído. Él, desde la jefatura de protección, tenía a su cargo la seguridad de Petro, la primera dama Verónica Alcocer y la familia presidencial.

El nuevo ministro, de hecho, le relató a SEMANA los detalles de cómo se cocinó su nombramiento en las últimas horas. “Hace pocos días, el señor presidente me preguntó por el contexto del país, qué pensaba respecto a la seguridad nacional y otros temas. Le di mi perspectiva y después de ello me dijo: ‘Piénselo, no tiene que dar la respuesta ahora, pero me gustaría que fuera el ministro de Defensa’. Eso impactó en mi ser, porque no esperaba que me dieran esa noticia; primero, que no se la dieran a un militar activo, y segundo, que me la dieran a mí”.
Aunque Petro había pensado en un momento en dar continuidad a la costumbre de tener a un ministro civil en la cartera de Defensa, al final dio un timonazo y puso al frente a un general (r) con fama de tropero y un carácter distinto al de Velásquez, al que le cuestionaron su falta de ascendencia y liderazgo frente a las fuerzas. El país entero conoció al general (r) Sánchez el 9 de junio de 2023, luego del milagroso rescate de cuatro niños indígenas perdidos en el Amazonas, tras accidentarse en la avioneta en la que se movilizaban. La llamada Operación Esperanza, que le dio la vuelta al mundo, fue liderada por el hoy ministro de Defensa, que dejó atrás una carrera de 35 años en la Fuerza Aérea. Sánchez fue comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales de las Fuerzas Militares y acumuló más de 6.800 horas como piloto en aeronaves de ala rotatoria.
SEMANA habló con decenas de miembros de la fuerza pública, activos y retirados, con exministros de Defensa, y las críticas son constantes. El nuevo funcionario, por ejemplo, atendió la primera inducción a su cargo este jueves sin la presencia de su principal aliado: la cúpula militar. Los altos mandos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aeroespacial no solo no estuvieron en su reunión de empalme con Velásquez, sino que tampoco lo acompañaron en su presentación ante el país como futuro jefe de la cartera. Oficiales de las Fuerzas Militares relataron a SEMANA que la inasistencia podría ser “un mensaje” por el inesperado ascenso del general o un encuentro privado entre funcionarios públicos que no incluyó a la espina dorsal de la entidad.
Un general activo de la institución, que pidió omitir su nombre, reconoció que en las altas esferas de la fuerza pública hay malestar porque “nunca nadie nos había metido la mano de esta manera”. A su juicio, ningún presidente de la república se había atrevido a romper la cultura militar en semejantes niveles: “Al ser un general de menor antigüedad, cuatro años por debajo del actual comandante general de las Fuerzas Militares, es complejo. Es decisión del presidente, es su potestad, pero a qué precio, afecta a toda una institución”.
Uno de los altos oficiales que trabajó hasta diciembre de 2024 con el presidente Petro aseguró que detrás de la escalada del general Sánchez habría un mensaje oculto para los comandantes: “No confío en ustedes, ustedes no fueron capaces, entonces voy a nombrarles a un subalterno que sí ha demostrado ser más duro que ustedes”.
Él no solo cree que sea desproporcionada la determinación del primer mandatario, también la decisión que tomó el nuevo ministro: “Nosotros hacemos un juramento: ‘Juro lealtad a mis superiores y compañeros’. Nosotros respetamos la antigüedad en las Fuerzas Militares. Uno no puede pasar por encima de la institución por intereses personales. Él no debió aceptar la propuesta”.
Las dos fuentes concluyeron que, si el Gobierno pretendía seleccionar al ministro de Defensa del cuerpo de oficiales, debía tener en cuenta el honor militar y el primer lugar lo ocupaba el almirante Francisco Cubides. El pronóstico de ambos generales, uno activo y otro recién retirado, es que hay probabilidades de un revolcón en la cúpula que no le haría bien al país: “Los superiores de Sánchez quedan en una situación de honor y tendrían que retirarse, pero eso no le sirve a la institución. Es un dardo directo al corazón lo que hizo el presidente sin disparar un cartucho”.
Lea más en SEMANA
