Gerardo Lucas: Trump, proteccionista - LaPatilla.com

Gerardo Lucas: Trump, proteccionista

Una de las características más notorias del ejercicio del gobierno de Trump ha sido la implantación de una agresiva política proteccionista. 

La motivación cae tanto en el campo de la política interna norteamericana como de la economía. Él ha captado como seguidores a un grupo conservador republicano, la derecha nacionalista, bajo el eslogan “America First”. Esta consigna en su manifestación económica promueve una política proteccionista, necesariamente nacionalista y aislacionista.

Las acciones de Trump procuran cerrar el déficit comercial norteamericano, que se viene agravando desde el 2010, a partir de medidas proteccionistas como el alza de los aranceles, y no a través de disposiciones que aumenten la productividad y la competencia de las empresas norteamericanas.





 

Esta doctrina no es novedosa, basta con revisar la historia, el proteccionismo tuvo su auge en los años treinta del siglo XX una vez que Alemania, bajo Adolf Hitler, reconquistó el Ruhr, zona del hierro y acero, y puso en práctica esta política para permitir el aumento acelerado de la producción industrial de bienes de consumo y para la guerra. Al protegerse Alemania, los otros países respondieron con iguales políticas, incluso Estados Unidos. El proteccionismo se puso en boga, enfrentado a las ideas liberales de la economía de mercado que propugnaba la competencia internacional. En América Latina, la repuesta fue la implantación de esta doctrina, luego llamada Cepalina (CEPAL), y en Venezuela, a partir de 1937 durante el gobierno de Eleazar López Contreras, (Gerardo Lucas, Industrialización Contemporánea de Venezuela (1937-2000). Ediciones UCAB, 2006) manteniéndose hasta 1998, con la apertura económica de Carlos Andrés Pérez II.

Luego de la II Guerra Mundial las limitaciones de esta política se hacen evidentes al no poder crecer la producción nacional por estar restringida solamente a los mercados locales. De esta forma, vuelve a imperar la ideología liberal que propone aranceles bajos, aunque se aplica preferentemente en acuerdos regionales como el Mercado Único Europeo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Mercosur, ALALC, Grupo Andino, etc.

El CATO Institute, el think tank norteamericano, defensor acérrimo del liberalismo, critica las medidas proteccionistas de Trump, diciendo que tradicionalmente son implementadas tanto por gobiernos socialistas como por gobiernos de la extrema derecha. Después de calcular los costos al consumidor de las tarifas propuestas, sentencia: “Si Trump quiere revitalizar la manufactura estadounidense, esta es la vía equivocada”. 

La reacción inmediata al anuncio de las medidas condujo, como era de esperarse, al repudio por parte de sus aliados, particularmente en el caso de Canadá y México, unidos en el Tratado Norte y Europa, lo cual los obligaría a plantearse medidas compensatorias. Esta acción aísla política y comercialmente a USA de sus principales aliados de occidente, además lo conduce, inevitablemente, a una pérdida de liderazgo a nivel mundial. 

Lo curioso es que acuda al proteccionismo la potencia mundial más importante en el campo de las exportaciones de bienes y servicios, cuando su interés principal debería ser el de mantener abierto los mercados donde colocarlos, como lo ha sido hasta hace poco la acción de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en su cruzada liberadora de aranceles.

Los nuevos aranceles van dirigidos en varias direcciones. Trump amenazó con un aumento del 20% sobre las tarifas de entrada de productos de Canadá y México, y un adicional 10% sobre los productos provenientes de China. También anunció que se estudia un sistema de tarifas recíprocas, es decir que esta se le impondrá a cada país de acuerdo a los tasas de aranceles que cada uno aplica a USA, más el costo de otros cobros parafiscales. 

En consecuencia, sus aliados en el Tratado Norte, Canadá y México, inmediatamente contestaron que aplicaría tarifas retaliatorias. La medida además, en particular con Canadá, su más cercano asociado, creó una ola antinorteamericana que afectará, no solo el consumo de productos norteamericanos en el país, sino que provocará una redirección de las alianzas internacionales de Canadá. Con Europa sucedió lo mismo, anunciaron retaliaciones, pero su repuesta fue más moderada.

La política económica internacional de Trump busca reducir violentamente el déficit comercial de su país, y tendrá un buen número de consecuencias inesperadas, además del alza de la espiral inflacionaria. Las medidas no se pueden explicar en términos de la teoría económica, tal como afirma el Instituto CATO, ni en términos de las relaciones internacionales al confrontar a sus principales aliados en occidente. Su explicación solo puede darse en el limitado contexto de la ideología nacionalista, aislacionista, proteccionista y antiinmigración que sostiene el núcleo de la población que conforma la plataforma política que lo sustenta.

Gerardo Lucas. Economista e Historiador. [email protected]