
Francia nos sigue sorprendiendo. Después del mediático y perverso caso de Dominique Pelicot en 2024, ahora otro francés va a juicio. Si fuera posible establecer una escala del horror, los crímenes de este hombre serían todavía peores. Recordemos que Pelicot fue juzgado y condenado en 2024, junto a decenas de otros sujetos, por sedación seguida de violación de su propia esposa Gisèle en unas 200 oportunidades a lo largo de una década. Hoy el que llega a juicio es un médico cirujano que en sus agresiones sexuales contra menores de edad utilizó un modo de sometimiento similar. Las víctimas contabilizadas son 299, en promedio tenían 11 años, y fueron dormidas químicamente por el abusador.
Por infobae.com
Los hechos que se juzgan sucedieron entre 1989 y 2014, pero en realidad ese hombre actuó de la misma manera desde 1980 hasta 2017. El megaproceso contra quien fuera un profesional respetado, comienza este lunes y conmoverá los cimientos de la sociedad francesa. Y, por qué no, del mundo.
Médico respetado
Pedofilia y pederastia suenan como lo que son: palabras sucias. Asquerosas. Que estremecen. Y sobre esto trata el nuevo juicio en Vannes, Francia, contra el médico Joël Le Scouarnec (74). Será el monstruo sobre el que pivotarán las declaraciones de cientos de víctimas, hoy ya adultas. El proceso se prolongará hasta el mes de junio. La fiscalía al mando de Stéphane Kellenberger, tiene entre sus manos una ardua investigación que acumuló un voluminoso expediente. Aunque lo cierto es que Le Scouarnec ya está preso desde 2017 cumpliendo una condena previa por el abuso de otras cuatro menores. Pero vayamos en orden cronológico y antes hablemos sobre quién es el acusado.
Joël Le Scouarnec nació el 3 de diciembre de 1950 en París, dentro de una familia modesta, de clase media. Hizo la facultad en la capital francesa y, luego, entre 1976 y 1981, realizó sus prácticas en el Hospital Universitario de Nantes. En 1974 se casó con Marie France, una auxiliar de enfermería, con quien tuvo a sus tres hijos. Amante de la literatura y fanático de la ópera se convirtió durante los años siguientes en un respetado profesional especializado en cirugía digestiva y abdominal. El éxito profesional trajo aparejado dinero y así fue que la familia consiguió comprar una casona impactante en el centro del país.
Durante tres décadas el médico giró por distintos puestos en las localidades de Loches, Vannes, Lorient, Quimperlé y Jonzac y, también, reemplazó a sus colegas temporalmente en otros sitios como Ancenis y Flers. En hospitales, tanto públicos como privados, el cirujano logró sortear siempre la mirada del resto sobre su conducta. Lo que hacía no fue notado por nadie de su entorno médico.
Las primeras alertas registradas sonaron en 2004 cuando el FBI de los Estados Unidos llamó a las autoridades francesas. Querían informarles que un ciudadano llamado Joël Le Scouarnec había comprado con su tarjeta de crédito pornografía infantil en la Deep web, en un sitio ruso con sede en Norteamérica. Los agentes galos se dispusieron a seguir al profesional para constatar que no era un error. A partir de eso, el médico fue interrogado y llevado a juicio por posesión de pornografía infantil en 2005.
El caso tuvo poca repercusión mediática. Le Scouarnec terminó condenado a cuatro meses de prisión y a pagar 20 mil euros. Pero no fue obligado a hacer tratamiento psicológico ni se informó del asunto a los colegios médicos. Joël Le Scouarnec siguió ejerciendo la profesión de cirujano con su matrícula intachable y sin ningún impedimento. Así fue que el hombre que veía pornografía infantil continuó rodeado de niños indefensos. Imperdonable error. Porque la personalidad oscura del médico iba muchísimo más lejos que su perturbadora inclinación a introducirse en las redes subterráneas ilegales y sin moral de Internet.
Cuerpos dormidos, hechos insoportables
Esa primera condena por posesión de pornografía infantil hizo que su esposa, convenientemente, se distanciara de él. Lo abandonó, pero a medias. Porque no pidió el divorcio. De hecho, ya veremos más adelante, hacía tiempo que conocía de las tendencias pederastas de su esposo.
Tras esos cuatro meses que pasó recluido en prisión, el médico volvió al Hospital de Quimperlé para seguir trabajando con chicos y abusándolos durante años sin que nadie se percatara de su accionar. Al volver a su trabajo escribió en su diario personal: “Lo encontré completamente solo y no dudé en bajarle la ropa interior”. El cirujano, en la mayoría de los casos, sedaba o dormía a sus víctimas y, una vez que ellas estaban bajo los efectos de la anestesia, perpetraba los abusos y las violaciones. Los pequeños no eran conscientes de lo que les pasaba a sus cuerpos dormidos. Tampoco sus padres.
En el año 2006 hubo un colega de Le Scouarnec que desconfió. Fue el psiquiatra Thierry Bonvaló, quien había leído algo en la prensa sobre él y sospechó. Decidió que el tema era lo suficientemente grave como para alertar a las autoridades médicas sobre el potencial peligro de tener a este sujeto en el staff. Se dirigió al colegio médico de Finistere y solicitó que tomaran medidas preventivas. Nadie lo escuchó y no se hizo nada para mantenerlo alejado de los chicos.
La pequeña que habló
En 2008 Le Scouarnec llegó a la población de Jonzac donde continuó con sus prácticas ocultas y siniestras. Fue recién en abril de 2017 que sobrevino el fin del espanto gracias a una menor a quien abusó despierta. Le Scouarnec tenía 66 años cuando la hija de 6 años de sus vecinos en Jonzac, Laura Temperault y Jerome Loiseau, le contó a su madre algo pavoroso. El vecino le había mostrado sus genitales y sus nalgas desde el otro lado del cerco de cañas del jardín y luego le había hecho cosas. Los padres actuaron de inmediato y denunciaron. En presencia de los profesionales la menor contó, con el vocabulario propio de su edad, que luego de exhibirse el señor le había pedido que se quitara la bombacha. Por lo que se interpretaba de sus dichos el vecino, entonces, se había masturbado antes de introducir sus dedos en la vagina de la menor. Al final, el hombre le había pedido que acariciara su pene al que la menor describió como algo “duro como una salchicha”. Al ser revisada con el consentimiento de sus padres se comprobó que la menor tenía roto el hímen. Violar a esa niña fue lo que provocó su caída. Una vez realizada la denuncia la policía allanó la casa del médico y lo detuvo. Era el 2 de mayo de 2017. No estaban preparados para todo lo que hallaron.
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