
Desde niño, Prince sintió que su nombre no le pertenecía. Lo habían llamado así en honor a su padre, el pianista John L. Nelson, pero él odiaba ese nombre. No se sentía un príncipe. “Llámenme Skipper”, pedía con insistencia.
Por infobae.com
Pero ni su apodo ni su entorno le daban refugio. Su hogar era un campo de batalla. Su padre tocaba el piano y componía, su madre, Mattie Della, era cantante de jazz. Pero la música no los unía, los separaba.
Según New York Times, el niño crecía entre gritos, discusiones y silencios tensos. A los diez años, su familia se rompió: sus padres se divorciaron. Primero se quedó con su madre, luego se fue a vivir con su padre. Pero este último lo echó de casa.
Prince no tenía un hogar fijo, dormía en casas de vecinos, en la de los Anderson, donde su amigo André se convirtió en su hermano.
Según All That´s Interesting, nada lo ataba a un lugar, salvo la música. Desde pequeño, tocaba el piano de su padre a escondidas, componía canciones antes de aprender a leer correctamente. A los siete años creó su primer tema, “Funk Machine”.
A los diez, cuando su padrastro lo llevó a ver a James Brown en concierto, supo que su destino estaba escrito. “Quiero hacer eso”, dijo, con la certeza de quien ha encontrado su misión en el mundo.
Con su amigo André, formó la banda Grand Central en la adolescencia. Pasaban horas encerrados en sótanos y garajes, puliendo un sonido que nadie más tenía. Prince era pequeño de estatura, pero en el escenario crecía, se expandía, hipnotizaba.
Él hacía todo: tocaba la guitarra, el piano, componía, cantaba. No confiaba en nadie más que en su propio talento.
En 1976 grabó un demo, y su música llegó a los oídos de la gente correcta. Con 18 años, firmó su primer contrato con Warner Bros. No solo tenía un contrato, tenía control. El sello le dio total libertad artística.
Un debut así era casi imposible en la industria, pero Prince no era como nadie más. En 1978 lanzó su primer disco, “For You”, tocando todos los instrumentos. Lo hacía todo él solo. Era una máquina imparable.
A partir de ahí, fue ascenso tras ascenso. En 1982, con el álbum “1999”, Prince explotó en la escena mundial. “Little Red Corvette” y “1999” sonaban en todas partes. Pero su verdadero golpe a la historia llegó en 1984, con “Purple Rain”.
No solo fue un disco: fue una película, una revolución. Por primera vez, un artista logró tener el álbum número uno, el single número uno y la película número uno en simultáneo en Estados Unidos.
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