La devaluación en el país no es solo en lo económico, salarios, pensiones, poder adquisitivo, calidad de los servicios, estados de las vías, aparato productivo nacional, nivel educativo; es hasta en lo humano y lo político.
De los grandes aciertos de estos 25 años ha sido someter a la descomposición de valores, de ética, de moral y hasta del propio sentido de pertenencia, no solo a civiles sino a dirigentes políticos, toldas partidistas y sus militancias que ven en esta “profesión” política la posibilidad de acceder a algún beneficio que sirva de paño de agua tibia para sus problemas inmediatos, porque los de fondo no se arreglan con las migajas que permiten recoger del suelo desde Miraflores.
Luego de lo sucedido el #28J, muchos esperaban la unificación de criterios y de metas dentro de la dirigencia política nacional (incluyendo a los alacranes), se vivió una jornada histórica, una gran victoria popular que no tenía más bandera que la de Venezuela. Pero ese era el deber ser, sin embargo, para quiénes sabemos cómo se mueven, medianamente, los hilos dentro de la política venezolana estábamos claros que ese no era el norte de aquellos que aún en la victoria, pero sin las herramientas claras para hacerla valer, se convirtieron en rápidos desertores del pueblo venezolano y su voluntad que ellos mismos la conocen. Luego de casi ocho meses no hay consenso dentro de las filas opositoras y alacranes, todos actúan sin orden, sin certezas, en las sombras, calculando hipotéticas cifras de participación y abstención y esgrimiendo planes que ya hemos escuchado en el pasado y que solo buscan el acomodo económico y mantenimiento de las parcelas de poder de los dirigentes en las que el civil solo son vistos como la herramienta para intentar lograr el objetivo.
Leer la renuncia de Barboza por la «imposibilidad de llegar a un acuerdo ante el complejo panorama político», nos recuerda la mezquindad de muchos dentro de la dirigencia política venezolana cómplices por su inacción, cohabitación y sus intereses sórdidos en los que usted no importa, no interesa porque muchos se acomodan a la actualidad y esa es seguir el son que impongan desde Miraflores y el parapeto que se tiene proyectado para mayo.
Lo grave es que muchos acepten las irregularidades denunciadas desde el principio en un evento que ya es violatorio del marco constitucional y legal venezolano, sin haber dado cierre por parte del CNE al proceso del 28 de julio, sin la no publicación de la convocatoria del evento en Gaceta Electoral, como lo demanda la ley venezolana, lo que a todas luces vulnera los principios constitucionales y legales de transparencia y estándares mínimos electorales; sin conocer las fechas de auditorías del registro electoral y del software de las máquinas electorales, entre muchas otras irregularidades.
Y peor aún, que se irrespete la voluntad del pueblo expresada en 2024 tomando como argumento que se debe respetar su derecho y voluntad a hacer parte de este bodrio que para nada cambia la realidad del país y que solamente nos condena a más años de crisis.
¿Cómo se hacen llamar servidores públicos? ¿Cómo se hacen llamar demócratas?
