William Anseume: ¿Un país en guerra? - LaPatilla.com

William Anseume: ¿Un país en guerra?

Con los, oficialmente, casi ocho millones de Venezolanos desplazados por el mundo -digo oficialmente, porque todos sabemos que hay más de ocho- nuestro país es el tercero en ese sentido. Esto detrás de Siria y Ucrania. Solo pensarlo genera un escándalo. ¿Cómo un país sin guerra ha arrojado ciudadanos a clamar paz para sí y para su entorno en una millonada?

Indudablemente es un desplazamiento provocado. Tampoco es un secreto para nadie la precarización del empleo y del salario. El hambre. La profunda crisis hospitalaria. Todo en una concepción del Estado rico, con dirigentes ricos, opulentos, mafiosos, por decir lo menos, dominando a unos ciudadanos empobrecidos hasta la compleja crisis humanitaria. Un país petrolero, que, supuestamente produce más de un millón de barriles diarios. Que, a partir de ahora, nadie pagará chin, chin.

¿No hay una guerra? La hay. La del ciudadano contra sus captores. Literalmente. La fuerza bruta, armada, contra la población. Quien respire va preso, quien hable preso va. Si no pues perseguido. Acosado. ¿Y si hay elecciones? Exprópiese también. ¿Derechos humanos? Nada. Ni laborales, ni educativos, ni de salud, ni de privacidad, ni de asociación, ni de tratamiento de reos, ni de respeto a la vida o la dignidad, ni de propiedad privada. Nada. ¿Constitución? Al margen. Es guerra a lo establecido.





Las instituciones quebrantadas hasta la extinción también. ¿No vemos las universidades? ¿Los hospitales? ¿Los partidos políticos? ¿Los poderes del Estado? Aniquilación para que nada quede en pie, nada que se permita sobrevivir pronto al arrase impuesto. La supervivencia humana e institucional. Nada agrupado que funcione si no es para alimentar la estadía de quienes están el poder, por el poder. Todo lo demás estorba plenamente, absolutamente, y debe ser derribado.

¿Cómo quedarse así? ¿Cómo se quedan los más jóvenes así, aquí? Sin garantías de la vida, de la educación, del trabajo, de la salud, con riesgos permanentes a la libertad o el libre tránsito, hasta para la intimidad. La emigración masiva propiciada, entre otras cosas, para tener menos bocas a las que alimentar y para que se atraigan las pequeñeces de los productos del trabajo afuera, para cargar menos estorbos al lomo, como el bacalao aquel. De criadillas que hay una guerra contra el ciudadano y sus agrupaciones, contra el trabajo y los cimientos del Estado, para entregarlo a las fauces del terror internacional. ¿Te quedas?