Gerardo Lucas: CAP según Ledezma - LaPatilla.com

Gerardo Lucas: CAP según Ledezma

Antonio Ledezma, político venezolano del partido Acción Democrática (AD), quien fuera muy cercano a Carlos Andrés durante la última etapa de su vida, escribió una biografía titulada Carlos Andrés Pérez:  el presidente que murió dos veces, de Editorial Almuzara, España, 2022.

Esta biografía la podemos incluir entre las llamadas biografías oficiales, que son aquellas que cuentan con el visto bueno de la familia del personaje en cuestión, y entre las que se encuentran algunas otras realizadas por sus contemporáneos y amigos, como las de Pedro Tinoco y Gustavo Cisneros.

Ocurre que en este tipo de semblanzas se suelen resaltar las cualidades y logros del personaje y, al mismo tiempo, hacer mutis –silencio- sobre sus bemoles, y en algunos casos, por el afán de exaltar a esa figura se termina tergiversando la realidad a su favor.





En la biografía que nos ocupa, lo que más me llamó la atención fue que a lo largo de sus 523 páginas  no aparezca casi ninguna mención a aquellas personas que conformaban su círculo íntimo de financistas, desde su primer gobierno, los llamados por el diputado adeco betancurista, Luis Piñerúa Ordaz, como los Doce Apóstoles. Este silencio dice mucho.

En efecto, podemos sostener que en la carrera política de Carlos Andrés Pérez dos personas tuvieron la mayor relevancia. Rómulo Betancourt en la primera etapa y Pedro Tinoco en la segunda, que incluye sus dos presidencias.

Pedro Tinoco, presidente del Banco Latino, coordinaba un grupo financiero llamado Conexus, al que estaban vinculados los llamados Doce Apóstoles, verbigracia, Carmelo Lauria, Gustavo Cisneros, Enrique Delfino, Siro Febres, Edgar Espejo, Concepción Quijada, Julio Pocaterra, Luis Jugo, Arturo Pérez Briceño y otros. Si a alguien le quedan dudas acerca del nivel en el que estos personajes, coordinados por Tinoco, estaban involucrados en la política, del país debemos recordarles que la Comisión de Contraloría del Congreso encontró, a raíz de la intervención del Banco Latino en enero de 1994, que solo ese banco, en la cuenta secreta BHO 1401, había concedido tarjetas de crédito abiertas a más de 35 congresistas, que por lo tanto, estaban en su nómina, además del financiamiento directo o indirecto a los principales partidos políticos.

El grado de ascendencia de Tinoco sobre Pérez, quedó evidenciado cuando este lo nombró presidente del Banco Central de Venezuela, a pesar de ser presidente del Grupo Banco Latino, segundo grupo financiero del país. La ministra de Hacienda en ese entonces, Eglé Iturbe de Blanco, al respecto, y dada la confianza con Pérez, le comentó en privado que darle ese cargo a Tinoco era “como poner a zamuro cuidando carne”. Esta decisión le salió muy cara al país, por los desequilibrios que causaron los Bonos cero cupón y la liberación de las tasas de interés, políticas monetarias que luego el honorable economista Miguel Ignacio Purroy calificó en estos términos: “Resulta indignante ver como el sistema financiero se ha convertido en el único beneficiario de la política monetaria” (Lucas, Gerardo. CODICIA. Auge y Caída de la cúpula bancaria en Venezuela 1974-1994. AB Ediciones, Caracas 2024). Tal fue el nivel de influencia que tenía el presidente del BCV en la administración, que inmediatamente después del golpe de Chávez, el debilitado gobierno de Pérez salió de Pedro Tinoco, convirtiéndolo en el primer funcionario del que tuvo que desprenderse y, a regañadientes.

He llegado al convencimiento de que Carlos Andrés tenía dos fachadas. Una del hombre honorable, para sus colaboradores, que fueron muchos, todas personas honradas, valga la pena mencionar algunos pocos: Reinaldo Figueredo, Eglé Iturbe de Blanco, Carlos Blanco, Gerber Torres, Martínez Mottola, el mismo Ledezma, los IESA Boys, entre otros.  Con ellos se cuidaba y todos tienen pequeñas historias para dar fe de su honestidad. Por otra parte, diferente era el trato y la conversación con el otro grupo de personas con los cuales “se batía el cobre”.

Ledezma insiste sobre la honorabilidad de Carlos Andrés y repite lo que él decía: “Dos cosas no se pueden ocultar, una es la tos y la segunda la riqueza”. En efecto, estoy persuadido de que CAP, se cuidaba de no delinquir en el sentido que lo hizo Marcos Pérez Jiménez, que llevaba una libreta relacionando las comisiones que recibía. CAP lo que tenía eran “amigos”. Amigos, que usted o yo no tenemos. Amigos, que le pagaban las cuentas. Él lo repitió muchas veces, la casa en Altamira se la prestó en “comodato” un amigo. El avión que llevaba a Cecilia Matos a Europa se lo prestaba otro amigo, Armando de Armas, del Bloque de Armas. El apartamento que tenía Cecilia Matos en Sutton Place, Manhattan, Nueva York, y su estilo de vida, no sé quién se lo pagaba, si no era CAP.

Recuerdo leer que CAP decía de Ruth de Krivoy, presidenta del BCV, que “le faltaba burdel”. Carlos Andrés tenía burdel de sobra.

Gerardo Lucas. Economista/Historiador. [email protected]