De Star Wars a Terminator: Ricardo Bonisoli, el venezolano que desafió límites en la meca del cine - LaPatilla.com

De Star Wars a Terminator: Ricardo Bonisoli, el venezolano que desafió límites en la meca del cine

Cortesía

 

Ricardo Bonisoli, es un cineasta venezolano que pasó de dibujar personajes fantásticos en Caracas a diseñar efectos visuales para Star Wars, X-Men y Terminator. El guion de su vida refleja el ingenio y la determinación de un artista excepcional, un soñador latino que cruzó fronteras para forjar su propio destino en Hollywood, desafió la incertidumbre y convirtió su pasión en un pasaporte al éxito.

Luego de trabajar en los estudios más prestigiosos del mundo, decidió contar sus historias al dirigir el aclamado cortometraje The Seahorse Trainer—preseleccionado para los Premios Óscar—y ahora embarcado en su primer largometraje, Ostrich Boy, con el apoyo de un equipo increíble. Desde Toronto, donde reside actualmente, reveló a La Patilla los retos detrás de escena y por qué el cine independiente es, para él, el verdadero espacio para la creatividad.





lapatilla.com

«Siempre tuve esa inspiración de crear cosas, de hacer cine», comentó Ricardo al recordar sus inicios. Creció en un ambiente donde el arte era el pan de cada día. Sus padres, ambos formados en la Universidad Central de Venezuela, le inculcaron esa semilla por el arte visual que luego lo llevaría a destacarse entre los grandes.

Ese interés por construir mundos visuales lo impulsó a estudiar Ilustración en el Instituto de Diseño de Caracas. «Fue un primer paso súper importante para mí», afirmó. Ahí descubrió que el arte iba más allá de los bocetos en papel. «Se puede hacer cosas 3D, se puede combinar un poco la parte de 3D con el cine». 

Cortesía

 

Con esa visión en mente, decidió dar un salto mayor y aterrizó en la Vancouver Film School, donde se especializó en animación y efectos visuales.

Las películas de ciencia ficción marcaron su imaginario desde la infancia. «Siempre me llamó mucho la atención Star Wars, Terminator, fueron películas que desde chamo me marcaron porque eran los personajes, el mundo que podían crear. Me llamaba mucho la atención». 

Esos universos futuristas le mostraron el poder de la tecnología en la narrativa cinematográfica. Cada criatura, cada escenario digital que lo impresionó de niño, se convirtió en un referente para construir su propio camino en la industria.

Un artista de otra galaxia

Pero el sueño tenía una serie de desafíos. «Fue una experiencia difícil», admitió sobre su llegada a Canadá hace 15 años. Sin familia ni apoyo, debió abrirse paso en un entorno desconocido. «Estar en un lugar completamente diferente, estar forzado a conocer gente completamente diferente a ti fue algo que también influyó mucho en mi trayectoria». La adaptación fue compleja, pero conocer personas con la misma pasión lo motivó a seguir adelante.

Su primer gran paso profesional lo dio al graduarse de la Vancouver Film School, cuando fue contratado por Method Studios. Allí trabajó en efectos visuales para la franquicia de Assassin’s Creed, un videojuego icónico. «Fue la primera vez que entré en la industria», recordó. Pero ese solo fue el comienzo.

Cortesía

 

Luego de su experiencia en Method Studios, su talento fue aprovechado por Digital Domain, donde participó en grandes producciones como X-Men y Ender’s Game. Con cada nuevo reto, Bonisoli perfeccionó su técnica y amplió su portafolio, lo que lo convirtió en un profesional altamente demandado.

Más tarde, trabajó en otros estudios que le dieron la oportunidad de participar en comerciales y producciones variadas, siempre enfocado en la creación de personajes y criaturas. Su especialización en el hiperrealismo lo condujo a desarrollar modelos 3D de impresionante detalle que despertaron la atención de grandes estudios de Hollywood.

Cortesía

 

«En la industria de los efectos visuales no importa mucho tu currículum, no importan mucho tus estudios, pero sí importa mucho tu portafolio visual (…) Uno postea su demo reel en diferentes plataformas y de repente te llaman», explicó. Esta preparación en la creación de esos personajes fotorrealistas le permitió destacar y entrar a Lucasfilm

Cortesía

 

Y así fue que un día, ya con experiencia en la industria, recibió la llamada que muchos artistas sueñan: «Hey Ricardo, estás aquí en Vancouver, necesitamos a alguien con tu perfil».

Trabajar en Lucasfilm le abrió las puertas a trabajos inolvidables. «El primer proyecto en el que trabajé se llama Valerian. Había cientos de criaturas, personajes, aliens (…) era muy divertido todos los días esculpiendo a un alien diferente». No obstante, hay uno que se lleva un lugar especial. «Creo que Star Wars fue una de las más grandes experiencias, por la emoción de la gente de estar en ese proyecto. Nunca me había tocado trabajar en un lugar donde hubiese tanta pasión».

Dirigir su propio libreto

Pero más allá de los efectos visuales en grandes producciones, Ricardo tenía una inquietud creativa propia. Así nació The Seahorse Trainer, un cortometraje que combinó su amor por el mundo marino y los personajes enigmáticos. «Fue un proyecto que tenía en mente por varios años. Salió de una idea prácticamente de combinar las cosas que me gustan. Me gusta mucho el mundo marino, me gustan mucho las criaturas del mar. Me llama mucho la atención eso. Y también me llama mucho la atención personajes extraños y misteriosos», comentó. 

Cortesía

 

La falta de experiencia en dirección fue un reto, pero su deseo de contar una historia original lo impulsó. «Disfrutaba mucho trabajar para películas grandes, pero también siempre es como más de lo mismo (…) esta fue como algo original que quería hacer y para llegar ahí fue un proceso también de fallar mucho y seguir intentando».

El proceso fue complejo. El venezolano trabajaba en dobles jornadas, durmiendo pocas horas al día, mientras intentaba dar forma a su cortometraje. Con un equipo reducido, logró obtener apoyo de una fundación de cine canadiense. «No era mucho, pero era algo que nos ayudó a seguir adelante». 

Cortesía

 

Ese respaldo oficial les dio credibilidad y atrajo talento experimentado al proyecto, como un director de fotografía de Netflix y un compositor ganador de un Emmy. «Eso era lo que yo quería, aprender de la gente con experiencia en ese mundo, porque mi experiencia era en otro lado completamente diferente, o sea, ver como esa gente súper profesional hace las cosas, fue para mí lo más importante para entender cómo se hace eso».

El esfuerzo valió la pena. The Seahorse Trainer llegó a la preselección de los Premios Óscar, un reconocimiento que abrió aún más puertas para Bonisoli. Ahora, su enfoque está en su primer largometraje, Ostrich Boy, inspirado en personajes que inventó en su infancia en Caracas junto a sus amigos Gabriel y Daniela Cámara. “La idea surgió hace muchos años cuando era un chamo allá en Caracas y junto con mis amigos de la zona, inventábamos personajes así para echar broma, personajes ficticios, dibujábamos y cosas así. Era un futbolista, era un portero avestruz. Entonces, siempre fue un personaje que se me quedó grabado en la mente por muchos años”.

Con el respaldo de Glen Morgan, un productor ejecutivo reconocido por Expedientes X y Destino Final, y el apoyo de dos compañías consolidadas en la industria, el proyecto avanza en su desarrollo. «Ha escalado bastante y ahorita estamos tratando de conseguir un actor reconocido. Es otro proceso, la mayoría del presupuesto se va para allá. Ha sido interesante también», contó.

Ostrich Boy fue seleccionado para ser presentado en el Cannes Film Market. Allí, Ricardo, junto a su guionista Holly Pavlik, tuvieron la oportunidad de presentar el proyecto a varios productores y distribuidores. «Contemplamos que el estreno de la película sea hacia finales de 2026».

Creador independiente

Para llegar a este punto de su carrera, el camino no ha sido sencillo. «Cada proyecto trae su propio reto, cada experiencia que he tenido ha sido completamente diferente», admitió. La industria del cine es nómada, y perseguir nuevos trabajos lo ha llevado a mudarse constantemente. De Los Ángeles a Toronto, siempre en busca de nuevas oportunidades. 

Su visión como cineasta evoluciona con cada paso. «Para mí, el cine independiente es lo más divertido que hay», comentó. Y es que a Ricardo le apasiona la libertad de contar sus propias historias y colaborar con artistas de diversas disciplinas.

Cortesía

 

Asimismo, el criollo sabe que si pudiera encontrarse con el joven Ricardo que pasaba horas dibujando en Caracas, le diría sin dudarlo: «Que siga creyendo en su visión, siga intentándolo. No tratar de ser tan complaciente con lo que otras personas piden. Sobre todo hoy en día me parece que la gente valora más cuando uno es fiel a lo que uno quiere hacer».

Su meta es clara, Bonisoli espera contar más historias desde su propio universo creativo. «Ser más independiente me parece que es mi meta». Aunque si hay un sueño que lo acompaña desde hace años, es el de volver a Venezuela con un proyecto cinematográfico. «Siempre me ha llamado la atención reconectar con mi país en ese aspecto y vamos a ver qué proyectos aparecen por ahí». 

Ricardo entiende que el cine es un camino sin atajos, pero eso es precisamente lo que lo mantiene motivado. Desde Caracas hasta Hollywood, su trayectoria es un ejemplo de que con creatividad y perseverancia se puede derribar cualquier frontera, pero lo mejor aún está por filmarse.