El 25 de febrero del año en curso, el representante de los Estados Unidos en las Naciones Unidas votó, conjuntamente con Rusia y Corea del Norte, en contra de una resolución que pedía la retirada de las tropas rusas de Ucrania y la condena al invasor, contradiciendo los intereses de los que hasta hace poco eran sus aliados: Ucrania, la Comunidad Europea y los principales países democráticos del mundo.
Esta acción, que dejó estupefactos a todos, tendrá graves repercusiones internacionales en todos los ámbitos, políticos, militares, económicos, comerciales, financieros y culturales.
La decisión tomada por el gobierno estadounidense da marcha atrás al principio que ha caracterizado su política internacional, el de apoyar a las democracias, razón fundamental que mantuvo desde que se incorporó a la I Guerra Mundial y aun antes, desde su Declaración de Independencia.
La llamada Pax Americana, emulando la Pax Romana y la Pax Británica, fue el período que comenzó después de la II Guerra Mundial, y describe la relativa posición de supremacía de Norteamérica respecto a otras naciones en el contexto económico, militar y cultural, que permitió mantener una relativa paz en el occidente durante tantas décadas.
El problema alcanza mayores dimensiones ya que se trató de un acto de traición a Ucrania, su aliado en la guerra, y a la Unión Europea, cuando acusa a la nación ucraniana, siguiendo la narrativa rusa, de ser culpable de la guerra y le restringe la ayuda militar y de inteligencia, favoreciendo materialmente a su enemigo histórico, Rusia.
Una de las consecuencias de esta nueva postura ha sido la pérdida de la confianza que en él tenían, hasta el día anterior, las democracias y ciudadanos libres del mundo. La confianza es la piedra angular sobre la cual se sostiene una relación próspera y duradera en lo financiero, económico, político, militar y de todo orden. Como muestra, un botón, recordemos que el dólar como moneda internacional se sustenta, además de su poderío económico, en un factor subjetivo, la confianza.
Las primeras reacciones no se hicieron esperar. Portugal, miembro de la OTAN, canceló la adquisición de aviones de guerra F-35A por 5.000 millones de dólares a la empresa norteamericana Lockheed Martin. El ministro de la Defensa Nuno Melo justificó que la decisión obedeció a los cambios del actual contexto geopolítico y la imprevisibilidad de la política estadounidense con relación a la OTAN, de acuerdo con sus palabras: “Este aliado nuestro que siempre ha sido predecible a lo largo de décadas, podría traer limitaciones en el uso, el mantenimiento, en los componentes y en todo lo que tienen que ver con asegurar que los aviones estén operativos y se utilizarán en todo tipo de escenarios.”
Esto es solo el comienzo de una interminable serie de consecuencias que afectarán, no solo a los ciudadanos de Estados Unidos, sino a las demás naciones del planeta.
Tal decisión nos hace recordar las palabras de Franklin Delano Roosevelt, 32.º Presidente de Estados Unidos, cuando el imperio japonés bombardeó a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Un día después, en su discurso ante el Congreso, antes de declarar la guerra, pronunció esta frase: “Una fecha que vivirá en la infamia” (“A day that will live in infamy”).
Gerardo Lucas. Economista e Historiador. gerardolucaswordpress.com
