
El límite a la obtención “fácil” de ciudadanía italiana decretado el viernes por el gobierno de derecha de Giorgia Meloni -que implica que de ahora en más puedan acceder a la ciudadanía (y al pasaporte) solamente quienes tienen un padre o un abuelo italiano-, si bien causó shock en países como la Argentina y Brasil, tierras de emigración de millones de italianos hace más de un siglo, también hizo ruido en Italia.
Este giro drástico, en efecto, también hizo crujir internamente al gobierno de Meloni: legisladores de la Liga, el partido de extrema derecha del vicepremier Matteo Salvini, aliado de la coalición de derecha, salieron a criticar con fuerza este cambio y a reclamar una “corrección”.
“Es extraño que alguien en el gobierno haya decidido ponerle un freno a los descendientes de quienes emigraron al extranjero, en gran parte de origen veneciano, lombardo, piamontés o friulano, y por tanto de cultura católica, pero luego piense en regalarle la ciudadanía a jóvenes inmigrantes, a menudo islámicos”, protestó el diputado veneciano Dimitri Coin. “Es increíble que nos preocupemos más de nuestros bisabuelos: serán necesarias medidas correctivas en la cámara”, advirtió.
Coincidió otro diputado de la Liga, Graziano Pizzimenti, que también aseguró que iba a dar batalla y que “esta propuesta” será discutida y modificada en el Parlamento.
