Existe una polémica a lo interno, que ha comenzado a aflorar externamente, en la Universidad Simón Bolívar, por los bosques de pino que llevan más de cincuenta años sin estorbar a nadie, por el contrario, ofreciendo un clima más agradable en Sartenejas y una belleza visual incomparable cuando uno, cualquiera, se aproxima a nuestro campus. Incluye ese inocultable olor a trementina.
Pero resulta que una de las autoridades interinas, para variar en nada, por cierto, le ha puesto el ojo a los bosques de repente. Esto en una universidad donde se cobra el comedor, creo que la única universidad pública, incluyendo las otras también intervenidas, que perciben dinero a cambio de la comida ofrecida en el comedor universitario. También se cobra ahora el estacionamiento a quienes visitan el campus, todavía no han llegado al despropisto, que sepamos, de cobrarlo a la comunidad universitaria. Que organiza conciertos, así sean fallidos, en nuestro campus, como el de Rawayana, que vende, como están ofreciendo en estos días, objetos identificativos de la universidad; que subió desproporcionadamente el costo de la matrícula de postgrado y que ofrecen ocumo «barato» producido en ella. Recordemos que les dio por desplazar a los profesores de la Casa del Profesor y de los espacios destinados al Instituto de Previsión. Todo con miras económicas, imposibles por cierto, así causen perjuicios, como causan, a la comunidad.
Esas mismas autoridades son las que se han hecho los paisas con temas fundamentales como las elecciones rectorales, el presupuesto universitario, el estado de los laboratorios, la situación deleznable del pabellón de biología – a pesar de que biología precisamente es la carrera de una de las autoridades interinas; o los sueldos y la protección social de todos los trabajadores universitarios, incluyendo el personal académico al que acosan hasta la renuncia o los cambios más bien simbólicos, porque nada representan en lo dinerario, de dedicación exclusiva a integral. Otras universidades en sus Consejos al menos han tenido la dignidad de pronunciarse duramente ante esos aspectos de exigencia de trato acorde a las leyes, la Constitución y los DD. HH. Ni hablar de la falta de acciones para lograr recuperar el cada vez más devaluado aporte de los profesores a la caja de ahorros, a la asociación o al IPP. De eso nada dicen, misteriosamente.
Ah, pero sí se fijaron, de pronto, en los bosques de pino. Al primero que le escuché en la USB de un plan de explotación de esos pinos para nutrir económicamente a nuestra universidad, fue al otro impuesto vicerrector académico de cuando desconocieron la consulta para la designación en ese cargo. Momento cuando empezó a desoirse a la comunidad y a dejar de consultarla para las decisiones trascendentes como esta de los bosques o el cambio en el reglamento general de la USB. Porque quieren seguir actuando por imposicion. Y por órdenes foráneas, traspasando las cada vez más inexistentes libertad académica y autonomía universitaria.
El vicerrector administrativo tiene planes de dirigir la legendaria comisión de bosques, comisión con profesores altamente calificados como el colega Yerena. ¿No resulta extraño en este contexto? El ministro de Ecosicialismo, tremendo nombre para un ministerio, está recién nombrado, pero la USB aprovecha para hacer valer un lejano convenimiento. Todo esto mientras padecemos en el país, en todo el país, la deforestación, la caída, a máquina, de árboles centenarios o tricentenarios, como ocurrió con el añejo caucho de La Candelaria. ¿No mueve a sospechas? ¿No hay acaso algún negocio maderero en el país que está acabando con nuestros árboles inclementemente, indiscriminadamente? Las denuncias de los vecinos son abundosas, a diario. Pero no. En la USB actuarán con conciencia estas autoridades interinas que no la han tenido para nada para ir en todo contra la comunidad.
La USB debe darle ya el mayor de los votos de confianza a la comisión de bosques de tantos años. Debe rechazar hasta lo indecible que el vicerrector se incluya para nada en esa comisión y debe preservar esos bosques. Y, si se llegaran a explotar deberá ser con la más cercana colaboración-supervisión de la actual comisión de bosques en la que todos confiamos, previa discusión con toda la comunidad. Basta de imposiciones de órdenes foráneas en una universidad donde debe prevalecer su autonomía.
