De vender arepas en la calle a tener tres restaurantes: Una familia venezolana triunfa en Chicago (VIDEO) - LaPatilla.com

De vender arepas en la calle a tener tres restaurantes: Una familia venezolana triunfa en Chicago (VIDEO)

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María Eugenia, junto a su esposo —chef de profesión y cómplice de sueños—, apostó por instaurar un concepto diferente en una ciudad donde pocos conocían el verdadero sabor de la comida criolla. Todo comenzó como una venta improvisada de arepas en las calles de Chicago y ahora, diez años después, esa pasión y tenacidad son los pilares de tres restaurantes que se consolidaron como un negocio familiar donde su mamá y hermano también forman parte de la receta.

Su historia es un plato que vale la pena degustar. Entre dificultades logísticas, la barrera del idioma y la incertidumbre del emprendimiento, estos venezolanos salieron adelante con tres ingredientes indiscutibles: constancia, unidad y buena sazón. La Patilla conversó con la creadora de Rica Arepa quien reveló cómo la propuesta gastronómica pasó de ser “un pedacito” de su tierra natal a convertirse en la representación de Venezuela en Estados Unidos. 





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En septiembre de 2014, una venezolana tomó un vuelo con destino a lo incierto. María Eugenia Uzcátegui dejó atrás su carrera, su familia y su tierra, con la convicción de que en el extranjero había un futuro posible. 

«Yo era estudiante de derecho en Venezuela antes de venir a Chicago», recordó. En ese entonces, emigrar no era tendencia ni había redes que documentaran el proceso. Lo hizo siendo muy joven, con la mente enfocada en que todo iba a estar bien. Y aunque desconocía su rumbo, ese pensamiento fue su primer ingrediente para la resiliencia.

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Llegó primero a Miami. Allí, el choque fue inmediato. Estaba con su novio —hoy su esposo—, pero lejos de su núcleo familiar. El vacío se sentía amargo y el idioma también representó una muralla. «En ese momento no hablaba nada de inglés», admitió. Ambos tomaron cursos gratuitos en el Miami Dade College, y tras jornadas agotadoras de trabajo, acudían en las noches a estudiar.

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«Era ese desafío en la mañana, trabajar súper fuerte en la tarde y llegar en la noche acabados a entrar en un curso, a aprender un idioma nuevo, el cual al principio cuesta bastante cuando no tienes una base. Pero poco a poco fuimos trabajando, estudiando, mejorando, practicando nuestro inglés y gracias a Dios pudimos avanzar bastante en eso», contó. 

Su primer empleo fue en un restaurante, como mesera. En ese lugar comenzó su contacto con el mundo de la cocina profesional, sin embargo el verdadero punto de inflexión llegó más tarde, en Chicago. Un año después de aterrizar en Estados Unidos, se mudó a la ciudad de los vientos. Y allí, en las aceras frías, entre el tráfico y la necesidad, comenzó a vender arepas.

Un sueño improvisado

La idea no surgió de un plan de negocios minucioso ni de una reunión estratégica, sino del empuje improvisado de una conversación familiar. Su esposo, cocinero formado en la isla de Margarita, y su madre, quien también se unió al equipo, tomaron la iniciativa tras una visita del hermano de María Eugenia. Prepararon unas arepas, salieron a la calle y probaron suerte. El resultado fue una venta inesperadamente exitosa.

«Estoy hablando de hace 10 años, donde todavía el venezolano nada que ver, y más en Chicago (…) Empezamos a vender arepas en la calle, se unió mi esposo, mi mamá, me uní yo eventualmente, y así nació todo. Vendiendo arepas en las calles del área oeste de Chicago, cerca de donde vivíamos», dijo.

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Ese primer impulso los llevó a un pequeño local que encontraron cerca de casa. Cinco mesas, una cocina modesta y un entusiasmo desbordado. No había clima favorable ni recursos de sobra. 

«Abrimos el local en noviembre del 2017. Estaba nevando, hacía mucho frío, noviembre no es época para abrir negocios porque la economía está un poco difícil, pero nosotros realmente vimos la oportunidad. No hicimos ningún plan de negocio, ni nada, Dios nos acompañó en todo momento». 

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El arrendador, intrigado por la juventud del equipo y su procedencia, les dio esa ventana para emprender y comenzar a surgir. No había garantías, pero sí compromiso. Así nació Rica Arepa, un espacio que pronto se convirtió en un punto de encuentro para quienes extrañaban el sabor de casa.

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Con el tiempo, y tras conocer el pulso del mercado, la logística de los proveedores y las exigencias del sector, María Eugenia y su equipo decidieron dar el siguiente paso. Chicago no tenía muchos espacios que ofrecieran comida venezolana, y su restaurante se transformó en una referencia para la comunidad latina, especialmente para los que buscaban algo distinto a lo tradicionalmente disponible.

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«Cuando abrimos el segundo, había una estructura, habían procesos, un plan, ya estaba todo más estructurado porque se sabía más o menos qué queríamos, se entendía cómo era la dinámica de un negocio, y más un negocio de comida», acotó. 

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Y en octubre de 2024, llegó el tercer local. Un espacio con el mismo corazón criollo, pero con una estética más elaborada, pensada para cautivar a un público diverso y ansioso por conocer sabores nuevos. «Queríamos atraer a esa clientela de otras nacionalidades que se sintiera recibida en nuestros negocios».

Constancia con sabor venezolano

La clave de su crecimiento no se esconde en una receta secreta ni en una campaña de marketing sofisticada. Según María Eugenia, todo se resume en una palabra: constancia. La disciplina de abrir cada día, incluso cuando el clima desanima o las ventas no despegan. El esfuerzo de trabajar duro, al confiar en que el trabajo sostenido da frutos. Y sobre todo, la fe en sí misma, en su equipo y en lo que construyen día a día.

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«Dios siempre nos ha acompañado, siempre estamos súper agradecidos, y damos gracias por todas sus bendiciones, pero también ponemos de nuestra parte, trabajando fuertemente para que las cosas se den de la mano, una cosa de la otra», recalcó.

El concepto de Rica Arepa nació como un “rinconcito de Venezuela” en Chicago, incluso era el eslogan de la marca, pero sus creadores nunca imaginaron el éxito que alcanzarían. Según María Eugenia, muchas personas de distintas nacionalidades comenzaron a cruzar la puerta del local, movidas por la curiosidad y atrapadas por el sabor. La propuesta original evolucionó, sin perder su raíz: de ser un rincón para coterráneos, pasó a representar a Venezuela en su versión más auténtica.

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“Dejamos en alto ese detalle, el cuidado por las cosas, que los platos estuvieran bien presentados, pero que el local sea ameno, de que todos se sientan bienvenidos, tratando de incluir a los estadounidenses y siendo respetuosos de lo que son, de la cultura de acá, que la comida sea rica y siga manteniendo su esencia criolla. Eso es lo que tal vez nos caracteriza y en lo que más tratamos de enfocarnos”.

Asimismo, la margariteña aseguró que agradecen el apoyo de los comensales, pues la respuesta es muy satisfactoria. “Ver cuando una persona de otro lado, que no tiene ni idea de cómo se agarra una arepa, le decimos que no es con los cubiertos, que es con las manos. La gente la prueba y dicen que es rica, le encantan los sabores y la disfrutan”.

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Por su parte, el menú es muy variado y está hecho para todos los gustos. Desde la parrilla tradicional con yuca frita, ensalada rallada, papas fritas y guasacaca, hasta “La mar y tierra” que viene acompañada de camarón, calamares, carne, pollo, chorizo y salsa. Las empanadas estilo margariteñas no podían faltar, conquistaron a quienes nunca  escucharon hablar del cazón o rompecolchón. Y para los más aventureros, el pepito —ese gigante callejero rebosante de sabor— se convirtió en un verdadero fenómeno.

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Las arepas, como era de esperarse, son el emblema del lugar. La “parrillera”, con carne, pollo, chorizo y queso de mano, se lleva los aplausos locales. Pero la de “pabellón”, con su mezcla de carne mechada, caraotas, plátano y queso, logró algo insólito: convertirse en la favorita del público estadounidense.

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Y como en toda buena mesa criolla, también incluyen jugos naturales, postres caseros y patacones. Igualmente, Rica Arepa tiene opciones para los veganos y los amantes de la carne “porque tratamos de incluir, de tener varias propuestas para que la gente se sienta bien recibida, y si vienen con un grupo de amigos que cinco comen carne, tres son veganos, otro no come nada del mar o cosas así, hay algo para cada uno”.

Trabajo en equipo

Por otro lado, cuando se trata de un emprendimiento familiar, los desafíos pueden ser aún mayores. “Empezamos mi esposo y yo, y se unió también mi hermano, hace casi tres años (…) la experiencia de trabajar con tu esposo es una montaña rusa, porque hay días en los que estás bien, todo está bien, todo está marchando bien. Pero hay momentos de tensión, de estrés, donde las cosas no marchan como uno quiere”.

Con el tiempo, aprendieron a compaginar responsabilidades y a construir una dinámica de trabajo donde cada quien asume un rol para no saturarse. “Mi hermano se encarga de una parte, mi esposo de otra, yo de otra (…) hacemos un buen equipo en donde cada quien asume sus funciones y las ejecuta como es”, mencionó. Incluso su mamá tiene un espacio dentro del negocio. “Ella se dedica solo a sus tequeños”.

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Más allá de las recetas, lo que realmente se cocina en Rica Arepa es identidad. Representar la cultura venezolana fuera del país, para María Eugenia, es un compromiso que supera lo gastronómico. “La gente entiende ahora, ¿qué somos? Somos trabajadores, es lo que más se percibe, somos alegres, siempre nos estamos riendo, siempre sacamos un chiste, una broma, una cosa, somos música”, señaló.

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Esa esencia también la lleva a mostrar otra cara del venezolano fuera de su tierra. “Trato de que la gente tenga una buena imagen y percepción de los negocios, de los que trabajan con nosotros, de mí personalmente, de mi esposo. Tratamos de demostrar eso, que somos buenas personas que vinimos a aportar y que lo único que queremos es crecer y tener oportunidades”.

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La margariteña reconoció que las condiciones actuales no son las más favorables para pensar en un futuro. “Están pasando ciertas cosas en temas migratorios aquí en Estados Unidos”, detalló. Por ahora, su prioridad es fortalecer la propuesta que en sus palabras, se trata de mantener los locales «a flote, que vayan bien, que crezcan, que la clientela crezca, que haya un mejor marketing, una mejor publicidad”. 

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Y a pesar de ello, las metas no se postergan. “Sueño con tener varios locales en diferentes ciudades, que lo que ofrecemos sea más amplio, tal vez productos, servicios, ayudar a otros emprendedores a abrir sus restaurantes”.

Pese a que su vida actualmente transcurre en la «Ciudad de los Vientos», Venezuela late con fuerza en sus recuerdos. “Yo soy de Margarita, entonces Margarita es playa, gente, comida, extraño todo. De Venezuela, extraño todo, amo mi país”. 

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Con admiración, habló del talento que se mantiene vivo en nuestras fronteras. “Tenemos chefs extraordinarios, restaurantes extraordinarios, propuestas gastronómicas increíbles en Venezuela, porque la gente en Venezuela es increíble, porque se reinventan. Admiro mucho todo lo que hacen, porque lo hacen bien, todo tiene buena estructura. Son cosas que uno admira desde acá porque con todo lo que está pasando la gente resuelve y hace lo mejor posible».