La carta en la que Bergoglio narró su historia familiar y contó cómo le perdió el miedo a la muerte - LaPatilla.com

La carta en la que Bergoglio narró su historia familiar y contó cómo le perdió el miedo a la muerte

Jorge Bergoglio, joven sacerdote jesuita, y la carta que escribió en 1990

 

En la noche del 20 de octubre de 1990, Jorge Mario Bergoglio cavilaba sobre su destino en la habitación número 5 de la Residencia Mayor de los Jesuitas en Córdoba. Había sido enviado allí, en una suerte de castigo, por la Compañía de Jesús, tras su desplazamiento de la conducción de la orden, primero como Provincial y luego como Rector del Colegio Máximo de San Miguel, cargo que ocupó hasta 1985. Antes de acostarse en el pequeño recinto de cuatro por tres metros, sintió que debía dejar de “procrastinar” (así lo escribió él) y cumplir una promesa. Se cumplían 29 años de la muerte del Padre Enrique Pozzoli, el sacerdote que lo había bautizado el 25 de diciembre de 1936 en la parroquia de San Carlos. Bajo la luz de una lámpara, con una antigua máquina de escribir Olivetti que había comprado en una liquidación durante su paso por Alemania, comenzó a redactar una carta que alcanzó las 3099 palabras. En ella, evocaba al hombre que marcó su vocación religiosa, y que lo llevó a reconocer que si hoy su familia vivía “seriamente en cristiano”, era gracias a él. Pero además de este tributo, Bergoglio aprovechó para hacer un repaso íntimo y profundo de su propia vida, de su infancia y su adolescencia, como nunca ni antes ni después lo hizo.

Por infobae.com





En el tercer párrafo de esa carta, dirigida al padre Cayetano Bruno, sacerdote e historiador salesiano, Bergoglio comienza a relatar la historia de su familia: “El P. Pozzoli estaba muy ligado a la familia Sívori, la familia de mamá (María Regina Sívori), que vivía en Quintino Bocayuva 556. Los hermanos de mamá, sobre todo el mayor, Vicente, le eran muy cercanos (él también tenía el hobby de la fotografía). Los hermanos de mamá también participaban en los Círculos Católicos de Obreros (creo que en la calle Belgrano)”. Más adelante, Bergoglio relata cómo su padre, Mario José Francisco Bergoglio, llegó a Argentina el 25 de enero de 1929: “Papá era piamontés, nacido en Asti, y había vivido en Turín la mayor parte de su vida, en Via Garibaldi y Corso Valdocco. La cercanía con la Iglesia Salesiana hizo que frecuentara a los Padres de allá, de tal forma que cuando llegó, ya formaba parte de la ‘famiglia salesiana’. Llegaron en el Giulio Césare, aunque debían haber viajado en el Principessa Mafalda, que se hundió. ¡Usted no se imagina cuántas veces agradecí a la divina Providencia!”

En un pasaje, Bergoglio dedica un párrafo especial a su abuela paterna, Doña Rosa Margarita Vasallo de Bergoglio. En sus palabras, ella fue la mujer con mayor influencia en su vida. “La abuela trabajaba en la naciente Acción Católica: daba conferencias por todas partes (hasta hace poco yo tenía una, publicada en un folletito, que había dado en S. Severo de Asti, sobre el tema: ‘San José en la vida de la soltera, la viuda y la casada’). Parece que mi abuela decía cosas que no caían bien a la política de entonces… Una vez le clausuraron el salón donde debía hablar, y entonces lo hizo en la calle, subida arriba de una mesa… Pero no creo que la situación política haya sido el detonante para la migración a Argentina (tampoco tuvo que tomar aceite de ricino)”.

Más adelante, rememora las épocas de prosperidad de su familia, cuando aún existía la esperanza de “hacer la América”. “Un hermano de mi abuelo ya vivía en Paraná y le iba bien. Vinieron a sumarse a la empresa pavimentadora en la que trabajaban cuatro de los cinco hermanos Bergoglio. Papá era el único hijo y pasó a ser contador en la empresa,y se movía entre Paraná, Santa Fe y Buenos Aires. Cuando llegó a Buenos Aires, se hospedó con los Salesianos en la calle Solís, y fue allí donde conoció al Padre Pozzoli, quien inmediatamente pasó a ser su confesor desde 1929. Integró el grupo de muchachos que rodeaban al P. Pozzoli, donde conoció a los hermanos de mamá… y por ellos a mamá, con la que se casó el 12 de diciembre de 1935 en San Carlos.”

La carta de Bergoglio se tiñe de sombras apenas un año después de la boda de sus padres. A la crisis económica de la década infame se le sumó la muerte de su tío abuelo Juan Lorenzo, presidente de la empresa familiar en Paraná, tras sucumbir a una leucemia y un linfosarcoma. Como curiosidad, Bergoglio relata que en sus últimos momentos, su tío fue atendido por el doctor Oscar Ivanisevich, quien luego sería ministro de Educación en los gobiernos de Juan Perón en los años 40 y de Isabel Perón en la década del 70. Ambas tragedias, entrelazadas, desencadenaron una tormenta perfecta: la empresa se fue a la quiebra. Así lo relata Bergoglio: “Tuvieron que vender todo, hasta la Bóveda del Cementerio (todavía se conserva en Paraná el ‘Palacio Bergoglio’ de 4 pisos, donde vivían los cuatro hermanos), y mis abuelos y papá quedaron en la calle. Menciono este acontecimiento porque fue el P. Pozzoli quien los presentó a una persona, quien les facilitó un préstamo de 2.000 pesos, con los cuales mis abuelos compraron un almacén en el barrio de Flores… y mi papá hacía el reparto con la canasta. Esto muestra la preocupación del P. Pozzoli por ‘sus’ muchachos, cuando pasaban por alguna mala situación”.

Ese era el contexto familiar cuando nació Jorge Mario Bergoglio, el 17 de diciembre de 1936, a las 21 horas, en la casa familiar de la calle Varela 268, en el barrio porteño de Flores. En ese momento, su padre tenía 28 años y su madre, 25. Fue el mayor de cinco hermanos, seguido por Oscar Adrián, Marta Regina, Alberto Horacio y María Elena, la única que sobrevive. El 25 de diciembre, Navidad, tres días antes de ser anotado en el Registro Civil, fue bautizado por el padre Pozzoli. A excepción del segundo de los hermanos, Oscar, el P. Pozzoli bautizó a todos. Los padrinos de Jorge Mario fueron su abuelo materno, Francisco Sívori, y su abuela paterna, Rosa Vasallo.

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