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Para quienes creemos en la libertad como motor de progreso, la convergencia entre el pensamiento de Mario Vargas Llosa y la resistencia y lucha de María Corina Machado es un llamado a la acción. Este artículo celebra su legado y nos convoca a defender la libertad individual con pasión y compromiso.
El liberalismo se fundamenta en una premisa esencial: la prosperidad emana del reconocimiento de la autonomía y la creatividad individual, no de la imposición de un modelo estatal. Como bien afirmó Mario Vargas Llosa en sus obras, «la libertad no se negocia, se defiende», una máxima que María Corina Machado ha encarnado al enfrentar la represión en Venezuela con una valentía que inspira a millones. Esta conexión entre el pensamiento del nobel peruano y la acción de la líder venezolana no es fortuita: ambos comparten una visión inquebrantable de la libertad como el cimiento de una sociedad justa.
Mucho se ha escrito sobre Mario Vargas Llosa, desde sus conocidas diferencias ideológicas con Gabriel García Márquez, que reflejaban su rechazo al colectivismo y su firme defensa de la pluralidad. Su matrimonio con Isabel Preysler, aunque perteneciente a su vida personal, también simbolizó su capacidad para romper esquemas y desafiar convenciones, un rasgo distintivo de su obra y su pensamiento. Sin embargo, un aspecto crucial de su trayectoria intelectual fue su tránsito del marxismo al liberalismo.
Partiendo del legado de Vargas Llosa, resulta pertinente analizar la situación actual en Venezuela, donde María Corina Machado no solo proclama la libertad en su discurso, sino que la ejerce en un contexto de extrema adversidad. Su liderazgo frente al régimen venezolano demuestra que el liberalismo no es un ideal abstracto, sino una herramienta poderosa para confrontar la opresión. Al igual que Vargas Llosa, Machado comprende que la libertad individual constituye la base de toda prosperidad, y su valentía al desafiar el autoritarismo la erige como un símbolo global de resistencia. Su lucha trasciende fronteras, recordándonos la universalidad y atemporalidad de los principios liberales.
Esta convergencia entre el pensamiento de Vargas Llosa y las ideas de María Corina Machado invita a una profunda reflexión sobre el papel del liberalismo en el siglo XXI. En un mundo donde la democracia experimenta un retroceso y el autoritarismo parece resurgir, con populismos de izquierda y derecha que amenazan las libertades fundamentales, la defensa de la autonomía individual adquiere una urgencia renovada. La experiencia venezolana, analizada a través de la perspectiva de Vargas Llosa y Machado, evidencia que el liberalismo no es un privilegio de las sociedades prósperas, sino una necesidad imperante para aquellas que aspiran a serlo. En un escenario de crisis económica, política y moral, el liberalismo ofrece una vía hacia la dignidad y el progreso, cimentada en la creatividad y la responsabilidad individual.
Como liberales, no solo admiramos la lucidez de Vargas Llosa y la valentía de Machado, sino que asumimos su legado como nuestra propia misión. Que su ejemplo nos impulse a defender la libertad con audacia, porque, como afirmó Vargas Llosa, «la libertad no se negocia, se conquista».
