
“Parce –compañero- Pablo, tiene que meterse en la política, usted sabe que mucha gente lo quiere y lo sigue adonde vaya”, le sugirió Jorge Mesa, alcalde de Envigado, mientras conversaban durante una comida informal en casa de Nora, madre de su esposa, Victoria Eugenia Henao.
Por infobae.com
Pablo Emilio Escobar Gaviria abrió grandes sus ojos graficando una mezcla de sorpresa y tentación y no tardó nada en introducirse de lleno en ese mundillo que lo sedujo desde el primer día, pese a la advertencia terminante de su suegra: “¿Se le olvidó quién es y qué hace? Si se mete ahí no habrá alcantarilla del mundo donde pueda esconderse. Nos va aponer en peligro y dañar la vida a todos, piense en su familia”, disparó la señora.
Por supuesto, el narcotraficante no se quedó callado, como nunca lo hacía, más allá del respeto que le tenía a la mujer: “Quédese tranquila que yo hago las cosas bien hechas”, replicó con educación pero firme.
La campaña de Pablo Escobar
El tema no le era ajeno, en 1979 había logrado un lugar como concejal de la mencionada ciudad por la agrupación de William Vélez, oriundo de Antioquia. Y entonces de inmediato el dirigente político Mesa empezó a hacer números hablando de la cantidad de sufragantes que lo acompañarían y logró que Pablo se envalentonara recordando las obras que había financiado en el ámbito que lo apasionaba, el deportivo, construyendo campos de fútbol, vóley básquet, pistas de atletismo, para bicicletas, para patinar, salas médicas, todas con su respetiva iluminación, hecho que los vecinos agradecían porque ayudaba a instalar la cultura del deporte en los jóvenes, alejándolos de los peligros de la calle.
Su esposa, Victoria Eugenia Henao, y su hijo, Juan Pablo, al principio empezaron acompañarlo. Corría 1981 y Escobar recorría los vecindarios, en este caso el barrio Moravia, territorio del padre Elías, párroco del lugar que lo elogió y hasta pidió que lo aplaudieran por su labor comunitaria. Luego fue el turno de Pablo, quien no dudó en arremeter contra el diario El Espectador, que lo cuestionaba en su flamante rol: “Ese periódico representa a la oligarquía colombiana. Esta empresa periodística distorsiona la noticia y le inyecta veneno morboso y ataca a las personas: No tienen en cuenta los valores ni que las acciones que llevamos a cabo tienen el respaldo de la comunidad”.
De todos estos comienzos, proyecciones y puestas en marcha fue testigo privilegiado nada menos que su hijo Juan Pablo, quien de niño lo acompañaba en cada acto, y luego plasmó todas las vivencias tanto positivas como negativas en un libro, “Pablo Escobar, mi padre”, de Editorial Planeta, fuente indispensable para esta nota, que reflejó como nadie todo el derrotero de su padre en la política que terminó de la peor manera.
Cómo evitar la extradición a Estados Unidos
El tema fue que entre sus actos generosos a beneficio de la gente, también interpuso sus objetivos personales. Uno que lo preocupaba sobremanera fue pelear contra la extradición a los Estados Unidos que quería imponer el gobierno colombiano y el país del norte a los narcos. Y entonces se dedicó a reunir a lo más espeso de la mafia que manejaba la cocaína en todo el territorio, entre ellos dos capos de los más temidos del Cartel de Cali, los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela. Por entonces todavía no eran conocidos como narcotraficantes sino como empresarios y todavía no tenían prontuario.
Para ese cónclave tan importante para él, Pablo decidió convocar nada menos que a Virginia Vallejo, la conductora estrella de la televisión del momento, que además de desplegar sus habilidades profesionales durante el evento, deslumbró a Escobar, y juntos iniciaron una apasionada historia de amor.
Así Pablo pasó a formar parte del MRL (Movimiento de Renovación Liberal en el segundo puesto de la lista que llevaba como cabeza al letrado Jairo Ortega para la Cámara de Representantes. Su primer discurso político lo dio ante mil quinientas personas en el barrio La paz que lo vivaron de principio a fin.
Dos meses le llevó la campaña donde también debió enfrentar algún que otro mal momento como en la ocasión donde alguien pasado de copas lanzó un insulto contra todos los políticos. “Me contaron varios de sus guardaespaldas que dos policías sacaron a empujones al tipo, lo soltaron cerca del barrio La Aguacatala y se lo entregaron a hombres de mi padre que lo acribillaron a tiros”, relató su hijo en su obra, “Las historias que no deberíamos saber”, publicada en 2016.
