Claves para mejorar el sistema educativo en Venezuela con Antonio Canova (VIDEO - LaPatilla.com

Claves para mejorar el sistema educativo en Venezuela con Antonio Canova (VIDEO

Antonio Canova nos invita a imaginar una Venezuela diferente, una donde las libertades civiles, la educación libre y el esfuerzo individual sean el verdadero motor de cambio.

Las familias venezolanas en las zonas más golpeadas por la pobreza están impulsando nuevas formas de educación alternativas. Hablamos de las microescuelas que existen por todo el país.





También hablamos sobre todas esas ideas que podrían transformar el sistema educativo nacional. Antonio habla con optimismo y confía en la capacidad de los venezolanos para construir su propio futuro, sin adoctrinamiento ni caudillos. Es una conversación llena de ideas, entusiasmo y la certeza de que el milagro venezolano ya ha comenzado, silenciosamente, en las aulas más humildes del país. Espero que les guste.

Hola Antonio, ¿cómo estás? Un placer tenerte, ¿cómo te ha ido?
Bueno, placer es mío.
Estoy muy bien, estoy muy bien y con mucha ilusión y queriendo hablar del futuro.
Que bueno, me gusta muchísimo y eso es un poquito lo que quiero.
Quiero entender ustedes como asesores María Corina y del equipo de María Corina.
Cuéntame cómo están planificando ese futuro, cómo están anticipando las cosas en función a qué son los planes.

¿Han hecho evaluaciones, han hecho diagnósticos?
¿De verdad estamos listos para un nuevo gobierno o vamos a llegar y después que se van a empezar a analizar las cosas?

Mira, yo creo que si algo hemos aprendido los venezolanos después de esta tragedia tan dolorosa, tan dura, es que tenemos que empezar a creer en nosotros mismos y hacer las cosas por nosotros, y buscar nosotros nuestro futuro mejor. Y a través del esfuerzo y del mérito es que podemos resolver los problemas, y no estar confiando en otros, y mucho menos en políticos.

Yo creo que ese es el aprendizaje dolorosísimo que hemos tenido los venezolanos, de la misma forma que otras sociedades que han pasado por situaciones políticas, económicas, sociales como las venezolanas, han también aprendido esa lección.

El milagro económico alemán no ocurrió hasta luego de que ellos tuvieron esa experiencia nacional socialista.
Confiaron en un líder y el líder terminó destruyéndolos. De ahí en adelante ellos decidieron por sí mismos cómo construir el futuro.
Y es lo que hizo todo el sistema abierto de libertades de la Alemania Occidental, que es lo que se llama el «milagro alemán», por allá en 1945-48.

Pero esto se ha repetido en otros lugares y en otros momentos de la historia. Luego de la opresión, con todo lo que cuesta lograr acabar con ese sistema, se da un justo valor a la libertad, a la libertad individual, y a la capacidad que tenemos las personas de voluntariamente, libremente cooperar con otras, organizarnos con otras y poder crear las soluciones y poder mejorar nuestra forma de vida, y poder además lograr metas sintiéndonos valiosos porque son resultado de nuestro esfuerzo y no cosas simplemente regaladas.

Entonces la gente valora la libertad. Comienzan a valorarla, una vez que la pierden, al recuperarla comienzan a valorarla.
Los venezolanos la perdimos. Confiamos en caudillos, confiamos en que nos iban a resolver, confiamos en que teníamos derechos solamente por decirlo y que otros nos venían a dar, nos venían a satisfacernos. Somos una generación que se olvidó de esos valores que han hecho prósperas y justas y en paz a las sociedades y a las personas, que son los valores de la libertad individual. Esa fue la lección de todo esto.

Y viéndolo desde esta perspectiva, entonces, bueno, es muy fácil hablar de cómo es la Venezuela que queremos y que vamos a construir, porque entonces ya no es una Venezuela centrada en que el Estado resuelve, el Estado organiza, el Estado es el que da, el Estado es el que manda, el Estado es el que vive. El discurso vende mucho, pero al final nunca ejecutan. Ellos venden y venden y venden, pero no ejecutan lo que dicen. Porque ya nosotros sabemos eso, que si el Estado es el que organiza, se van a llevar el que pica y reparte la torta, se van a quedar con la mejor parte, si no con todas, y al final nos van a estafar a todos.

Si lo vemos así, bueno, todo el Venezuela Tierra de Gracia y toda esta propuesta para ese futuro de país tiene ese eje: es el eje de que vamos a sentirnos y a portarnos como gente capaz, gente que en libertad y voluntariamente puede cooperar y construir sin necesidad de un papá que nos dirija, nos controle y nos resuelva la vida. El Estado… nosotros lo podemos hacer.

—¿Dónde juega la educación ahí, en todo eso que me estás diciendo?
—El papel fundamental es la educación.

Porque cuando hablamos especialmente de la educación de los niños y jóvenes, dejando más de lado la educación superior, en la educación de niños es donde se crean los valores de la vida del niño y en especial donde se les da autoestima, donde el niño termina sintiendo, después de ese proceso de los primeros años, la familia y en su relación en la comunidad con otros niños, en la escuela.

Es que surgen los valores de: mira, yo puedo confiar en los demás, yo puedo trabajar y resolver problemas con los demás. Los demás no son enemigos ni competidores míos, sino que son más bien colaboradores. Entre todos podemos. Hay que tolerar las diferencias, aceptar que somos distintos y que eso no está mal. Seguramente al ser distintos somos complementarios.

Entonces esa primera educación es básica, es fundamental para hacer gente con agencia, autonomía, que pueda asumir sus derechos y responsabilidades, porque están atados unos con otros. Entonces fíjate de dónde venimos: tenemos un sistema educativo para niños y jóvenes que lo que tiene por fin es no solamente deformarlos y adoctrinarlos, sino quebrarlos.

El objetivo es quebrarlos, que los muchachos salgan de allí después de tantos años de estudio y ellos no sepan si son capaces de llevar una vida por sí mismos, más bien que sientan que necesitan de otro para poder vivir. Que no están seguros, que no están convencidos de que con su propio esfuerzo, de su propio mérito… porque no saben nada, porque lo que les han enseñado ha sido cosas inútiles, porque lo que se les ha venido enseñando son cosas que tienen poco que ver con la posibilidad de ganarse la vida a futuro.

—¿La educación primaria está adoctrinada en Venezuela?
—Sí hay un adoctrinamiento. Sí está. Totalmente y absolutamente.

Es que está hecha para eso.
Y cuando te digo adoctrinamiento, vamos a decir, hay un adoctrinamiento evidente, obvio, grotesco: que ponen afiches, cuadros de personalidades, culto a la personalidad, etcétera.
Pero también hay un adoctrinamiento que es peor, que es uno continuo, constante, poco a poco, y que va dejando unas ideas profundas en las personas.
Hay ese doble adoctrinamiento.

Se busca favorecer a la revolución, al partido, etcétera, por un lado, pero también se busca que los niños, desde pequeños, sean obedientes, que repitan sin chistar, que no tengan pensamiento crítico, que no piensen, que sean poco curiosos.
El sistema lo que busca son niños que repitan una cosa totalmente estandarizada, que está hecha con ese objetivo.

Y fíjate, por eso es que la prioridad la ponen en las efemérides.
Es una historia que cuentan, por lo demás, sin posibilidad de discutir, porque es un libro de texto que hay que repetir tal cual.
Y las evaluaciones son: si el niño repite bien lo que el Ministerio, con el libro de texto oficial, en el programa oficial único y obligatorio dice que tienen que saber los niños.

—¿Eso es doctrina cubana, no?
—Obviamente. Bueno, viene de más atrás. Eso viene del imperialismo prusiano.

Para diferenciar y para sacar a Alemania, para crear ese gran Estado-nación, ellos crearon un sistema, tenían que hacer un ejército, necesitaban gente obediente que le hiciera caso al Káiser.
Y por ahí, en 1850 o 1860, montaron un sistema que es exactamente igual al que tenemos nosotros ahorita.
El sistema prusiano, que terminó siendo muy efectivo desde el punto de vista del Káiser, porque ahí tuvo soldados ideales para ir a la guerra.

Mira, el sistema está tan estructurado que primero todos van uniformados. Después los dividen por años, por cada salón.
Está formado por el número como de unos 40, que es el número que tienen los pelotones militares.
O sea, es un sistema que tiene ese objetivo: crear personas, en este caso soldados, obedientes, poco críticas.

Ese sistema pasa de Prusia a la Rusia imperial.
Y de ahí pasa a los Estados Unidos.
¿Y por qué?

Porque es un sistema ideal también para formar operarios de industrias: personas que no piensen mucho, sino que estén todo el día operando una máquina. En la época de la Revolución Industrial, finales del siglo XIX y comienzos del XX, es cuando se implementa el sistema educativo también en los Estados Unidos con este mismo objetivo.

Pero era para formar obreros que no pensaran, que no reclamaran al jefe, que no cuestionaran las órdenes, que tuvieran mucho tiempo sentados frente a la máquina que iban a operar. Fíjate que por eso el sistema educativo tiene a los niños —niños de 6, 7, 8 años— sentados todo el día, callados, recibiendo una cantidad de información, cortándoles las posibilidades de que ellos mismos, por sí mismos, descubran, sean curiosos, investiguen. Ese sistema prusiano, totalmente estatal, centralizado, burocratizado, es el sistema que se viene aplicando luego en todos los países. Y en los países sudamericanos no hay excepción.

Ese modelo, con algunas pequeñas diferencias, es el que se aplica como regla en América Latina.
Y Venezuela, entre todos, es el que tiene el sistema —después de Cuba— más centralizado, más planificado, más dependiente del Estado.

Un sistema donde puedes ver tres cosas fundamentales:

Los tres grandes lugares donde puede haber libertad o control estatal en la educación.

El primero es en los contenidos: ¿Qué es lo que se enseña? ¿Por qué se enseña eso a cada niño en cada edad?

El segundo es el método: porque el método puede ser muy variado. Puede ser el modelo prusiano, si tú quieres hacer una sociedad donde todas las personas sean iguales.

Pero hay otros métodos. Hay otros métodos educativos.

También en escuelas, por ejemplo, se aplica el método Montessori o el método Waldorf. O hay cientos de métodos que son distintos.
Fíjate: en el Montessori ya no hay un programa preelaborado, sino que cada niño va aprendiendo según sus intereses, lo que más le gusta.
Es un programa, un pensum totalmente libre, porque al final los niños van a terminar descubriendo las cosas necesarias para la vida.

Y ahora con las nuevas tecnologías, la posibilidad de modelos educativos se ha multiplicado. Fíjate en las microescuelas.
En los Estados Unidos tienen un boom, una explosión, de dos o tres años para acá. Leí hace poco que en Venezuela también hay unas microescuelas, como clandestinas.

Cuéntame un poco eso.

Están en todos lados del país.
En los años 2000, un profesor inglés, James Tooley, se fue a la India, hizo una investigación y se consiguió con que los barrios más pobres de la zona —que ya es de las más pobres de la India— en Hyderabad había cantidad de microescuelas privadas de bajo costo para pobres.

De hecho, él hace una cantidad de investigaciones.
Comienza a estudiar ese fenómeno, ve que es un fenómeno al que va muchísima gente, es decir, familias pobres educándose a sí mismas, pagando por una educación, teniendo las escuelas públicas gratuitas al lado.
Y es que la familia —él hablaba con la familia— decía: “Mira, yo prefiero pagar porque así yo tengo cómo reclamar, así yo tengo cómo exigir.

Porque lo que es gratis no funciona. Los niños en las escuelas públicas no están haciendo nada, y aquí, en esta escuela de bajo costo, sí lo están haciendo”.

La cosa es que eso, que ya es una cosa estructural en la India, el profesor Tooley lo consiguió después en África.
Y en África, él se va para allá y es algo que ocurre en todos los países en los que se ha investigado: la existencia de este mercado informal educativo, en especial para niños de primaria, existe.

Y en Venezuela también existe.

Nosotros lo investigamos en el año 2021, hicimos unas investigaciones de campo en Petare.
Estamos hablando del 2021, saliendo de la pandemia.
Petare, tú sabes lo que es: el barrio más grande, populoso, violento de Venezuela, el más grande de América Latina.
No hay ningún otro barrio de Latinoamérica más grande que ese.

En Petare, nosotros nos conseguimos con que 39 % de los niños estaban acudiendo a estos centros de educación alternativa, al margen del Estado.
Centros de desarrollo pedagógico, tareas dirigidas…
Las familias venezolanas dedican una cantidad enorme de sus ingresos —las pobres e incluso las más pobres— en educación para sus hijos.

¿Por qué ocurre eso?

Porque obviamente se sigue pensando que a través de la educación está el motor para la superación, para el crecimiento, para la felicidad de las personas, para la autorrealización como tal.
Entonces es un fenómeno que está ocurriendo en todas partes.

Y me refería al método: las nuevas tecnologías han ayudado muchísimo.
Ahora hay muchas formas de aprender matemáticas u otros temas a través de plataformas tecnológicas.
Vean lo que es Synthesis School: ya tienes un tutor de matemática con inteligencia artificial que cuesta 30 dólares al mes y tienes a tu hijo con un tutor que aprende jugando.

Libertad: decía, retomar en el contenido, libertad en los medios de educación.
Hay algunos para los que es más fácil entender leyendo, otros viendo videos, otros jugando, otros interactuando. Porque cada quien es diferente.

Y hay otro aspecto donde también puede haber libertad en materia educativa: quién es el proveedor del servicio.
¿Tiene que ser solamente el Estado? ¿O también puede haber proveedores privados?

Entonces, fíjate, hay tres ámbitos donde puede haber libertad o control estatal en la educación:

Contenidos: ¿Qué se enseña y por qué se enseña eso a cada niño, en cada edad?

Métodos: Puede ser el modelo prusiano si quieres una sociedad de personas obedientes, pero también existen Montessori, Waldorf, y muchos otros.

Proveedor: ¿El servicio educativo puede venir solo del Estado o también de privados?

Lo que se busca es cambiar el modelo actual.

Al día de hoy, el contenido lo fija total y absolutamente el Ministerio de Educación de forma planificada, centralizada. Y sabemos hacia dónde tiende esa centralización: a fines partidistas, al adoctrinamiento.

Y como te decía, no en todos lados, pero lo que está pasando es que hay un movimiento abierto que busca mayor libertad educativa.

De hecho, fíjate lo que está ocurriendo en el mundo:
En vez de que sea el ministerio el que fija los contenidos, se buscan diferentes alternativas para que ese contenido esté libre.
En muchos países, por ejemplo, las escuelas mismas fijan los contenidos, incluso para cada alumno.
Porque cada alumno tiene sus propios intereses, habilidades, capacidades.

Claro, tú como gobierno puedes establecer unos mínimos:
La gente tiene que saber sumar, restar, multiplicar, saber algo de historia.
Pero una cosa es poner mínimos, y otra cosa es imponer un máximo total y absoluto.

Entonces ahí hay un ámbito enorme de libertad.
Y lo que uno quiere como padre es más o menos lo mismo:
Que aprenda a leer, que sepa calcular, que sepa relacionarse con otros, que coopere, que sea curioso, que tenga pensamiento crítico.

Entonces, por ese lado, el contenido como es ahora está totalmente estatizado, se usa con fines de adoctrinamiento y para quebrar la autonomía de los niños. Lo que se quiere es abrirlo, permitir que esos contenidos sean variados y se adapten a cada niño.

Eso es lo que está pasando en todo el mundo. Hay un movimiento impresionante en ese sentido. Y los resultados lo muestran: los estudios dicen que mientras más apertura haya, mejor.

Porque un sistema que educa igual a todos, como si todos fuéramos iguales, está propenso a fracasar.

El otro aspecto es el modelo educativo.
Tenemos uno predeterminado, el modelo prusiano, por más que se haya intentado disfrazar sigue siendo el mismo.
Formar a todos igual, no es un modelo que funcione.

En muchos países se está buscando que las escuelas tengan libertad de aplicar diferentes modelos.
Y que las familias puedan escoger el mejor modelo y contenido para su hijo. Y eso es fácil de saber: si el niño está feliz, acertaste.

Que haya esa competencia entre diferentes modelos y que las familias decidan. No un modelo impuesto para todos, sino muchos modelos compitiendo. Eso es lo que se quiere lograr.

Y el último punto: ¿Quién es el proveedor?
¿Tiene que ser solo el Estado o puede haber más amplitud?

En Venezuela se aceptan escuelas privadas, pero no son realmente libres.
Son concesionarios del Estado.
Nadie puede crear una escuela privada sin un permiso.
Y ese permiso exige tantos requisitos que es casi imposible.

Además, una vez que lo tienes, el Estado te dice qué programa usar, qué sistema de evaluación aplicar, incluso qué días dar clase.
Te fiscalizan constantemente.

Entonces, ¿son privadas? Solo en administración, no en libertad.

Un profesor argentino decía: «Te puedes vestir como quieras, pero tiene que ser de gris».
Así funciona.

Cuando ves el programa de Tierra de Gracia, la propuesta educativa es clara. Se busca que los niños desarrollen pensamiento crítico y autonomía. Que no sean obedientes ciegos, ni juzgados por alinearse a un patrón. Que las familias puedan elegir entre distintos tipos de educación. Educación pública, privada, en casa. En Estados Unidos, por ejemplo, la educación en casa supera el 10 o 12 %.

Una de las ideas fundamentales es implementar el sistema de vouchers o cheques escolares. Con ellos, todas las familias pueden elegir.
¿Cómo funciona?

No se trata de entregar dinero sin control.
Se trata de que existan proveedores registrados y mecanismos para asegurar que el dinero se use en educación.
Hay muchos modelos: becas, cuentas de ahorro para educación, vouchers universales.

Un buen ejemplo es Estados Unidos.
Cada estado tiene su propio sistema, y varios han implementado vouchers universales.
La familia cobra el voucher y decide a qué institución educativa enviar a su hijo.

Imagina Petare: una madre con dos hijos decide usar sus vouchers para llevarlos a un centro que le parece mejor.
Para evitar que se malgaste el dinero, existen sistemas de control: el dinero no va directamente a la madre, sino a la institución educativa donde están inscritos los hijos. Y se asegura que sea usada para fines educativos.

Esto no es teoría. En países como Chile, ya se hizo en los años 80. Los primeros resultados fueron muy positivos: se mejoró la educación.
Claro, el sistema no fue perfecto y hubo fallas. Pero lo importante es que se quitó el poder exclusivo al Estado y se le dio capacidad de decisión a las familias.

El problema con este sistema es que le quita poder al gobierno. Porque ya no puede decidir por todos, imponer un modelo único, ni controlar a través de la educación. Por eso a los gobiernos autoritarios les molesta tanto.

El sistema actual es ineficiente, adoctrinador, y caro. Los maestros están mal pagados, el contenido es inútil o dañino, y la administración gasta mucho. El voucher permite que el Estado financie a todos, en especial a los más pobres, pero sin imponer una sola opción.

En Venezuela, se estima que hay unos 7 millones de niños en educación primaria y básica. Algunos cálculos hablan de hasta 8 millones en edad escolar, incluyendo a los que no están inscritos.

El sistema de vouchers podría beneficiar a todos ellos. Y lo más interesante es que es más barato que mantener todo el sistema público con escuelas, maestros y burocracia.