
En apenas unos segundos, la tragedia pareció inminente. Un auto volando, otro que lo recibe de lleno en la cabeza. Una escena que hiela la sangre. Pero lo que hace no tantos años habría terminado en luto, hoy fue un susto enorme gracias a un elemento que ya es imprescindible en el automovilismo moderno: el halo.
La escena ocurrió en la segunda vuelta de la carrera sprint de Fórmula 2 en el Red Bull Ring, cuando el francés Sami Meguetounif (21 años), en una maniobra tan ambiciosa como temeraria, intentó superar por adentro a la joya de Red Bull, el británico Arvid Lindblad (17 años; estuvo en consideración para reemplazar a Max Verstappen en Red Bull si el neerlandés era suspendido en la Fórmula 1) en la curva 3. Claramente no había el espacio necesario para poder sorprender y pasar. ¿Qué pasó? Al tocar el piano interno y la tierra suelta, su Dallara despegó, se descontroló en el aire, pasó por encima del cockpit de Luke Browning, piloto británico de la academia Williams, y aterrizó en sentido inverso, “de cabeza”.
Video: X / @Formula2
El impacto fue directo, brutal, pero el halo respondió como lo viene haciendo desde su implementación obligatoria en 2018: con eficacia quirúrgica. El dispositivo de titanio, diseñado para proteger la cabeza de los pilotos de objetos o autos fuera de control, soportó el golpe que, sin su presencia, probablemente habría tenido un desenlace fatal. Aunque la velocidad no era extrema, todas las volteretas posteriores al toque podrían haber tenido consecuencias. La protección evitó una desgracia. O dos.
“Fue el peor susto de mi vida. Vi una sombra, sentí el golpe arriba de mi casco y después no escuchaba nada. Sólo sé que sin el halo, yo no estaría contando esto”, declaró Browning visiblemente conmovido, aunque ya en buen estado físico tras pasar por el centro médico del autódromo y someterse a los estudios de rigor.
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