
En Azuaga, a Antonio Sánchez le conocen como el Patilla y al taller de reparación de coches en el que trabaja como mecánico, el Chupa Aceite. El pueblo, Azuaga, está al sur de Badajoz, en el límite con la provincia de Córdoba, en España, y no llega a los 8.000 habitantes. Todo el mundo allí sabe quién es. Todo el mundo tiene miedo de hablar dando pistas que revelen su identidad sobre el cazador que presuntamente dejó morir a 32 perros de hambre en junio en su finca. No serían los primeros que han sufrido consecuencias violentas por hablar más de la cuenta, señalan varios vecinos, sin querer detallar cuáles. Tampoco nadie se siente cómodo contando que desde entonces hasta que el Seprona inspeccionó el lugar la semana pasada, los cadáveres han estado descomponiéndose, algunos atados con cadenas, algunos con signos de haber servido de alimento para aquellos que lograron sobrevivir unos días más.
Por: El País
Antonio Sánchez tiene cerca de cuarenta años, es hijo de un guarda rural y tiene una gran afición por la caza. La propietaria de un negocio en el centro lo define como “un pieza” y “una persona con muchos problemas”. La mujer señala que acababa de divorciarse, que últimamente “está un poco perdido”, y que eso puede haber influido en el presunto delito de abandono animal, por el que le está investigando la Fiscalía de Medio Ambiente de Badajoz y el Juzgado de Instrucción de Llenera, un municipio cercano a Azuaga. Según confirma la Guardia Civil, en este momento está en libertad. EL PAÍS ha tratado de contactar con él para conocer los motivos, pero no ha descolgado el teléfono ni contestado a los mensajes. En su foto de perfil de WhatsApp aparece un pitbull blanco.
Azuaga, 7.927 habitantes, 15 talleres de coches, cuatro mataderos y un campo de fútbol. La caza es el deporte popular por la proximidad a la sierra. Uno de esos episodios que marcó la identidad del pueblo fue la visita inesperada del Rey Emérito hace ya más de 30 años para practicar su puntería con animales en los bosques cercanos. Aquellos vecinos que no encuentran esa anécdota divertida, ni ninguna relacionada con matar animales, creen que los cazadores operan allí con total impunidad, saltándose todos los controles y restricciones que impone la ley.
En el municipio se cuenta la misma historia sobre qué pasó después de que se conociera el suceso de los 32 perros abandonados: El Patilla estaba poniendo a punto un coche para que pasara la ITV cuando le dijeron que su finca estaba saliendo en Canal Extremadura. Según esa historia, lo primero que hizo fue trasladarse a Llenera, un municipio cercano para entrar en un centro de desintoxicación y blindarse así ante posibles consecuencias judiciales. Sin embargo, desde el centro lo niegan.
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