Testimonios que muestran la gravedad de los mortales incendios en Chile - LaPatilla.com

Testimonios que muestran la gravedad de los mortales incendios en Chile

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Sandra Soto, de 62 años, no se quiso ir a dormir la noche del sábado 17 de enero.

Por BBC

Las llamas que se veían a lo lejos desde la casa que compartía con su pareja en la población Ríos de Chile, localidad de Lirquén, región del Biobío, la tenían inquieta.

Estaba sola y algo le decía que las cosas se iban a complicar y que no era seguro quedarse en el bloque de dos pisos en el que vivía.

Decidió llamar a un taxi para irse a la casa de sus padres.

Cuando volvió a la mañana siguiente para buscar su uniforme de trabajo se encontró sólo con escombros.

«Nosotros quedamos en la calle, todo se desintegró», le dice a BBC Mundo.

La técnica en enfermería es una de las tantas personas que lo perdieron todo en el que se considera uno de los incendios más agresivos de la década en el país sudamericano, y que afecta las regiones de Ñuble y Biobío, en el sur de Chile.

Lirquén, en la comuna de Penco, es una de las zonas más afectadas por los siniestros que ya han alcanzado 34.000 hectáreas.

El gobierno de Chile decretó estado de catástrofe y siguen los esfuerzos por extinguir los focos activos, mientras el país se viste de luto ante una tragedia que ya cuenta 20 muertos y decenas de heridos, desaparecidos y damnificados.

«No importa que lo hayamos perdido todo, estamos con vida»

No todos corrieron la suerte de Sandra en la población en la que vive.

La mujer explica que, al volver a su casa la mañana del domingo, se enteró del verdadero infierno que vivieron sus vecinos y familiares, quienes optaron por quedarse protegiendo sus enseres mientras las llamas se acercaban cada vez más.

«Al subir para acá yo no podía creer cómo quedó todo. Vimos cómo sacaban los cuerpos», relata.

«Aquí detrás de nuestra casa un matrimonio se quemó completo. Al frente otros vecinos muertos. Entonces, es muy grave», agrega.

En varios momentos de la conversación, Sandra se quiebra.

Dice que lo más fuerte para ella fue el temor que sintió por la vida de su familia.

Antes de irse en taxi donde sus padres, pasó a despertar a su hermana Marlenne Soto, de 56 años, quien vive en la misma población con sus hijos y su nieta.

Intentó convencerla de que evacuaran, pero ella no quiso dejar su casa. Tampoco su cuñada. «Yo les decía que arrancaran, pero ellas pensaron que estaba exagerando», recuerda.

«Les decía ‘por favor, vengan conmigo’. Pero me decían que no, que no era para tanto».

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