Sinfónica Juvenil elevó un canto de alegría (Fotos)

Sinfónica Juvenil elevó un canto de alegría (Fotos)

FOTO Alexander Gómez/ AVN

La solemnidad adquirió cuerpo musical este sábado, a las 5:00 de la tarde, cuando intérpretes de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas acompañada por un grupo del Coro Nacional Juvenil Simón Bolívar ofreció en concierto la Novena Sinfonía en re menor del maestro alemán Ludwing Van Beethoven.

Inspirado en el poema Oda a la alegría de Friedrich Schiller el compositor universal decide dar música a las palabras y trabaja para ello durante la mitad de los siglos XVIII y XIX, hasta que en 1824 se produce el estreno de la pieza a sala llena en Viena, Austria.

Los jóvenes venezolanos asumieron los cuatro movimientos musicales de la obra con la tranquilidad absoluta que se reflejó en la maestría de la ejecución y la coordinación vista entre todos los instrumentos que parecían una especie de danza área y terrestre.





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Describe la historia que en el inicio de la composición la humanidad se aflige por el destino oscuro que se avizora. La música en la sala del Centro de Acción Social por la Música, en el sector Quebrada Honda de Caracas, reinó en el ambiente con desmesurada resonancia abriendo las puertas a notas desesperadas y elevadas.

Violas, flautas, violoncelos y trombones se juntaron para hacer pausas silentes, correr hacia notas más rápidas y descender en ritmos en secuencia que apaciguaban la agonía en la sala.

Ya para el segundo movimiento el hombre emite respuesta y no una pasiva sino enfurecida por la incompetencia y las sin respuestas provocadas por el destino. Los instrumentos parecían una suerte de catedral reclamante de deberes y derechos que la música embravecida hacía fluir con total sincronización.

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La batuta de Dietrich Paredes iba de un lado a otro, punzando hacía adelante y hacía atrás hasta llegar al tercer movimiento en el que las pausas largas emergieron para sembrar la duda y también para conllevar a las debidas reflexiones en las centenares de butacas que estaban llenas de arriba a abajo.

“Alegría, hermosa chispa de los dioses” fue el grito con el que el tenor Idwer Alvarez empezó el cuarto movimiento precedido por la tormentosa relación humanidad-destino que recorrió la sinfonía desde el principio. Su voz, complementada con la de la mezzo soprano Katiuska Rodríguez, el barítono Gaspar Colón y la soprano Mariana Ortiz se quedaron en la sala para entonar la letra de la oda.

“Tu hechizo vuelve a unir lo que el mundo había separado” fue el canto que se reiteró para exponer que el candor de la música puede salvar a los corazones oprimidos. Según la critica especializada, este movimiento significa un símbolo de libertad y esperanza para la humanidad.

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La tristeza queda atrás, así como la incertidumbre. La alegría contagió al público mediante un cantar angelicalmente solemne que cubrió la sala de un silencio abrumador, adobado con algunos ojos alelados en el danzar de los instrumentos.

La oda se selló con la estrofa “Todos los hombres se vuelven hermanos/allí donde se posa tu ala suave.¡Abrazaos, criaturas innumerables!” y con ese grito al viento los aplausos se levantaron de los asientos para ovacionar a un sistema de orquestas que es referencia mundial por la labor del maestro José Antonio Abreu y por la carismática batuta de Gustavo Dudamel.

Un “bravo” coreado por el público de pie cerró el concierto cuando el reloj se acercaba a las 7:00 de la noche. Los comentarios iniciaron su acostumbrado fluir:

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“Me encantó. Excelente coordinación, además que es energizante ver a tanta gente escuchando música. Yo estuve sentada de última, en el balcón y sin embargo, la acústica fue increíble”, describió Dulce Marcano.

Por su parte, para Cleiver Ojeda significó el primer contacto con el sistema de orquestas y su experiencia la exclamó en una palabra: “¡Excelente!Bien sincronizado. Se lo recomiendo a toda la gente. Ahora vendré más seguido a disfrutar de estos conciertos gratuitos”, sostuvo.

Beatriz Pereira asistió con su hijo, orgullosa porque él es parte del núcleo San Agustín del sistema musical venezolano. “Me gusta traerlo para que vea lo que será su futuro. Para mí es un orgullo que él forme parte de la experiencia porque la música forma otro tipo de seres humanos, más sensibles con su realidad”, explicó.

Cada domingo el Centro de Acción Social por la Música ofrece conciertos gratuitos para la población caraqueña. En ellos alterna la participación de las distintas orquestas que forman el sistema para que la gente tenga la oportunidad de conocerlo en su conjunto. AVN

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