Aquiles Esté: A la Memoria de Gustavo Nuñez (El espacio mudo)

Jun 6, 2013 10:11 pm
Publicado en: Opinión

Gustavo Núñez

Le decimos huérfano al que ha perdido un padre, o viuda a quien pierde el esposo, pero el lenguaje guarda silencio para designar a quien padece la pérdida de un amigo. De pronto se nos impone un espacio mudo que nos obliga a fabricar alguna metáfora o a inventar alguna comparación que ubique el infinito dolor que se siente con la desaparición física del amigo. Es torpemente ese vacío del idioma el que apenas intento llenar al referirme a Gustavo Nuñez, fallecido este 25 de mayo en Ciudad de Panamá, en un instante ilógico y monstruosamente prematuro que ha dejado a quienes le conocimos, materialmente sin palabras.

No fue Gustavo una figura pública, pero perfectamente se le puede considerar como uno de los miembros más destacados de su generación. Gustavo, para abreviar, es coautor del sistema productivo que permitió  la fabricación a gran escala de la Orimulsión, una patente de la otroraPDVSA que permite licuar con agua el petróleo viscoso del sur de Venezuela.

No conozco a nadie que haya estado cerca de Gustavo y no hubiere sentido la influencia de su generosidad, su poderosa personalidad y de sus anticipados puntos de vista. Gustavo fue en buena medida el producto de la concepción integradora de las ciencias y las humanidades que proyectó el filósofo Ernesto Mayz Vallenilla para la Universidad Simón Bolívar. En esos cursos, por allá por los tardíos años 70, salieron esos muchachos que entendían que la luna poética y la científica, eran, al final del día, la misma luna. De ese crisol salieron venezolanos brillantes que en su mayoría han abandonado el país, huyendo de la debacle moral, social y económica que representa el chavismo.

Junto a otros destacadísimos ingenieros, Gustavo tenía por cierto el prestigio de haber sido declarado “traidor a la patria”, por su compromiso al intentar evitar que PDVSA fuera usada como caja chica del proyectoanti-nacional que está en curso en Venezuela. En eso también fue anticipado. Con sus ideas y su talento, fue a dar con su familia a Panamá, donde dirigía un exitosísimo laboratorio especializado en mecánica de fluidos, un tema en el que Gustavo era reconocido como una autoridad mundial.

Le debo mucho a Gustavo. Gracias a su presencia empecé a estudiar guitarra clásica, hace 35 años, cuando tocábamos juntos en Nenketaba, una banda que Gustavo liderizaba y que mezclaba instrumentos acústicos, sonidos electrónicos y las letras primeras de Antonio LópezOrtega, quien es hoy un escritor de cancha internacional. Gracias a Gustavo tuve acceso temprano a un modo de actuar y pensar, siempre en cruce entre las humanidades, la tecnología y los negocios, un punto de vista que ha sido determinante en mi vida.

Es una ironía que se haya ido tan temprano y además, fuera de Venezuela, cumpliendo un exilio absurdo que sirve para dar ejemplo del modo como la claque usurpadora desprecia el talento y el mérito. A su familia, a sus hijos, a su adorable esposa, Carolina, mi gratitud, afecto, mi respeto y solidaridad invariables. Les ruego me perdonen por no haberlos acompañado en Panamá.

Por lo pronto, les hago llegar estas palabras torpes.




VPI/LaPatilla

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