Nuestra Señora de Consolación de Táriba: La tabla mariana más antigua parece como acabada de pintar

Nuestra Señora de Consolación de Táriba: La tabla mariana más antigua parece como acabada de pintar

El camerino de la Virgen está a temperatura ambiente; sobre el relicario se observan varias condecoraciones y órdenes conferidas a la patrona.
El camerino de la Virgen está a temperatura ambiente; sobre el relicario se observan varias condecoraciones y órdenes conferidas a la patrona.

Todos los días llegan devotos al despacho parroquial de la Consolación, a ofrecer misas en acción de gracias por favores venidos del cielo. A 416 años del milagro mayor, cuando el retablo encandiló toda la comarca, Diario La Nación radiografía la imagen y su protección con la ayuda de los que más saben. En la ciudad primogénita del Táchira también se conserva la pintura de María de más antigua veneración en América, una hipótesis planteada por el investigador de Historia del Arte, Samir Sánchez. Desde un contexto iconográfico e iconológico, Sánchez ubica el arte pictórico de la tabla de Táriba siete siglos atrás. También antiquísimo es el hermoso relicario que resguarda la imagen. Su reciente restauración constituyó un milagro para el orfebre y experto en vasos sagrados, Samuel Carrillo, quien sustituyó cientos de tachuelas negras por brillantes clavos de plata. Dos visiones de una misma realidad social. Como obra de arte, la Consolación es Bien de Interés Cultural de la Nación. Como ícono mariano, es fuente de inagotables intercesiones milagrosas ante Dios.

Daniel Pabón
Fotos/Carlos Eduardo Ramírez

 





I. La tabla y su marco

En realidad Nuestra Señora de Consolación de Táriba está sentada, aunque la vista puede captar, en una primera impresión, como si estuviera de pie, debido a lo frontal y a la ausencia de una perspectiva correcta en las formas. La tabla de madera de roble con su imagen devocional mide 31,5 centímetros de alto por 21 de ancho, con espesor promedio de 1 centímetro. Son datos que hablan: coinciden con medidas medievales, propias de los siglos XIII al XV.

Es información contenida en la investigación “Nuestra Señora de la Consolación de Táriba, una pintura sobre tabla del Románico en América” de Samir Sánchez, profesor de Historia del Arte en la Universidad Católica del Táchira y autor de varias publicaciones científicas.

Con base en un sistema de relaciones iconográficas, el investigador sostiene una hipótesis que, aun sin haberse corroborado por métodos tecnológicos o de valoración en laboratorios, de solo escucharla eriza la piel del pueblo creyente del Táchira: “Nos hallamos ante la pintura mariana de más antigua veneración que se conserva en América”.

La madera presenta 29 perforaciones, herencia del paso de los siglos. Su pintura y sus colores, también hablan: se aprecia un alto contraste de luces y sombras que recae sobre la imagen central de María y el niño, con fondo oscuro neutro. “Encuentran una acentuada correspondencia con la técnica pictórica empleada en las tablas al temple de los siglos XII y XIII, de los retablos románicos franceses y castellanos”, correlaciona Sánchez.

De anónimo autor (la tabla pintada no presenta marcas ni firmas), el modo como las figuras y objetos fueron representados y ordenados responde, de acuerdo con el docente universitario, a la antigua “perspectiva naturalis”; una técnica que tuvo auge en Europa desde la Edad Media hasta el Renacimiento.

La tabla fue fijada bajo un marco o guarnición de madera, conformado por cuatro listones. Sánchez documenta que la unión o modelo de encuadre que presenta el marco era el más común en la Europa de los siglos XIV y XV.

II. Colores

El camerino donde la Consolación permanece todo el año, además de bien asegurado con llave, está a temperatura ambiente. Recomendaron que fuese así, sin aire acondicionado, para la preservación del retablo, apunta el presidente de la Cofradía de la Virgen, Jesús Reyes. Con paredes de mármol, es un espacio íntimo. Por encima del calor que pueda hacer, lo que más se siente allí es la fuerza de Dios.

Sánchez argumenta en su estudio la hipótesis del empleo de pintura al temple en el retablo de Táriba. Con relación a esta capa pictórica, la investigación describe lo que también pudo ratificar un equipo de Diario La Nación: no tiene zonas o áreas con óxidos, algo generalmente inevitable con el paso del tiempo. “Al contrario, y como algo digno de admiración, presenta un mate límpido en su textura superficial, conservando todos los colores su nitidez y viveza (…) Pareciera como acabado de pintar, aun después de haber transcurrido más de 400 años de estar expuesto a la veneración pública y a las vicisitudes de los tiempos”, aprecia el académico.

Jesús Reyes, el presidente de la Cofradía, también atestigua que la tablita tiene sus colores cada vez más vivos y naturales. “Ahí está la mano de Dios”, asegura, con solemnidad.

III. Ropajes y elementos

En el cuadro todo se ordena en torno a un eje central: la imagen del Niño Jesús como Salvador del mundo. Que esté desprovisto de símbolos de divinidad, es propio del arte medieval. Que afiance su pie derecho y distienda el izquierdo, sigue los modelos de la época bizantina. Que porte en la mano ese modelo de orbe, se corresponde con la representación usada antes de Copérnico (1473-1543). Hasta por la orientación de su mirada, se infiere que la tabla es del siglo XIII o XIV.

María, entre tanto, está sentada en un trono imperceptible al observador, razona Sánchez. Su rostro, luminoso, “coincide con la técnica pictórica oriental o bizantina, de los siglos VII al XIII, y la fisionomía coincide por igual con la tradición iconográfica bizantino-románica”. Se trata de un rostro almendrado, ojos entre grisáceos y aceitunados, mentón acusado, nariz achatada, mejillas algo sonrosadas y labios carmín gruesos y salientes.

Tiene cuatro ropajes: saya, túnica, manto y toca; o tejido alrededor del rostro y cerrado al cuello (otro rasgo de imágenes del siglo XIII). El manto, verde, responde por igual al canon de las tallas de las vírgenes negras románicas. “En el retablo de Táriba, el autor del cuadro ubicó en tiempo y espacio a la imagen de María, vestida según los usos del traje de las mujeres casadas en la Europa del siglo XIII”, sentencia el autor del estudio.

El único ornamento que presenta la tabla es la luna creciente invertida, de oro y con gemas, sobre la corona de la Virgen, advierte Sánchez. Obra de la orfebrería tachirense, fue donada como exvoto en 1937. Otros elementos secundarios terminan de componer la sagrada pintura: un arco, tres lámparas, un acetre (caldero), una crismera, unas muletas y una palmera. Todos dotados de simbolismo, siete siglos después.

29 perforaciones presenta el retablo, son herencia del paso de los siglos.

 

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