María Corina los pone nerviosos, por @ArmandoMartini

Mar 20, 2017 8:37 am
Publicado en: Opinión

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Desde sus inicios en Súmate, ganó contrariedad y antipatía del oficialismo y sectores opositores. La pregunta ¿por qué? No se esconde, se niega utilizar triquiñuelas políticas, no disimula lo que siente, y además lo dice. Sabe quiénes están con quién y en qué, no admite burlas, se hace respetar. Tiene más guáramo que muchos, en especial, de aquellos que buscan rumbo envueltos en politiquería.

Son demasiados los que se creen dirigentes porque politiquean, pero terminan, como tantos que conocemos, empastelados y aturdidos. No le ocurre a María Corina, por eso, tiburones políticos la rechazan. No ejerce de adivina, es su profundo conocimiento de la realidad y carácter descarnado del régimen; los conoce, hace advertencias que su reflexión, formación y conciencia le dictan, sin concesiones ni martingalas. Por eso y mucho más, ha sido dura e injustamente criticada, difamada, insultada, combatida y relegada. Opaca a tirapiedras por muy pomposos, produce envidia a líderes fundamentados en la falsedad y no se somete a intereses subalternos y soterrados.

Una líder como hay pocas y debería haber muchas en esta Venezuela aturdida, hambrienta, amedrentada. Venezolana integral con legítimas aspiraciones, que no niega ni tiene por qué hacerlo, que no cede posiciones ni principios. Podría escoger el camino de la demagogia y no lo hace, dice verdades, no se refugia en argucias elocuentes, aún a sabiendas que las hipocresías complacen y las realidades molestan. No recurre al atajo discursivo que ciertos opositores tienen por costumbre para no indisponer -y menos aun- indisponerse con Maduroflores.

Podría ocupar posiciones que disfrutan de parte y parte, que más de uno ha obtenido consintiendo y expresando lo que asumen las personas ambicionan oír, haciendo promesas y planteando ideas que se evaporan, pura palabrería; poseen una envidiable claridad meridiana en pendejeras. No hace gala de reacomodos verbales, es clara su visión sobre la crisis de Venezuela. No es doble cara ni doble moral, como conocidos y cada día más desprestigiados especímenes de la fauna política, que entregan lo que no es de ellos, como lo han hecho con las esperanzas y sueños de millones.

María Corina tiene sentido sólido de su deber. Es frase común platicar, a veces pontificar, sobre el coraje de la mujer, madre a la vez que trabajadora, esposa que aguanta intemperancias y abusos para mantener su hogar. Pero la realidad es otra, seguimos teniendo un sótano mental machista, pretendemos demasiadas veces usar mujeres como resguardo para mantener la familia sin involucrarnos en el detallado manejo diario del hogar, como proclama política para captar votos o simple pretexto para hacer creer, incluso a nosotros mismos, que no somos machistas.

Sin embargo, el teatro de astracanes falla, se quiebra, cuando encontramos a ésas mujeres venezolanas de verdad, que plantan cara, conciencia y coraje a las mentiras y perversidades. Incitan comentarios, tanto si las entienden, que son pocos, como si no las comprenden, que son muchos más. Ésa es la clase de mujer no sólo del siglo XXI, sino de toda nuestra historia. Desde aquellas, que aún sometidas por reglas de primacía masculina en tiempos pretéritos, forjaban grandezas y sentidos de obligación en sus hijos para llegar a ser las bases y columnas de la historia.

Tiempos presentes han bendecido con libertad y participación a la mujer, no porque hubiesen surgido por obra y gracia del Espíritu Santo, o galanuras a unos con pensamiento justo; sino que esos hombres ampliaron los campos porque las mujeres, generación tras generación, mantuvieron su lucha, dignidad, salieron a las calles, protestaron y se impusieron.

Todo, sin dejar de ser madres y esposas. Han sido y siguen siendo formadoras básicas de las costumbres, ética ciudadana, sentido vocacional; las mismas que pasaron noches en vela cuidando hijos enfermos, actuando solas cumpliendo el doble papel de madre y padre cuando con demasiada frecuencia son abandonadas por irresponsables e ineptos de compartir el difícil oficio de sacar adelante una familia.
María Corina Machado, símbolo del sentir venezolano profundo, ése que un grupo de inadaptables se ha dedicado a deshilachar para cambiarlo por ejemplos siniestros que les envían desde el fracaso social monumental que es la ruinosa revolución cubana.

María Corina debe ser defendida, reconocida con virtudes y defectos -todo ser humano los tiene-. Cuán diferente seria la historia, si nuestros dirigentes políticos hubieran sido como ella ahora y un cuarto de siglo atrás. Necesita refuerzo ciudadano, no de partidos, que no por nuevos son menos tradicionales, con la diferencia que no tienen aquellos líderes de décadas pasadas que lucharon contra tiranías, prisiones, torturas, persecuciones, exilios, y supieron desarrollar ideologías desde fiebres de juventud hasta fundar una democracia tan sólida, que 18 años de comunismo absurdo, nulo y torpe, pero hábil en artimañas y delirios, no han podido arruinar del todo.

Escucharla, sentir sus señalamientos, tomar en cuenta sus advertencias, no opina porque se le ocurra, sino que no oculta lo que observa, entiende y analiza. Lo dice, duélale a quien le duela, gústele a quien le guste. Actúa con la frente en alto, no trampea, no hace trucos ni malabarismos politiqueros, no sabe lo que es hipocresía partidista, que tanto daño nos ha hecho y sigue haciendo.

Se trata, de ver la Venezuela actual con claridad, sin otro compromiso que nuestro país de formación, madurez y vida. Y esa realidad nos está mostrando la enorme fortaleza que tenemos en nuestras mujeres. Una fuerza que sostiene los principios, la moral, el empeño frenado, pero no destruido, de regresar a la libertad, al destino que hemos querido y siempre anhelado. Que en libertad y democracia verdadera podemos construir.

María Corina Machado es una mujer para reflexionar, figura de excepción que ha luchado con fuerza propia, tenacidad, perseverancia y autenticidad. No precisa que le expliquen las diferencias y cercanías entre diálogo, transacción y transición. Es indispensable tomar en consideración sus sentires y ponencias, los momentos que se avecinan, lo requieren. No hacerlo seria, más que una torpeza, una estupidez sin límites.

@ArmandoMartini

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