Nicolás Maduro y el virus informático “WannaCry”; por @MichVielleville

May 19, 2017 4:27 pm
Publicado en: Opinión

thumbnailMicheleViellevilleEl pasado viernes 12 de mayo el planeta fue testigo de uno de los ciberataques más grandes de la historia. Más de 100 países fueron víctimas de un virus informático llamado “WannaCry” (WC) que bloqueó información en 200.000 ordenadores de importantes organizaciones y empresas internacionales, exigiendo a cambio pagos en cantidades que oscilaban cerca de los 600$ en monedas virtuales, para desbloquear los datos robados. Una situación que colocó en riesgo la ciberseguridad internacional y encendió las alarmas en distintas instituciones encargadas de garantizar la seguridad digital mundial, a raíz de las infecciones masivas registradas.

Reino Unido, Turquía, Rusia, Taiwán, Ucrania y España se cuentan entre los Estados con mayores reportes de ataques verificados. En el lenguaje informático, la particularidad de “WannaCry” (cuya traducción al español es “quieres llorar”) es que es un virus de tipo “ransomware” que secuestra datos en cantidades masivas de distintas plataformas informáticas, y luego procede a solicitar un rescate que debe ser pagado en bitcoins (un tipo de moneda digital) para poder acceder nuevamente a esos archivos infectados. Este virus encarna la forma de un gusano y adquirió la habilidad de poder trasladarse por cuenta propia en la red, logrando infectar las máquinas más vulnerables de importantes organizaciones.

La empresa de telecomunicaciones española “Telefónica”, la compañía de trenes alemana “Deutsche Bahn (DB)”, algunos bancos rusos, la empresa francesa automovilística Renault  y varios hospitales del Servicio Nacional de Salud en Reino Unido (o NHS) figuraron en la larga lista de instituciones que fueron severamente golpeadas por WC, mostrando severas alteraciones técnicas en sus sistemas de seguridad y de finanzas. Entre las principales explicaciones que se enunciaron, se pudo especular que por ser organizaciones cimentadas sobre la base de plataformas informáticas de gran extensión, ello pudo haber sido una de las razones por las cuales se encontraron en situación de vulnerabilidad sus sistemas de información, y fueron mayores los estragos de esa ofensiva de la ciberdelincuencia mundial que resultó completamente inesperada.

Nuestro país no ha sufrido directamente los efectos de este ciberataque mundial. Quizá resulte suficiente con el tipo de “ransomware” que lleva desarrollándose en su interior desde hace más de 17 años con la autodenominada revolución. La particularidad de este virus es que no secuestra datos, sino poderes públicos. No bloquea archivos, sino la voluntad popular.

Nicolás Maduro y su revolución no sólo han secuestrado las instituciones del Estado de derecho venezolano, sino también las elecciones para elegir a Gobernadores, legisladores estadales, alcaldes y concejales municipales. Ahora con eso de la Constituyente, no quedan dudas de que la línea estratégica consiste en bloquear la democracia, al costo político que sea.

La trampa del gobierno consiste en convocar arbitrariamente una Constituyente ilegítima que busca crear una nueva Constitución, pero comunal, y por medio de mecanismos ajenos a las bases normativas que establece la propia Constitución de 1999. De esta forma, análogamente a cómo actuaría el virus WC, el gobierno de Maduro intenta secuestrar el ordenamiento jurídico para poder pedir a cambio un pago, esta vez no en bitcoins, sino sacrificando la protesta o negando la convocatoria a elecciones de cualquier naturaleza. Saben que no tienen el apoyo del pueblo. De ahí entonces que incluyan entre sus planes diseñar un modelo de Estado corporativo al mejor estilo del fascismo italiano de Benito Mussolini, para sectorizar la voluntad popular de un modo en el cual puedan preservar su poder, profundizar los controles, y lo más importante: dejar completamente de lado a la oposición.

Curiosamente la posición de los maduristas radicales no parece mostrar ninguna condescendencia con la Constitución de 1999, creada por el comandante supremo. Han decidido jugar al todo o nada, sin tomar en cuenta que cada día se encuentran peor parados frente al mundo y desilusionando a los pocos seguidores que todavía tienen. Peligrosamente han elegido comprar tiempo, sin medir el tamaño de la deuda política que una medida de tales dimensiones deja para ellos.

Represión desmedida, 48 personas asesinadas, 946 protestas registradas en menos de 37 días, y miles de ciudadanos detenidos. Agréguele 92, 8% de inflación acumulada sólo hasta abril de 2017, escasez, hambre, y destrucción del aparato productivo. Súmele las alarmantes cifras publicadas por el Ministerio de la salud que le costó el cargo a Antonieta Caporales, donde se menciona un incremento de la mortalidad infantil de 30,12% y materna de 65% en Venezuela durante el 2016: 11.466 neonatos y 756 madres fallecidas. Sin duda, las consecuencias de los ataques de WC en el mundo se han quedado cortas, comparadas con los estragos que ha dejado la revolución.

 

Nicolás Maduro representa un serio peligro para la salud democrática de la República. Su intento de limitar o impedir el acceso a los ciudadanos a la democracia, para luego abrir de nuevo esa posibilidad de una forma disfrazada con eso de la Constituyente, significa un secuestro a la voluntad general de todo un pueblo con deseos de cambio. En concreto, este proceder no deja de guardar un gran parecido con el virus informático “WannaCry”. No por casualidad, la mariposa procedió del gusano. Saque usted sus propias conclusiones.




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