Orlando Ochoa: “El problema económico está supeditado a una salida política” (entrevista)

Jun 3, 2017 8:35 am
Publicado en: Actualidad, Entrevistas, Nacionales
Orlando Ochoa Foto: Archivo
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Hay tres dimensiones del conflicto. Una, en la calle. Otra, en la comunidad internacional. Y la tercera está en el ámbito económico-financiero, donde la situación crítica es lamentablemente auto-infligida. Así lo analiza el economista venezolano Orlando Ochoa (PhD Oxford) en entrevista a Frances Badia i Dalmases, editor de Democracia Abierta (España)

Francesc Badia: El deterioro acelerado de la situación en Venezuela preocupa al mundo. Asistimos a una polarización política extrema, pero lo importante es saber qué esperanza queda de encontrar un terreno común, para preparar una salida a esta situación insostenible, ya sea a través de una transición ordenada, de un calendario electoral pactado, de una solución que nos dé esperanza en estos momentos difíciles. La economía se hundió…

Orlando Ochoa: sí. Más allá de la forma que pueda tomar una salida política, (un cronograma electoral, una renuncia del presidente Maduro, una transición acordada para terminar su periodo, lo que sea), no podemos cerrar ninguna puerta. Vivimos un periodo de deterioro económico muy acelerado en los últimos cuatro años, pero particularmente en los últimos tres años. No solamente la caída del Producto Interno Bruto, total y por habitante, donde pasamos de una caída de entre el 4 y el 7%, en 2014 y 2015, según la medición oficial – aunque las cifras son poco fiables, porque las estadísticas han sido influidas por criterios políticos en el directorio del Banco Central –a una caída el año pasado (2016), según las cifras proveídas por el propio banco central extraoficialmente, de entre el 18 y el 21%, lo cual acumula en tres años una caída de al menos 30% del PIB. Ese tipo de colapsos solamente se observan en un país en guerra, y en el caso de Venezuela ocurre, no porque haya una guerra económica, sino porque ocurren dos cosas, para simplificar. Una: es un proceso de inflación disparada, que ya pasó a cientos por ciento (nuevamente la verificación de las cifras es problemática), pero las estimaciones van desde quinientos y tantos porciento hasta ochocientos por ciento el año pasado, con ajustes salariales por decreto presidencial que van rezagados, y que en el mejor de los casos pueden llegar a menos de la mitad. Por lo tanto hay un empobrecimiento, básicamente por caída del poder adquisitivo. Pero además, por el lado de la oferta, la industria y la agricultura venezolanas no reciben insumos importados, ni los de las empresas básicas estatales; no reciben equipos porque no hay divisas para ello. Y no hay divisas porque hay un control de cambios, porque ha caído el precio y el volumen de la exportación petrolera agotaron las reservas internacionales y porque las actividades exportadoras distintas al petróleo fueron desapareciendo debido a las distorsiones económicas y a las expropiaciones del gobierno de Hugo Chávez.

En ese ambiente de deterioro, donde la producción agrícola e industrial cae por falta de insumos, se añade el problema de la distorsión del control de cambios, controlado por algunos ministros, que acumula una amplia corrupción, y que ha provocado grandes importaciones públicas, concentrándose en alimentos, medicamentos, y algunos otros rubros, pero dejando fuera todos los demás elementos de la vida moderna, que el sector privado podía importar en algunas ocasiones, pero podía ser perseguido por fijar precios con la tasa de cambio del mercado negro, y que por lo tanto ha sido reprimido. De ahí, ese suministro intermitente, los precios han subido en los mercados negros a niveles aun más altos de lo que marca la inflación promedio. En resumen, tenemos un proceso de empobrecimiento muy acelerado en tres años.

Francesc: ¿Cómo influye esta situación de empobrecimiento tan rápido en la búsqueda de la salida política? ¿Cómo influye la presión del tiempo?

Orlando: El tiempo de buscar una solución política podría ser más tranquilo de evaluar, más allá de las presiones de los mismos políticos. Pero la velocidad del deterioro socioeconómico, el hecho de que está vinculado a problemas macroeconómicos, a la tasa de inflación, a la forma en como se financia el déficit fiscal, (a través del financiamiento del Banco Central), a un régimen cambiario disfuncional, con alta corrupción, y a un sector privado en decadencia, hace que esto sea una situación donde en tiempo juega en contra y, por lo tanto, la búsqueda de una solución a este problema pasa por el cambio político oportuno, por la solución política. Porque en todo estos problemas socioeconómicos que hemos descrito hay fuertes elementos ideológicos y populistas en sus causas.

El elemento ideológico de izquierda extrema, y el elemento populista, el clásico, que es tanto de izquierda como de derecha, que consiste en gastar, en subsidiar al votante para incluirlo en una red clientelar del Estado, y para tener un argumento de defensa de la soberanía nacional versus los traidores de la patria, con un efecto polarizante, que presenta siempre la situación como una batalla de lucha de clases sociales, en el sentido más clásico del marxismo-leninismo del siglo XX.  De modo que el problema económico está supeditado antes que nada a una salida política y a un abandono de una ideología anti-mercado y, en efecto, anti-democrática.

Francesc: Esto me da pie a preguntarte por la actitud de la oposición. Sabemos que el gobierno está en una actitud defensiva, en un escenario de aislamiento, de intentar capear la tormenta, pero la oposición tiene una agenda bastante decidida y está intentando que haya un desbloqueo de la situación. La oposición está constituida por una diversidad de partidos, en lo que se ha llamado el G-4 , o el G-4 + 5, o sea el G-9, y hay esta estrategia de protestas que, por un lado, debilita al gobierno, pero por otro introduce un elemento de tensión añadida en el país bastante insoportable, e incluso peligroso para mantener la estabilidad general, lo que es muy complicado en estos momentos. ¿Qué debería hacer la oposición?

Orlando: Sí. La oposición es consciente de la difícil situación provocada por el deterioro socioeconómico, y uno de los puntos que ha solicitado para avanzar en la agenda del país es que esta situación de emergencia sea aceptada por el lado oficialista, en un esfuerzo que pueda conducirnos a abrir un canal humanitario, a abrir las puertas a recibir ayuda humanitaria, que ya ha sido ofrecida para los casos de escasez de suministro de medicinas especiales o para apoyo nutricional. Es una situación dolorosa. La oposición, por otra parte, que está constituida por lo que tu bien definías como el G-4 (cuatro grandes partidos) y el G-9 que incluye a los 5 otros partidos pequeños, tiene por delante una tarea de coordinación, y a veces puede haber algunos signos de diferencia, y tiene que haberlos, es normal. Por un lado, hubo un intento de negociar con el gobierno cuando había una percepción nacional e internacional de que se debía hablar, y por otro existe hoy una necesidad de buscar acordar un cronograma electoral, es decir: vamos a cumplir con la elecciones de gobernadores, luego de alcaldes, y luego las presidenciales; y si fuera posible, estas últimas, adelantarlas.

Francesc: ¿Por qué?

Orlando: Por que hay una situación de crisis de una magnitud desconocida en el país desde principios del siglo XX . En un siglo de datos sobre Venezuela, y no es una exageración, no hay nada parecido a esto, una crisis que además podríamos definir como endógena, producida desde dentro, por razones políticas y económicas auto-infligidas, sin un conflicto externo y sin una guerra civil. Ante esta situación, la oposición tiene una tarea compleja: debe concentrarse en la búsqueda de una solución política, para poder luego perfilar cómo encarar esta situación socioeconómica tan crítica. Y por otro lado, está la comunidad internacional, donde se han tratado los planteamientos sobre la situación de Venezuela, comenzando por el foro de la OEA, y siguiendo por la ONU, que ya ha tomado una posición de participación y observación más activa en varios campos; también por Mercosur y por la Unión Europea.

Francesc: Parece claro que estamos ante un conflicto multidimensional, cuya salida habrá que trabajar en distintos frentes, ¿no es cierto?

Orlando: Efectivamente. Creo que podemos hablar de que hay tres dimensiones del conflicto. Una, en la calle (la política de movilización de la oposición). Otra, en la comunidad internacional. Y hay otra dimensión, que es en el ámbito económico-financiero, donde la situación crítica es lamentablemente auto-infligida. El gobierno, al desconocer a la Asamblea Nacional, se quedó sin una ley de presupuesto y sin una ley de crédito público aprobada, y al no tenerlas (en eso la constitución es taxativa) hay un riesgo real de desconocimiento futuro de operaciones financieras, puesto que la constitución plantea, como prácticamente en cualquier sistema parlamentario del mundo, que las leyes presupuestarias deben ser aprobadas por la cámara. De manera que el gobierno tiene, en la dimensión financiera, un problema añadido, que es el servicio de la deuda denominada en bonos del Estado y de la estatal PDVSA (Petróleos de Venezuela), además del servicio de otras deudas importantes, incluyendo la contraída con China, que es fuerte, y cuyo servicio será más fuerte a partir de 2018. Carece de liquidez para mantener las importaciones básicas, mantener un suministro de insumos, de equipos para la industria petrolífera venezolana, de gasolina (porque las refinerías venezolanas no están funcionando bien) y de diluyente para mezclar con el crudo extra-pesado, que es muy costoso, de manera que es un gobierno comprometido en varios frentes.

Francesc: Ya has mencionado a la comunidad internacional, pero me gustaría abundar un poco en su papel en el conflicto actual. ¿Cómo lo ves? ¿Hay un rol a jugar por parte de los distintos actores multilaterales, a partir de las tomas de posición de los distintos países?

Orlando: La discusión, las resoluciones internacionales de los distintos organismos, los mensajes de exhortación de los distintos gobiernos, sean incluso directamente los jefes de Estado, en conversaciones con el jefe del Estado de Venezuela, todo esto ha generado un clima donde el gobierno de Nicolás Maduro se siente bajo presión. Hay escrutinio en temas que, si recordamos los tiempos en que llegó el chavismo, eran muy caros para ellos: el interés en lo social; el respeto a los derechos humanos; la legitimidad democrática; y el reconocimiento internacional a una Venezuela que, bajo los primero años de Hugo Chávez, tomó un papel muy activo en influir en la política y en sectores de la izquierda en varios países. La presión internacional ha incidido en dos cosas: ha dado ánimo a la protesta en la calle, porque ha habido un reconocimiento y un seguimiento de esa protesta, con toda su dimensión trágica, puesto que en nuestra época se disemina instantáneamente por todos los medios que la tecnología pone al alcance, y que permiten asistir, prácticamente en vivo, a la caída de un joven en la confrontación, ver los símbolos del conflicto entre ambos lados, y que sean conocidos prácticamente en todo el planeta. Pero eso también ha incidido en las finanzas. Si un gobierno, que cuenta con una ley de crédito público, tiene problemas con los vencimientos de deuda, puede hacer lo que se llama un rollover, una refinanciación. Pero el gobierno de Nicolás Maduro no puede, carece de esa ley necesaria. Las instituciones financieras, al observar lo que organismos como la OEA definían como rompimiento del orden democrático, retrocedieron en acuerdos financieros. Sentían además que era un problema reputacional para la institución financiera, y además constituye un riesgo de impago de la operación, y eso le ha generado al gobierno una situación de ansiedad, que no transmite públicamente, pero que los economistas conocen. Frente a esas tres dimensiones, la confrontación en la calle, la internacional, y las finanzas, tenemos un gobierno duramente acosado.

Francesc: De acuerdo, pero no parece que esta presión esté dando resultados en forma de avances o aperturas.

Orlando: Lo que pasa es que el gobierno tiene una ideología que parece llevarlo a atrincherarse. Y ahora propone llevar a cabo una Asamblea Nacional Constituyente, que aparece como un mecanismo utilizado para evadir el cronograma electoral. Es algo así como la “bomba nuclear” de las instituciones, porque abre la posibilidad, bajo un procedimiento que ha sido cuestionado por la oposición y por varios países, de rediseñar todos los poderes públicos, suspender los poderes constituidos y armar algo nuevo, que además tiene costos económicos.Y esto en un momento en que el déficit del sector público en Venezuela, si lo medimos como usualmente se hace, como porcentaje del tamaño de la economía, en los últimos 5 años, desde el 2012 hasta hoy, se ha situado entre el 15 y el 21/22 porciento del PIB. Estamos hablando de unas dimensiones gigantescas. ¿Y aún así nos planteamos un rediseño de las instituciones, en medio de una crisis profundísima y, por supuesto, con un país totalmente polarizado?

Francesc:  Me gustaría plantearte una pregunta sobre el día después, cuando por fin se haya salido de esta profunda crisis política, económica, social y emocional, y se abra el escenario de la estabilización macroeconómica, de las medidas sociales necesarias, de la reconciliación, en fin. Preguntarte sobre la hoja de ruta necesaria para preparar el plan de estabilización preciso para avanzar. ¿Cuán es tu visión?

Orlando: No podemos vislumbrar cómo va a ser la solución política a esta crisis. Pero cualquiera que sea, la que hemos dicho, electoral, renuncia del presidente, gobierno de transición, cualquiera que sea…, inmediatamente después de que se llegue a una forma de salir de aquí, el problema al día siguiente es cómo detener la caída económica, el desastre social, y el sufrimiento asociado a ello. Cómo recuperar la enorme caída también de la producción petrolera; cómo reorganizar las obligaciones financieras de Venezuela para responder a la pregunta de cómo vamos a pagarlas. Y luego, también, cómo se va a realizar un plan de estímulo y, literalmente, de reconstrucción del sector privado (industrial, agrícola, de servicios, infraestructura), y de las grandes empresas públicas, el acero, el aluminio, la electricidad, las petroquímicas y todas las que fueron nacionalizadas y expropiadas por el gobierno de Hugo Chávez. Algunas están en un estado prácticamente de parálisis o de producción en algunos casos al nivel del 5 o 10 % de su capacidad productiva y a un máximo de 30 o 40% . Además, tenemos que tener en cuenta que el fuerte deterioro social hace necesario un plan social de emergencia. Por supuesto, estamos ahora pensando y valorando ideas, viendo lo que se puede hacer. Pero éste no debería se un plan diseñado exclusivamente por la oposición, debería ser un plan nacional, debería ser incluyente, porque incluso la salida política puede ser del tipo incluyente, tendría que serlo. Un país que continuara en conflicto va a encontrar mucho más difícil tener credibilidad en un plan de emergencia económica.

Francesc: ¿Qué habría que hacer?

Orlando: Comenzar con un plan de estabilización. Bajar la inflación, estabilizar el mercado cambiario, ordenarlo con una única tasa, lo cual requiere ordenar las finanzas públicas y un plan para cerrar el déficit del sector público, gradualmente. Pero a su vez necesitamos un plan petrolero, que es la actividad medular de Venezuela, dado que el sector privado prácticamente desapareció de las exportaciones. Hace veinte años, las empresas no petroleras, públicas y privadas, representaban casi el 25% de las exportaciones, ahora solo representan alrededor de un 4 %.

Un plan macroeconómico y un plan petrolero; y un plan financiero para cubrir las necesidades del plan macroeconómico y del plan petrolero, que además es nuestra actividad para exportar y generar divisas. A ello hay que añadir un plan social, que debe ser financiado, y que debe ser parte, por lo tanto, del plan para reducir el déficit fiscal. Finalmente, será necesario un plan sectorial de incentivos para la recuperación del sector privado.

Pero, para que funcionen, estos planes deben ser simultáneos. Venezuela requeriría financiamiento para llevarlo a cabo, y para ello, lo primero en que se piensa es en los mecanismos multilaterales, por supuesto. Hay instituciones hechas para ayudar a estabilizar, otras para financiar la infraestructura, y otras para ayudar también en proyectos para el sector privado, multilaterales.

Francesc: Pero Venezuela tiene un recurso estratégico que será parte fundamental de la solución del financiamiento necesario: los hidrocarburos. ¿Cómo usarlos?

Orlando: Venezuela tiene un músculo particular evidente: el petróleo. En el sector petrolero, tenemos prácticamente la mitad de la producción en empresas mixtas entre Petróleos de Venezuela y socios extranjeros, y tenemos la otra mitad en manos de Petróleos de Venezuela: es la producción propia. Atender esto requeriría un esfuerzo de reorganizar esta relación y conseguir financiamiento para producir. Pero producir petróleo y estimular a la inversión de nuestros socios que ya están aquí, y de los nuevos que podrían entrar, requiere que el mercado cambiario funcione, porque los costos de producción de petróleo a la tasa de cambio oficial (sobrevalorada) son enormes. Pero para que el mercado cambiario funcione debemos tener el plan fiscal, monetario y financiero. De manera que ahí hay una interacción en todo esto. Eso hace que el plan de recuperación de Venezuela vaya a ser el más complejo de nuestra historia, porque tiene que ser simultáneo, y debe tener además todo el apoyo político, en el sentido de que prácticamente es el objetivo central del corto plazo. Porque todo va incluido: recuperación económica, plan social, plan petrolero, plan financiero, y la política sectorial, que empieza a tener sentido una vez que la estabilización funciona.

Francesc: ¿Eres optimista, entonces?

Orlando: Soy optimista en que podemos hacerlo. Hay gente trabajando, con equipos interdisciplinarios, sobre esto. Pero es una tarea que comenzará realmente al día siguiente, y por supuesto, conseguir el clima político adecuado sería lo más conveniente. No un país enguerrillado, que persista en lo que estamos viendo ahora. Será un complejo desafío de coordinación y ejecución, pero se puede, y se debe, hacer.




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