Guido Sosola: Érase la Ottolina

Guido Sosola: Érase la Ottolina

Rhona Ottolina / Fotografía: Colección de la Biblioteca de la Asamblea Nacional
Rhona Ottolina / Fotografía: Colección de la Biblioteca de la Asamblea Nacional

 

Muy probablemente fue de infante y adolescente mimada en casa y de ella, como de sus hermanas, sabía el país por la consabida proyección de su padre. Víctima de un sonado secuestro, pasarán los años y, al morir trágicamente Renny Ottolina, un emblema de ciudadanía, intentó retomar el curso de una intereresante propuesta política a la que todavía le faltaba madurez y desarrollo para afianzarse.

Llegó a la diputación por una organización más o menos de tintes precursoramente antipolíticos, desplegando una actividad que tenía más de angustia e impotencia que de realizaciones eficaces en el harto competido juego político de entonces. Organización que llevó un nombre más afín al mercadeo, Fórmula 1, rompiendo con las siglas tradicionales entre los ochenta y principios de los noventa del XX al perder en la disputa por el nombre y el control del Movimiento de Integridad Nacional (MIN).





Acaba de fallecer Rhona Ottolina y, aunque no tuvimos relación alguna de amistad ni política, experimentamos una rara sensación, quizá una suerte de déjà vu dada las circunstancias actuales. Mal que bien una Venezuela distinta, repleta de problemas, pero distinta a la colapsada de hoy, se cuela ahora al saber de la triste noticia.

Radicalizando el contraste con los elencos del poder establecido que dicen ubicarnos en el siglo XXI al que no hemos llegado, inadvertidamente devueltos al XIX, érase de una mujer preocupada por los destinos cada vez más inciertos de la nación petrolera, de firmes y transparentes convicciones. Quiso llegar a donde su padre no pudo, se esforzó por estudiar nuestras realidades y articular una respuesta, pero – ante todo – siempre la percibimos como una mujer de bien que se impuso por encima de sus propias vicisitudes físicas. Y huelga compararla con cualquier figura y figurín del oficialismo de los días que cursan, toda una tentación.

Le prestó un gran servicio al país que debemos agradecer, así hubiesen diferencias de percepción e interpretación. Y es que el solo obrar de buena fe, constituye ahora una gigantesca reivindicación.

@SosolaGuido