Guido Sosola: Érase un cierre parlamentario

Ago 8, 2017 4:29 pm
Publicado en: Opinión
Guido Sosola @SosolaGuido
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Por muy reciente y contundente que hubiese sido su conformación popular, el golpe de Estado de noviembre de 1948 se llevó por el medio al otrora Congreso Nacional para no regresar más. Será en 1958 que la institución – democráticamente entendida – volverá, dejando atrás a numerosos actores y hallando cupo otros que, luego, tenderán a jubilarse al ejercer largamente la curul.

Finalizando el siglo XX, una gruesa y sostenida campaña de desprestigio que no logró dar la estocada final con el “calderazo”, propugnado principalmente por Moisés Moleiro, facilitará las condiciones para que, al iniciar su primer período presidencial, Chávez Frías – esta vez – se lleve por el medio al Congreso de la República. Electoralmente actualizado, roto definitivamente el bipartidismo, bastaron pocos meses para cerrarlo, celebrándolo Luis Alfonzo Dávila en un artículo para El Universal de Caracas, con una terrible metáfora: la del “buque hundido”.

El conflicto con la Asamblea Nacional Constituyente, arrancó desde el primer instante de su elección, anunciado desde la misma consulta de las bases comiciales y la nunca bien ponderada generosidad de la Corte Suprema de Justicia que hizo sus contribuciones. Siendo clara la determinación de acabar con el Congreso, la ANC tomó los espacios del Palacio Legislativo e impidió varias veces, sin que se atreviera aún a decretar el despido, que senadores y diputados ingresaran a su natural lugar de trabajo.

Fueron distintas las ocasiones en las que la Guardia Nacional prohibió la entrada de los parlamentarios, repeliéndolos por la fuerza con la ayuda de la policía de Caracas, sofocados por los gases tóxicos y perdigonazos. Extremadamente popular por entonces, el gobierno movilizaba a sus partidarios para el cerco de quienes también intentaron trepar y saltar las rejas, bajo el detallazo recurrente de los grupos violentos de civiles armados: los llamados Guerreros de La Vega, quienes impunemente, asediaron y agredieron a todo aquél que se resistiese ante el peligroso estruendo de sus motocicletas.

Por citar solo un ejemplo, ya avanzado en edad, el senador Carlos Moros Ghersi fue gaseado y golpeado a la entrada del Capitolio Federal, como ocurrió con la ciudadanía que, por minoritaria que fuese, acudía al sitio en reclamo de respeto. Los espacios administrativos del legislativo fueron ocupados por los constituyentistas que acecharon y, finalmente, se llevaron hasta los equipos de las sedes de las fracciones parlamentarias, como ocurrió con una de ellas.

Por la resistencia de los parlamentarios, se hizo imposible cerrar prontamente la sede. Y, aunque fuese extremadamente popular el gobierno y muy decididas sus fuerzas de choque, las que también sintió tan de cerca Antonio Ledezma, por entonces, alcalde de Caracas, no hubo otra fórmula que la de cohabitar incómodamente en los mismos espacios físicos.

Cualquier diferencia con las consabidas circunstancias actuales, no es mera casualidad, pues, hubo fracciones parlamentarias organizadas y disciplinadas, capaces de asumir una estrategia de supervivencia con sentido de colegiación y madurez política, con el mucho, mediano o poco respaldo de los militantes de partidos que ayudaban al esfuerzo. Largos meses de tensión y conflicto, concluyeron con la desaparición del Congreso tras el referendo de la Constitución, lista y aprobada, aunque – se dice – permaneció en pie el Instituto de Previsión Social del Parlamentario, porque hubo algunos jubilados de significación en la órbita gubernamental que impidieron su desaparición.

En 1999, la popularidad del gobierno era inmensa, se comía y bebía en el país, cualquier médico y medicamento estaba al alcance de la mano, las tasas de muertes violentas y de desigualdad social eran moderadas, la prensa libérrima, los servicios públicos y tribunales funcionaban, la comunidad internacional lucía más que satisfecha. Era impensable un fraude electoral como el de 2017, mal que bien lidiando en aquél año, como nunca en el presente, por las designaciones del Fiscal y el Contralor generales de la República.

Érase un cierre del parlamento, harto distinto al que hoy parece ya consumado. Ahora, entendiéndose que la espuria constituyente funciona en el Salón Elíptico, bajo la administración del Ejecutivo, una herencia del guzmancismo ya remoto, por la fuerza impiden el acceso de los diputados electos en 2015, haciéndose del hemiciclo protocolar hasta nuevo aviso y sólo hasta nuevo aviso.

@SosolaGuido




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