Ante la crisis, venezolanas “exportan” su cuerpo para sobrevivir

Sep 13, 2017 7:30 pm
Publicado en: Actualidad, Nacionales
Cerca del 80% de las mujeres deportadas estarían ejerciendo la prostitución.(Foto: Archivo/VANGUARDIALIBERAL)
Cerca del 80% de las mujeres deportadas estarían ejerciendo la prostitución.(Foto: Archivo/VANGUARDIALIBERAL)

La grave crisis económica, política y psicológica está rompiendo los parámetros sociales de los ciudadanos venezolanos. La necesidad ha llevado a las mujeres a traspasar las fronteras no solamente geográficas sino mentales, ofreciendo su cuerpo a clientes en varias ciudades del mundo para conseguir dinero para mantener a sus familias que padecen hambre y miseria. Venezuela ha empezado a exportar a sus mujeres, ya no como reinas de belleza sino como profesionales del sexo, convirtiéndose en un producto del fracasado modelo económico que impuso la dictadura de Nicolás Maduro.

Por Maibort Petit | @maibortpetit
Daniela tiene 26 años, nació en Caracas en una de las barriadas populares del oeste capitalino, estudió solo hasta el primer año en la universidad pues llegó un momento en el que, sencillamente, no pudo seguir haciéndolo dada la estrechez económica a la que estaba sometida. Con dos hijos a cuestas y una madre enferma, no le quedó más remedio que salir a buscar un trabajo que le permitiera hacerle frente a la inflación que azota a Venezuela. Lamentablemente, las alternativas laborales disponibles en nada le permitían burlar la miseria en que estaba sumida su familia.

-Un día estaba buscando empleo en el local de un amigo en el CCCT [Centro Comercial Ciudad Tamanaco, ubicado al este de Caracas] y de pronto me abordó un señor que suele ir a ese negocio y me dijo que con este cuerpazo por qué no me iba a buscar trabajo arriba en la “agencia de modelos”. Le pregunté: ¿Cómo? ¿Modelo yo? Y el hombre me dijo: Sí, tú sirves… Le pedí la dirección y fui de inmediato a ver de qué se trataba y me ofrecieron el empleo que me permitió conseguir el dinero para alimentar a mi familia.

Daniela confiesa que junto a otras seis chicas viaja a Aruba trimestralmente para prestar servicios como dama de compañía y prepago en la isla. “Llegamos y nos recibe el ‘encargado’ que nos lleva a apartamentos privados, unos tienen cámaras de grabación que parecen un estudio de televisión, otros están amueblados muy bonitos y tienen licor para los clientes. Hay otro servicio que se presta directo en las habitaciones de la zona hotelera”, dice.
-Cuando empezamos el “trabajo” nos ponemos en cuartos diferentes, bien sexys y nos piden que tenemos que complacer a los clientes y hacer todo los que nos piden. Hay hombres generosos que hablan diferentes lenguas que por lo general no entendemos. Una se pasa una hora o media hora o lo que dure el servicio y luego nos tenemos que asear para recibir al otro.

-¿Cuántos clientes reciben por día de “trabajo”?

-Todo depende hay veces que son 6 o 7, otros días son 10 y unos días que nos va mal son 3 o 4. Por cada servicio que prestamos, y dependiendo del tiempo del mismo, nos pagan más.

-¿Cómo te sientes?

-El primer día que hice este trabajo me sentí sucia, como un pedazo de carne que la gente puede tocar por unos centavos. Sentí asco y quería salir corriendo, pero luego pensé que la razón de mi decisión era el hambre de mi familia. Hay un momento en que me dije a mí misma: o lo hago o me muero de hambre. Y me llené de fuerzas para seguir. Hoy en día puedo pagar la comida de mi familia, los servicios, y hasta me queda dinero para comprar ropa, zapatos y para llevar a mi hija al cine.

Aruba es la meca de los proxenetas venezolanos que han visto en la crisis y en la abundancia de mujeres dispuestas a vender sus cuerpos en dólares, la fórmula perfecta para llenar sus bolsillos sin esfuerzo propio.

Son muchas las jóvenes que caen en las manos de los explotadores sexuales que cobran a los clientes elevadas tarifas por los servicios prestados por las muchachas que, al final, solo reciben un porcentaje inferior al 20 por ciento del ingreso que generan.

Sí, desafortunadamente, la historia de Daniela no es la única.

Rosa María se siente culpable, aunque su familia la acepta y agradece el sacrificio que está haciendo para sobrevivir al caos que ha creado la revolución chavista. Asegura que llegó a la agencia del CCCT por medio de una amiga que conoció en la universidad. “Era mi compañera en varias materias y un día compartimos fuera de la UCV y fue cuando le conté mi desgracia. Ella me invitó a entrar al grupo de chicas que viajan a Aruba y por cada viaje que se hace, que dura dos o tres meses, uno vive cuatro o cinco meses tranquila”.

-El primer día fue un horror. No pude hacerlo y el hombre que me recibió me dijo que si no cumplía con el trato me tocaba pagar caro mi irresponsabilidad. Me sacó las cuentas y fue cuando hice mis matemáticas y no me quedó más remedio que hacer el sacrificio de acostarme con varios hombres al día. Unos son sencillamente asquerosos, pedantes, irrespetuosos, sucios. Sin embargo me he conseguido con caballeros que me han tratado bien y me han dado dinero extra a la tarifa que le pagan a la “agencia”.

Para seguir leyendo la nota ingrese a Vértice 




VPI/LaPatilla

Destacadas