El milagro de un parque frente al Kremlin

El milagro de un parque frente al Kremlin

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Moscú, la capital de los atascos y de la especulación inmobiliaria, ha inaugurado por primera vez en 200 años un gran parque en el centro de la ciudad y a escasos metros del Kremlin, que no se parece en nada a los tradicionales Central Park de Nueva York o Hyde Park de Londres.





Hacía unos 200 años que el Ayuntamiento moscovita no habilitaba una zona verde dentro del anillo central de la capital rusa, más aún cuando se trata de una superficie de más de diez hectáreas en uno de las áreas inmobiliarias con precios más prohibitivos de Europa.

Situado entre la Plaza Roja, el río Moscova y el casco antiguo de Moscú, el parque Zariadie se ha convertido de la noche a la mañana en el principal atractivo de la ciudad.

Pero el Zariadie no es un parque al uso, se trata más bien de un islote de asueto y paz, donde está prohibido fumar, beber, pasear al perro, andar en monopatín o bicicleta e incluso tocar música.

Se estima que unos 10 millones de personas visitarán cada año este parque, abierto al público todo el día, y que al estar en ese espacio abierto se aliviarán las aglomeraciones de la plaza Roja y el parque de Alejandro, que ya no daban abasto en días festivos.

Los moscovitas no se pueden creer que las autoridades no cayeran víctimas de la codicia y construyeran en el corazón de la ciudad un parque y no un hotel de lujo o un edificio de apartamentos.

“Es un parque temático que rompe estereotipos. Es un espacio para descansar. Las personas que trabajan en el centro y tienen una hora libre en medio de la jornada, pueden acercarse, respirar en medio de la naturaleza y aprender algo”, dijo a Efe la portavoz de Zariadie, Karina Gorobets.

Como en todos los parques hay bancos, árboles, plantas, arbustos y estanques, ya que el concepto elaborado por una firma estadounidense dividió el parque temático en cuatro zonas: bosque, tundra, estepa y humedal.

Su principal atractivo son las vistas, ya que la mera aparición de colinas y terrazas ha abierto miradas insospechadas a la iglesia de San Basilio o los rascacielos estalinistas, un inmejorable reclamo para los turistas.

El puente flotante es la estrella del Zariadie, ya que sobrevuela parte del río Moscova, y desde él se pueden sacar fotos con las murallas rojas del Kremlin y los barcos de recreo al fondo, y también tiene un paseo entre las zonas verdes y la calle Barbarka, una de las más bonitas de Moscú con numerosas iglesias y palacios, como el que vio nacer en 1596 al fundador de la dinastía Romanov, Mijaíl.

El Zariadie lleva el nombre de un barrio cuya historia se remonta al siglo XIV, que en el siglo XIX acogió una numerosa comunidad judía y que fue demolido finalmente en tiempos de Stalin.

Se levanta además en el solar donde se ubicaba el hotel “Rossiya”, en su momento el más grande del mundo, pero que fue cerrado por obsoleto tras la caída de la URSS y demolido en 2006.

Ese espacio fue durante años en un quebradero de cabeza para las autoridades, hasta que el presidente ruso, Vladímir Putin, decidió apoyar una iniciativa popular para rellenar la zona con un parque.

En este espacio hay también actividades bajo techo como una sala de conciertos, un anfiteatro, un jardín botánico, un cine en cinco dimensiones en el que se puede ver la ciudad a vista de pájaro y una cueva ártica con temperaturas de diez grados bajo cero.

Algunas de esas opciones aún no se han abierto al público que visita el parque, inaugurado a toda prisa por Putin para coincidir con el 870 aniversario de la ciudad.

En su primer fin de semana abierto al público, el parque no fue capaz de hacer frente a la oleada de visitantes, que destruyeron parte del césped y de su preciada colección botánica.

Aunque la administración del parque intentó quitar hierro a los actos de vandalismo, como los llamó la prensa local, se ha visto obligado a poner vallas y a limitar el acceso por espacio de varias semanas, hasta que concluya su restauración.

Ignacio Ortega/EFE