José Luis Zambrano Padauy: Dónde escondieron mi país entrañable

José Luis Zambrano Padauy: Dónde escondieron mi país entrañable

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Se perdió mi país. Lo busqué debajo de la almohada, entre los sueños entrañables y los recuerdos nostálgicos. Pero sólo había despojos de una reminiscencia. Un suspiro extraviado en una lágrima. Un luto agrio por la pérdida.

Hallé un pedazo de él, agónico en un libro de historia, sucumbiendo por el abandono; derruido, trastornado y comprimido entre las páginas revueltas y marchitas de los malos tiempos. Le habían borrado sus hitos y privilegios. Le habían mancillado sus proezas del pasado. Estaban embalsamadas sus buenas virtudes y desparramadas sus bonanzas.





Sólo quedaba un paisaje erosionado por la hecatombe. Descarriado de su destino provisorio. El polvo yace adherido a la palabra “futuro”, descuajada de un pesimismo obligado por una tiranía enmascarada de sentencias legales. Los avances quedaron estancados en el siglo pasado, cuando la innovación llegaba por barco y se inauguraban los privilegios por ser cabeza de Sudamérica.

Siempre hierve en la memoria el “cómo se vivía antes”, repetido mil veces, en un fraseo culpable de cuando se buscaban cambios, tal vez innecesarios, por las equivocaciones políticas; que no eran tan malas, después de todo. Pero ahora ese futuro está tachado con un bolígrafo rojo; suprimido con una tinta espesa e implacable, como para hacerlo olvido y desesperanza.

Dónde quedó Simón Díaz con sus cánticos floridos, sus arpegios de ordeño y sus rimas ocurrentes. O el sabio de Arturo Úslar Pietri y sus sentencias infalibles, con esos bocados literarios espléndidos y su fácil desdoblar de la historia ilustre, desde los matices amplios de una pantalla televisiva. Ninguno recibió la dignidad de un sepelio con tributos nacionales, dejando al descuido sus lauros por no ser de la inclinación política de los bellacos demoledores que utilizan como guarida Miraflores.

Sólo quedó una evocación burlesca a Alí Primera, utilizado en mítines soberbios y en la demagogia celebrada a todo tambor, aullando sus consignas con el guiño del chasco, pues fueron expertos en conferir enigmas acalorados y sembrar odio en los más inocentes.
Era un país noble, con sus brazos abiertos y amplios para los desesperados, quienes veían como el mejor nicho a la tierra de Bolívar, para edificar sus sueños precursores. Pero hoy es la tierra de los despavoridos; de los que huyen sin biografía, perdiendo la tradición y aprendiendo a ser extranjero, tragando el sabor amargo de la nostalgia.

Tanta identidad de la que nos jactábamos. Y nuestras risotadas tan enormes, que nos convertían en los mejores contadores de chistes y en uno de los países más alegres del planeta, según los estándares de los medidores sin oficio. En la actualidad, la tristeza parece decretada por los jueces y estandarizada por las decisiones brutales y ejecutivas de los antipatriotas del trono.

Hay un huracán que se hace eterno y no cesa su tormenta arremolinada para hacer comunes los estragos. Los valores y la prosperidad están hundidos en el bosque del tiempo y en la geografía dispersa de una nación ajena, sólo parecida a una isla enclavada en un archipiélago del Caribe.
Teníamos la mejor televisión de la mitad del hemisferio. Actores y cantantes no abandonaban las faldas de la nación, pues no existían otros escenarios con tantas bondades para desarrollar su arte. Éramos el Hollywood de las telenovelas. Hoy los pocos canales que quedan, están sumidos a esconder las noticias nefastas y a aceptar las amenazas de los destructores de la nación.

Pero somos un territorio donde siempre se plegó la fe por hábito y convicción. No existen catástrofes interminables, ni voracidad sin contusiones digestivas. Sé que hallaremos pronto al país de las palmeras alegres, los médanos sonrientes y las cascadas bailarinas. Las soluciones aparecerán cuando la valentía tomé la decisión extrema de hacer valer sus argumentos. Tarde o temprano diremos “Venezuela”, con la boca rebosante de porvenir y con las ideas claras para ajustar las cuentas con la prosperidad. Sé que el mañana aprendió su lección.

@Joseluis5571