Luis Barragán: La emergencia estadística y Comala

Luis Barragán: La emergencia estadística y Comala

Luis Barragán @LuisBarraganJ
Luis Barragán @LuisBarraganJ

 

Todavía no se sentaban a la mesa de reexploración, diálogo, discusión, negociación, entendimiento o encuentro casual e inadvertido en República Dominicana, cuando el ministro de Salud – Luis López – despachó todo un grandilocuente testimonio anti-imperialista de rechazo a la supuesta ayuda humanitaria, asegurando que la población venezolana es atendida por Maduro Moros. Mentira ésta aparte, es de imaginar la boutade – tan ministerial, no quepa duda – como propia de una maniobra decimal del equipo oficialista o surgida repentinamente de la inspirada ocurrencia sectaria de un funcionario que desea permanecer al frente de un despacho por el que han desfilado numerosísimos titulares.

Lo cierto es que la emergencia humanitaria es cierta, real e irrefutable y no sólo porque los venezolanos la padecemos, sino por las evidencias que legos y especialistas aportan a la opinión pública. De un modo u otro, por vía directa e indirecta, existen cifras que muy bien retratan la tragedia, aunque la censura, el bloqueo informativo y la sistemática campaña gubernamental de confusión, traten de ocultar lo que no pueden.





El Estado, sus distintas instituciones y agencias, en los más disímiles renglones, es el que no publica cifra alguna por mucho que tenga el deber constitucional y legal de hacerlo con la regularidad y la sobriedad tan necesarias. Peor, se sospecha, cuando las da, acarreando la destitución inmediata del funcionario u otras sanciones ejemplarizantes en las que incurren, castigando el instante de lucidez, susceptibles de una posterior manipulación o adulteración.

Significa que el agravamiento e, incluso, muerte de pacientes por inasistencia médica o inexistencia de los medicamentos, pueden aparecer bajo otra clasificación o, simplemente, no aparecer, tal como no se cuenta ni divulga el número de robos violentos u homicidios, confinado a una bóveda. Por supuesto, la más alta burocracia ha de conocer las cifras, pero las sabe con la obligación de esconderlas y, sí esto ocurre frecuentemente, tan reiteradas y progresivas, no tiene ya objeto hacerle un fiel seguimiento.

Símil demasiado facilón, la situación del país dista mucho del pueblo de Macondo de García Márquez o del condado de Yoknapatawpha de William Faulker. Sentimos una mayor y trágica familiaridad con Comala, la localidad espectral de Juan Rulfo que palpó Justo Preciado. Vale decir, sin ni siquiera aparecer en las estadísticas, convertidas también en una emergencia, por demasiado obvia que sean las realidades, éstas resultan fantasmales.