William Anseume: Días de parada sexual

William Anseume: Días de parada sexual

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Supongo un chisme contenido en esta propuesta. Sólo podría ser producto de la aberrada imaginación del régimen. Se comenta entre vecinas preocupadas y vocingleras. Los vecinos, por el contrario, serios, refunfuñan bajo, como intimidados. Pues sí, claro, es una última ocurrencia desde la imposición intimidatoria: se avecina el decreto de los “Días de parada sexual”. La medida tendrá efectos económicos (se enmarcará en la ley especial que da poderes supremos al presidente en ese sentido), sociales, sexuales, culturales y, por supuesto, políticos.

Entre sus considerandos se encuentra el hecho fortuito del hambre generalizada. La decisión tiende a evitar el inescrupuloso acontecer, evidentemente inhumano según lo planteado por el poder despótico, de relacionarse frecuentemente, en coito, con ausencia casi completa de energía por inanición; se sustenta en la conciencia científica de que quien menos gasta menos consume, todo un principio y un final económico, ahorrativo, sin dudas. El régimen espera, con el decreto, evitar distribuir cantidades mayores de bolsitas de comida y, por el contrario, propiciar una cada vez menor entrega de productos alimenticios de esos que ellos deciden que uno puede comer. Socialmente se busca impedir que nos veamos unos a otros sin ropa, compartiendo (dis) placeres, cuando vestidos ya nos hacemos irreconocibles unos a otros; hasta inasibles. Se limita de este modo la visión y la tocadera de huesos, ante la mala impresión internacional que han causado los animales de nuestros zoológicos, que son, por capturados y enjaulados, los únicos que medianamente pueden comer en Venezuela, así la impresión de los osarios andantes, inter-diaria, será menos violenta y cruel. En cuanto al sexo, se procura ahorro de energía, de expresiones eufóricas innecesarias, frotaciones indeseadas y ridículos continuos, por relajamientos musculares profundos que chocan con la acción, con el verbo expresado en el título de este trabajo. Culturalmente se busca frenar la imaginación, manifestada en expresiones caducas de versos, cantos, culebrones románticos, narrativa oral o escrita, y, sobre todo, pinturas o fotos sensuales… corrosivas de las mentes, dígame si de un Botero se tratase, ofensivo a la vista, a la imaginación y a las elucubraciones morbosas de la población que pudiera aspirar engordar así en un incierto futuro próximo. Políticamente es inconcebible la distracción de los ciudadanos en tareas tan poco productivas, como no sea para traer al mundo criaturas a querer comer, a vestirse, a bañarse, a transportarse, a desear formarse y becarse y querer conocer otros mundos alternos a nuestra incomparable realidad revolucionaria, en fin, a llevarle la contraria en todo al insigne gobierno.





En Venezuela se acabó definitivamente el sibaritismo, por decreto presidencial. Cero vestimentas sensuales, seductoras, atractivas de otros géneros o del mismo, esto ya está muy bien encaminado, debido a que hace mucho está prohibido vestirse bien. Las comidas afrodisíacas ya se han hecho escasas, sólo quedan por ahí las ventas clandestinas de cabezas de sardina, productoras de amplios deseos en las honduras y de priapismos, de alborotos, contrarios a la contención oficial buscada. Comer lo que se ordene es la orden y lo que “haiga”. Faltaba la contención sexual. A eso vamos muy bien encaminados.

Será un decreto, además, contra el malgasto de los bienes o males preventivos. Se gastará menos en la república al no necesitarse tanto preservativo ni tanta pastilla antes o después del hecho sexual realizado. Y se contendrá la producción de carajitos y carajitas. ¿Qué más se puede pedir a la noble causa? Misión parada sexual. Los bonos para las parturientas bajarán en sus requerimientos y todos tenderemos hacia la felicidad, como sugiere un viceministerio. Las bolsas clap serán ampliadas con los condones requeridos al mes: uno o dos. Y se rendirán así mismo, también, las medicinas para que esos elementos protestantes se acallen: no se necesitará tanta pastilla, ni tanta crema, ni tanto látex. En fin, será absurdo el requerimiento de ninguna intervención humanitaria en nuestro país.

Los días serán pautados en los números de la cédula de identidad y del carnet de la santa patria determinados por el inicio, el medio y el fin numérico cuando no excedan del número séptimo. Todas las fuerzas represivas del estado estarán al cuido de la disposición, pero, desde luego, el Ministerio de Relaciones Interiores será el custodio del cumplimiento sin pedimento de vacunas, aceptaciones de sobornos ni otros despropósitos propios de la Guardia Nacional y otros congéneres.
En la puerta de cada casa, apartamento, rancho o choza se colocarán los días de parada oficial, serán públicos, aunque púdicos, puesto que la intimidad contraviene abiertamente el colectivismo. Aunque pudiera presentarse el hecho de no coincidir los días de juntura en las parejas tradicionalmente reconocidas, se busca también ampliar la gama de posibilidades que, por la guerra económica que vamos perdiendo de calle, se había reducido al mínimo. Pues podrán permitirse relaciones alternas siempre y cuando no estén, esas personas disparejas, de día de parada.

Si Luis Herrera Cámpins impuso un impopular, tendente a la infelicidad, día de parada vehicular, cuando había tanto carro circulando, cuestión negativa que también acabó la revolución al encarecer y convertir en incomprables tanto los carros como los repuestos y hasta el aceite de motor y cualquier otro, este gobierno de la imposición tiránica propondrá para la felicidad de todos y todas los “Días de parada sexual”. Decrétese, publíquese y refréndese.

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