Alexei Guerra Sotillo: 21 de mayo

Abr 17, 2018 6:39 am
Publicado en: Opinión
Alexei Guerra Sotillo  @alexeiguerra
Alexei Guerra Sotillo @alexeiguerra

Como ejercicio lúdico e imaginativo puede ser interesante, como lo es todo intento de descifrar el futuro, palabra cuyos contornos el delirio enquistado en el poder desea borrar. Diseño de escenarios, u ociosidad rampante, la pregunta surge asumiendo cierta manía extendida de establecer hitos cronológicos en este discurrir que somos, en el que la asfixia del país se acrecienta gracias a un totalitarismo ya casi orgulloso de tal condición. ¿Qué país amanecerá el 21 de Mayo, luego de ese proceso que se pretende seguir denominando “elecciones”, pero que no pocos actores políticos, económicos y sociales, dentro y fuera del país califican de simulacro, o acaso un ejercicio comicial no competitivo, sin ninguna garantía democrática ni de transparencia?

El 21 de Mayo amanecerá un país básicamente con el mismo nivel de deterioro, de devastación y colapso que el chavismo ha generado y hecho posible, al asumir la persistencia de un modelo político y económico fracasado que ha destruido buena parte de las bases materiales e institucionales de la nación. Un solo elemento marcará la diferencia: las palabras legitimidad, oposición, participación, abstención, reconocimiento, gravitarán en una atmósfera en la cual el piso político y de gobernabilidad, sumado al pilar del partido militar, entendido como soporte de una forma de concentrar el poder y bloquear cualquier alternabilidad, nublará la percepción de la realidad concreta de cada venezolano.

Frente a esa realidad concreta, de cada hombre y mujer en el país, en su extensa mayoría, definida por una irremediable lucha por subsistir, en un drama ubicado en las coordenadas del hambre, de la ausencia de medicinas, de los problemas para movilizarse en su ciudad, de no tener efectivo, reflejo a su vez de una miseria y empobrecimiento acelerado e hiperinflacionario, de la estampida de compatriotas que ya colapsan las ciudades fronterizas de naciones hermanas cuya mirada tiene el brillo ambiguo de la hospitalidad, la preocupación y la xenofobia, frente a todo este cuadro, los tradicionales análisis estadísticos-electorales que hablan de participación, votación, pierden buena parte de su sentido. La percepción del cambio como posibilidad, a través del voto, agoniza gracias a una inyección letal de control y dominio total de la “revolución”, de los macabros resortes de una maquinaria en la que se mezcla el componente electoral con el institucional y asistencialista, construida para mantener a gruesos sectores poblacionales alineados a una preferencia electoral oficial. La única posible. La única realmente permitida y tolerada.

¿Resquebrajamientos de la coalición gobernante? ¿Pronunciamientos? ¿Alineaciones emergentes? ¿Manifestación colectiva y democrática de un hartazgo? ¿Mayor presión internacional? ¿Abierta inviabilidad e ingobernabilidad? ¿Insostenible escenario económico y fiscal? ¿Consolidación tiránica? Hagan sus apuestas. Aunque pretenda bloquearse, ocultarse o “maquillarse”, algo cruje y se agrieta en aquello que luce sólido y macizo, y que soporta a la actual madeja de élites y grupos gobernantes. Su divorcio y desconexión de la tragedia que ellos mismos han causado, es difícil que no genere fuerzas de rechazo y cambio. El 21 de Mayo quizá sabremos el ritmo lento e imperceptible, o rápido e inocultable de ese crujir.
@alexeiguerra




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