San Cristóbal, ciudad de caminantes: Cuando 137 busetas no son suficientes

San Cristóbal, ciudad de caminantes: Cuando 137 busetas no son suficientes

Algunos particulares llegan con sus camiones a las paradas. (Foto/Jorge Castellanos)
Algunos particulares llegan con sus camiones a las paradas. (Foto/Jorge Castellanos)

 

Este es el número aproximado de unidades que efectivamente laboran, según sondeo de la Alcaldía, en las paradas de las 15 líneas urbanas. Los resultados del censo y revisión de marzo pasado refieren, sin embargo, que se presentaron 244 vehículos, o la mitad de todo el parque automotor, publica La Nación.

Es la primera vez que Carmen Medina usa un camión como sustituto de una buseta para trasladarse a casa. Son las 5:00 de la tarde del 16 de abril y la vendedora de repuestos no ha almorzado. “Me toca, qué más”, dice. Es la primera en encaramarse al vehículo que acaba de estacionar Luis Duéñes frente a decenas de pasajeros que abarrotan una de las paradas del transporte público urbano en el Centro de San Cristóbal. “¡Pero no me echen tanta gente!”, espeta el conductor al observar, por el retrovisor, a quienes rompieron fila y ahora se suben presurosos a la plataforma.





“¿Pasa por la Zona (Industrial)? ¿Y al frente de la bomba? ¿Pasa frente a la Gran Avenida? ¿Sube por la Calle del Medio?”. A todas las preguntas, un sí. A Medina la acaba de acompañar otro primerizo, Alfredo Casanova, un funcionario público que suele esperar dos y hasta tres horas por una buseta luego del trabajo. “Toca, por la situación del transporte, por necesidad”, dice.

Se venían observando grupos en camionetas hacia pueblos del área metropolitana como San Josecito, Capacho y Táriba, pero escenas como esta demuestran que empieza a convertirse en una práctica dentro de la misma San Cristóbal.

“La situación es muy difícil”, observa Duéñes, un carpintero que después de trabajar la madera decidió transportar gente por tercera o cuarta vez. Ayuda a subir a Doris Correa, una comerciante informal que, con maleta en mano, requiere llegar a Altos de Paramillo. Gerardo Blanco, el siguiente en aferrarse a las barandas, dice que ahora “toca llegar a la casa como se pueda”.

Como se pueda, y también a cualquier monto. Cada uno de los que siguen subiendo deberá cancelar 5.000 bolívares, el doble de un pasaje urbano. “Estas son consecuencias de las busetas quemadas por los guarimberos el año pasado”, opina José Sánchez.

“¿Pasa por el polideportivo? ¿Y por los pabellones?”. Esta vez, la respuesta es no. Con más o menos 15 personas, el camión arranca aunque lleva un caucho algo desinflado. De esto se dan cuenta algunos de la cola, que parece tan espesa como hace rato. Una fila que engrosa desde las 3:00 de la tarde la enfermera María Cairazco. Desde el Centro necesita moverse unos ocho kilómetros hasta el Hospital de Paramillo, donde trabaja. Un par de veces le ha tocado caminar ese largo trayecto y, al llegar, sobreponerse al cansancio para cumplir la guardia nocturna.

(Foto La Nación)
(Foto La Nación)

A toda hora San Cristóbal se ha vuelto una ciudad de caminantes. Niños, adolescentes y jóvenes que van a la escuela, al liceo y a la universidad, trabajadores de cualquier profesión u oficio, amas de casa y adultos mayores. Todos reemplazan con la suela de sus zapatos un servicio de transporte público urbano deficitario y escaso, sorteando además un espacio público municipal caracterizado por aceras rotas o ausentes -por mercados de la Guayana-, alcantarillas destapadas -por zonas escolares de la 19 de Abril- y monte alto -por las escaleras del barrio Lourdes-.

Caminantes como María Suárez, otra tachirense en la cola que a sus 71 años lamenta cuando llueve y llega con la ropa mojada a limpiar casas. “Tengo desde la 1:30 de la tarde esperando poder subirme a un transporte. Ya me llamaron de la casa a ver qué había pasado pero, a mi edad, no puedo echarme ese maratón hasta el barrio Ambrosio Plaza”, cuenta.

Aceras llenas

El Centro de San Cristóbal es una gran sala de espera. Mientras para algunos destinos, como Pueblo Nuevo, Santa Teresa y Barrio Sucre, hasta una cuadra de pasajeros se planta a hacer cola por unidades prácticamente a cualquier hora del día, para otras rutas con líneas de muy poca flota, como Pirineos, a esa misma hora -las 5:00 de la tarde- ya la parada ha desaparecido por lo que resta del día y la cuadra funciona como parqueadero.

Monitoreos de la Alcaldía de San Cristóbal a las rutas urbanas a los que tuvo acceso Diario La Nación indican que un viernes a las 7:40 de la mañana la línea Puente Real tenía cuatro unidades prestando servicio, o que un lunes a las 10:15 de la mañana la TransRomera contaba cinco carros en funcionamiento. En cinco días aleatorios de inspecciones, a distintas horas, ninguna línea urbana mostró más de 16 o 17 buses operando en simultáneo.

Son 15 las líneas de transporte público urbano concesionadas para San Cristóbal. En su conjunto, estas prestadoras del servicio tienen registrados ante la alcaldía un total de 490 busetas. Esta es, en teoría, la flota municipal. Van desde la Intercomunal, la que cuenta con más, 67 unidades; hasta la línea Puente Real, la minoritaria, con 11.

El 15 y 16 de marzo pasados la alcaldía las convocó a un operativo de revisión general en el estacionamiento de la Plaza de Toros. Presentaron 244 unidades. Prácticamente la mitad del total concesionado.

Antes, la alcaldía ya había adelantado una primera revisión en cada una de las 15 paradas, al término de la cual determinaron que de las 490 unidades registradas aproximadamente 137 estaban laborando. Casi el 30%. Una y otra vez los voceros del Sindicato de Transporte han explicado que ese otro 70% está paralizado por escasez o altos costos de cauchos, baterías, trenes delanteros, repuestos, aceites y filtros, así como reparaciones mayores imposibles de cubrir con las ganancias de un trabajo que, dicen los choferes, dejó de ser rentable.

La línea con más unidades revisadas fue Unidad Vecinal, con 32. En el rango siguiente están Circunvalación y Barrio Obrero, con 23 carros cada una, y la 21 de Mayo, con 22. Continúan, en orden decreciente, Intercomunal (19), La Concordia (19), Santa Teresa Las Lomas (19), Circunversa (17), Santa Teresa Paramillo (16), Comixtach (13), TransRomera (11) y Barrio Sucre (10). Las que presentaron menos unidades a revisión fueron las líneas Puente Real, con nueve; Pueblo Nuevo, con seis; y 23 de Enero, con cinco.

“Los transportistas alegaron que las unidades que no se presentaron estaban averiadas en taller”, refiere el jefe de la división de Vialidad y Tránsito de la Alcaldía de San Cristóbal, Richard García. Los funcionarios municipales pidieron sincerar formalmente cuál es el parque automotor que realmente está prestando servicio. Es conocido que una cantidad hasta ahora indeterminada de unidades abandonó sus rutas originales y migró a otras líneas suburbanas que resultarían comparativamente más rentables.

Un próximo paso será cruzar esta información con la oficina encargada del sistema de TAG de suministro de combustible, con el fin de constatar que las unidades que estén surtiendo combustible sean las mismas que estén prestando el servicio de transporte. “De no ser así, se tomarán los correctivos respectivos a cada unidad”, se advierte en el informe de la revisión.

La municipalidad diseñó cinco rutas de contingencia como una forma de paliar la crisis del transporte público. Hasta ahora TransTáchira es la única empresa que, con pocas unidades, está cubriendo la circunvalación, apunta el jefe de división. La nueva línea Transporte San Cristóbal también se sumará a la cobertura, anuncia. “Se hace el llamado a quienes tengan unidades y se quieran conformar en asociaciones civiles para cubrir estas rutas”.

García indica que algunas de esas 244 unidades revisadas en marzo no estaban en condiciones de operatividad al 100% (como “detalles en el estado de los cauchos”, según complementa el informe). El 16 de abril, mientras aquellos más o menos 15 pasajeros abordaban un camión para llegar a casa a las 5:00 de la tarde, vencía el lapso de un mes que establece la ordenanza para que sus conductores pusieran operativas esas unidades y así mejorar las frecuencias de servicio. La percepción en las colas del Centro es que, en vez de aumentar, el número de busetas en las calles de San Cristóbal tiende a disminuir. Quieren que autoridades y transportistas se monten en una ruta de soluciones.

Daniel Pabón