Manuel Malaver: La abstención derrotará a Maduro y a Falcón

Manuel Malaver: La abstención derrotará a Maduro y a Falcón

Manuel Malaver @MMalaverM
Manuel Malaver @MMalaverM

 

No hay un solo sondeo de opinión sobre las elecciones presidenciales que tendrán lugar este domingo 20 de mayo que no pronostique que serán las de más alta abstención en la historia del país, de algo así como de un 80 por ciento, que no se había registrado siquiera en algunos referendos consultivos sobre temas locales que se realizaron en años recientes.

En otras palabras: una derrota catastrófica, tanto para el régimen de Maduro, como para el sector opositor que decidió tirarse al agua de la participación electoral, pues serán uno y otro los que verán, o apagarse sus aspiraciones de una vez y para siempre, o recibir el conteo de protección con que los árbitros le dan un segundo aire a un boxeador que ha estado al borde del KO.





Situación está última que, aunque pueda asegurarse que le tocará Maduro, ya veremos si la provecha con tacto para perder la pelea por decisión, y no para insistir en mantenerse en pie mientras es destrozado por contendores de dentro y fuera del cuadrilátero.

No es lo mismo que pueda decirse de Henry Falcón y el grupo de políticos que lo secundó en la aventura de competir electoralmente con una dictadura que se guardó el control de todos los factores que decidirían el conteo (Fermín, Fernández, Rodríguez, Semtei, Márquez, Zambrano, etc, etc, etc), y los cuales, no cuentan con árbitros que se fajen a pelear por sus derechos conculcados, aunque sí tendrán en frente un público -los electores- que le reclamarán y cobrarán el haber participado en un pugilato para perder y darle sobrevivencia a Maduro.

Me aparto de quienes opinan que se trató de una pelea “arreglada” y que, simplemente, Falcón y su seconds se las jugaron para quedarse con una parte de la taquilla que será irrita, pero si afirmo que fue otro grueso error de una fracción de la oposición venezolana empeñada en que una dictadura marxista sale con votos, tal como lo hicieron los muy derechistas Pinochet y Fujimori y lo hubieran hecho Pérez Jiménez y Odría llegado el caso.

Los dictadores de derecha por lo general no son totalitarios, son marcadamente capitalistas, creen en la competencia económica y pueden comprender que, exorcizados los peligros marxistas, se puede restaurar la libertad y la democracia como vía de cerrarle el paso a un regresión populista o socialista .

Sé que me van a traer el ejemplo de Ortega en Nicaragua cuando le entregó el poder a Violeta Chamorro, pero estábamos en 1990, acababa de caer el comunismo y Ortega, como los cubanos, Fidel y Raúl Castro, bien pudieron pensar que se les acababa el mundo.

No quiero decir con esto que en una situación como la venezolana, haya que renunciar urbi et orbi a la vía electoral y proclamar que el camino es violento, ya sea con un golpe de estado, una insurrección popular, o una intervención extranjera.

No, hay que insistir en una salida electoral que es la contemplada en la Constitución para los cambios de gobierno, pero no antes que se lleve a cabo una lucha sin cuartel por el cambio en el CNE, las reglas y los factores electorales.

¿Cuánto tardará tal guerra o batalla y qué recursos nos obligará a emplear o desechar?, No lo sabemos, pero es la única que nos permitirá unificar al país y tener el apoyo irrestricto de la comunidad internacional.

Y es en este punto donde debe dársele la razón al sector mayoritario opositor que se negó a participar y optó por la abstención, pues frente a una dictadura neototalitaria que después de la derrota del 15 de diciembre del 2015 decidió “no volver a perder en elecciones”, no queda otro recurso que derrotarlo en el proceso de la lucha porque cambie a sus cancerberas del CNE y al conjunto de reglas y organismos que hacen de las elecciones en Venezuela un feudo, una hacienda de Maduro.

Es en este contexto en que deben entenderse los “diálogos” que se realizaron entre la oposición y la dictadura durante noviembre del 2017 y febrero del 2018, y que, para la oposición no tenían otro objetivo que cumplir el cronograma electoral pautado en la Constitución pero previo el cambio en el CNE y de las reglas y los organismos electorales.

Es bueno aclarar que fui de los que me opuse a los “diálogos”, pero no porque los creía inútiles y no conducirían a algún resultado, sino porque pensaba que ya con los fraudes de la ANC y los que continuaron en las elecciones para gobernadores y alcaldes en octubre y noviembre del año pasado, bastaba y sobraba como para pedirle otra prueba a un Maduro que ya había tomado la vía del stalinismo puro y simple.

Y lo demostró la noche del 8 de febrero pasado en Santo Domingo, cuando, después de comprometerse que habría un acuerdo donde se liberaba a los presos políticos, se abría el canal humanitario y se realizarían elecciones en noviembre luego de nombrar un nuevo CNE cuyos miembros serían una paridad dos a dos y un quinto independiente, dijo que nada de eso, que el acuerdo era elecciones en abril y el mismo CNE de Tibisay Lucena.

Del fracaso del “diálogo” no podía resultar, entonces, para la oposición, otra estrategia que no fuera: abstenerse en cualquier otra elección donde no se cambiaran el CNE, las reglas y los organismos electorales y enfocar la estrategia en estos objetivos, para que, en el desarrollo mismo de la lucha por su consecución, o en unas nuevas elecciones, la dictadura fuera derrotada.

Como parte de esta estrategia se trazó la línea de la abstención en las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en este domingo, y en las cuales se busca, tanto fortalecer a la oposición, como derrotar a una dictadura que se niega a cumplir la Constitución Nacional y el ordenamiento jurídico internacional.

Por eso se explica que, no solo los partidos mayoritarios abstencionistas (“Primero Justicia”, “Voluntad Popular”, “Acción Democrática”, “Un Nuevo Tiempo”, “Vente Venezuela” y “Alianza Bravo Pueblo”) sino la mayoría del electorado, hayan reaccionado con enorme rechazo ante la participación de Falcón y su partido “Avanzada Progresista” en las elecciones de hoy domingo y los hayan calificado como desertores frente a la única política posible ante una dictadura neototalitaria como la de Maduro: guerra en todos los frentes, incluida la abstención.

Que es el producto de una experiencia aprendida por los partidos políticos democráticos y la sociedad civil en sus 20 años de lucha contra una dictadura socialista, totalitaria y marxista, y la cual opera, como ha sucedido en todos los países donde han gobernado los comunistas, con enormes capacidades para el chantaje, el engaño, la presión y la estafa y con una capacidad casi inagotable para mentir y trucar, y ante a las cuales, son especialmente vulnerables los más pobres.

Y sin detenerse en los extremos de crueldad, sadismo y ruindad con que se han ensañado en Venezuela, donde han echado mano a todos los recursos para perpetuar su satrapía.

Creo, sin embargo, que se les acabó el tiempo, y para demostrarlo nada mejor que la abstención con que el pueblo venezolano se ha cruzado con la comunidad internacional para no ser más pasto de marramucias e ir con todo a cerrarle cualquier salida de legitimidad y viabilidad a una dictadura narcosocialista que perpetra un genocido en la patria de Bolívar y continuará su obra de destrucción si las fuerzas democráticas nacionales e internacionales no se empeñan en derrotarla.