Alberto Franceschi: ¿Maduro Pedirá Cacao?

Cuando se nos dice que: “hemos llegado hasta aquí por haber votado”, “hemos logrado este triunfo electoral gracias a que no renunciamos al arma electoral”, siendo esto parcialmente cierto se nos está proponiendo adaptarnos solo a futuros calendarios electorales y esperar indefinidamente hasta el agotamiento por desfallecimiento del régimen, y de paso se nos pide avalar 11 años de acomodamiento y cohabitación con el régimen de Chávez y lo que va del de sus hijos truculentos.

Parecieran sutilezas y discusiones solo formales, de matices etc, pero en realidad estamos, hoy, a fines de abril de 2013, ante los resultados de una década perdida, apostando a salir en paz de un régimen moldeado por y para la estafa electoral, de la que hoy tenemos la última y al parecer más convincente prueba que estas instituciones rojitas solo pueden funcionar mediante el fraude.

Cuando en discusiones francas pueda discutirse donde estamos parados realmente, podemos entonces rebatirle a nuestros cultores del apaciguamiento, las verdaderas razones de por qué un régimen tan pirata como este, puede sobrellevar desde hace años y por muchos más su propia incompetencia, hasta niveles antes considerados inimaginables para cualquier pronosticador.

Debe reconocerse que quienes aconsejaron a Capriles el frenazo del 17, que permitió el rápido montaje del precario gobierno ilegitimo de Maduro, hicieron la mayor apuesta posible a la hipótesis de que aun podamos salir de este atolladero del régimen chavista, que murió con Chávez y re agoniza con Maduro, que pudre sobre sus bases, sin una solución de fractura que muchos vemos como absolutamente inevitable.

Que la confrontación haya sido diferida no significa que sea evitable. Capriles y la MUD están apostando, me imagino, al mejor escenario posible, que es el de la implosión del régimen: una especie de agotamiento por parálisis, que genere un divorcio masivo de las bases del PSUV y de las clientelas del poder, sostenidas por el ingreso petrolero ya escaso y que signifiquen que hasta el propio Maduro “pida cacao”.

Lo que quizá no mida el presidente electo Capriles es que el robo de las elecciones si bien lo convierte en líder efectivo de la oposición, difícilmente le otorgue la presidencia a la salida de Maduro, por la sencilla razón que ello implicaría una solución traumática e inaceptable para el bando derrotado, que estaría dispuesto a reventarle el gobierno sino les deja intacto gran parte de su poder institucional y sus redes de corrupción convirtiéndolo en un pelele.

De manera que si Capriles merece la Presidencia deberá conseguirla mediante la imposición de unas nuevas elecciones con garantías de previa extirpación del alto funcionariado y métodos del fraude institucionalizado, empezando por la eliminación de toda esa bosta tecnológica de Smartmatic, etc.

Si Maduro “pide cacao” en algunos meses es porque habría desoído a quienes quieren aventurarse en una línea de gobierno despótico duro, sin ningún disimulo. Mal haría Maduro en embarcarse en esa vía que para decepción de cerebros simplistas no creo que sea aconsejado por los Castro, a no ser que lo propios Castro hayan a su vez perdido la chaveta y se desesperen para conservarnos como una colonia bajo régimen policial, lo cual por cierto estaría condenado a un rápido y rotundo fracaso.

La instauración de un sistema policial a la cubana no solo carece en Venezuela de bases de “fundamento histórico” (revolución cubana de confiscación del 100% de la economía y una solo institución del estado comunista, con 54 años de tiranía totalitaria) sino que, si intentaran tardíamente atapuzarle al país tal modelo, esto solo terminaría hundiéndonos por años en una confrontación armada regional, quizá con descuartizamiento final del territorio que hoy conocemos como nuestro.

El país no está para optimismos bobos. Hay una confrontación por ahora de costo mínimo de violencia, diríase limitadísima, muy inferior a la que soporta la sociedad con la guerra del hampa.

El gobierno con sus bandas lúmpenes, de motorizados del hampa política, de corte marcadamente fascista, que en Venezuela tienen sus habilidades mecánicas por el dispendio obsceno del gobierno en esa piltrafa de recursos de intimidación, pretenden aquí lo mismo que lograron en Cuba y en Nicaragua donde es viejísimo el manejo de las “turbas” para aplastar a opositores. Los nazis, los Fasci italiani di combattimento de Mussolini, los Guardias Rojos de Mao y otros mil ejemplos de los regímenes estalinistas son la escuela del PSUV.

Nunca olvidemos que el primer “ideólogo de cabecera” de Hugo Chávez fue Norberto Ceresole, el panegirista de los “caras pintadas” de quien repiten todavía sus fórmulas altisonantes, abiertamente nazis o castristas, al fin y al cabo son lo mismo, a efectos de juzgar su siniestra naturaleza.

En honor a la verdad yo no veo a Maduro arrepentido de su fraude y aconsejando a su CNE de esbirros que vuelvan a contar, esta vez bien, para entregarle la banda a Capriles.

Capriles puede ser electo con una sólida mayoría si el país impusiera una repetición de elecciones y lo escoge, pasada esta etapa de denuncia de la evidencia del fraude que SIEMPRE acompañó al CNE, desde los tiempos de INDRA, a los inicios del chavismo en el gobierno.

Pero tengo la impresión de que lo único cierto es que desde el frenazo del 17 la oposición se condenó, bajo el chantaje de la violencia gubernamental, a quedarse en el aparato por toda una etapa breve o larga, no lo sé, porque ni los chavistas ni Maduro dejarán sus cambures escandalosamente privilegiados, ni los Castro abandonaran el UNICO SOSTÉN FINANCIERO de su dictadura policial, ni Capriles con el forcejeo mediático podrá quitárselos y MENOS QUE MENOS desde el juego institucional que montó el chavismo para perpetrarse en el poder.

Se sabe perfectamente que muchas opciones políticas tienen su fundamente en el estado de ánimo de grandes segmentos de la población. Es un hecho que para el frenazo del 17 tomaron en cuenta el anhelo pacifista a ultranza de quienes representan el espíritu conservador de las mayorías, pero también es bueno recordar que si no hay vanguardia para impulsar una lucha (generación del 28, Betancourt y AD el 45, Junta patriótica el 58, de nuevo Betancourt para aplastar el castrismo guerrillero, Chávez el 98-2012) todas las expectativas de mayorías pueden sencillamente sumirse en la frustración si no se genera el liderazgo que las lleve mas allá de lo cuotidiano. Luego del desconocimiento del gobierno de Maduro y de la denuncia del robo de las elecciones estamos en vías de resolver ese tema político central que será el decisivo.