Entre oficialismo y oposición: ¿Quién clavará el aguijón? por @nancyarellano

Entre oficialismo y oposición: ¿Quién clavará el aguijón? por @nancyarellano

Hay un cuento magníficamente sencillo referido a una rana y un escorpión….

En la orilla de un río caudaloso el escorpión le pide a la rana que lo cruce al otro lado. Luego de negarse –por temor a ser picada- la rana accede a transportarlo, tras el escorpiano argumento de no poder matarla pues morirían los dos en las aguas del torrente.
En mitad del río, el escorpión le clava su aguijón. La rana – moribunda- le pregunta el por qué, ya que ambos morirán ahora en la mitad del río.
El escorpión responde: “Es mi naturaleza.”

¿De qué se trata la naturaleza del escorpión? ¿Es acaso la naturaleza del suicidio? ¿Existe tal “naturaleza”?





Hoy día enfrentamos una situación similar entre dos prototipos de país. Dejo a ustedes que decidan quién es la rana y quién el escorpión. Lo cierto es que necesitamos cruzar un rio de necesidades, de retos, de carencias, de búsquedas… de estabilidad. Realidades mundiales como la necesidad del Estado para la corrección de la distribución de los ingresos nacionales, comprender los fallos de mercado o bien alcanzar la equidad dada la ampliación de los derechos humanos no debe estar en discusión bajo la Constitución actual. Y esto no es cualquier cosa, nuestra Constitución impone la “naturaleza” de nuestro Estado, sea quien sea gobierno. No lo que diga el candidato “X” o “Y”… ellos sólo pueden hablar de programas de ejecución de los principios establecidos o incluso pueden hablar de diagnósticos y formas de mejoramiento en aras de lo ya pactado.

No podemos continuar con las excusas de la “naturaleza” de las cosas, porque la parca comprensión de la realidad hace que esa “naturaleza” sea simplemente una interpretación ideológica de las cosas, interpretación que muchas veces se tiñe de arcaísmos y no comprende la complejidad del mundo actual. Un mundo de dinámicas interpuestas, superpuestas y yuxtapuestas que se mueven en la interdependencia compleja de redes sociales, económicas y culturales. Por ello, no podemos seguir pensando en el falso imperialismo gubernamental y obviando el imperialismo corporatista trasnacional no belicista, sino financiero –con expresión y sustento en la economía real- y, cuya forma de combatir está en la innovación y desarrollo, en la investigación y producción y, sobre todo, en la transparencia y dinamismo de la información pertinente, fluída, veraz y asidua.

No podemos seguir centrándonos en el egoísmo comercial de acumulación rápida de capital y en detrimento de la creación de un parque empresarial fornido que labore en torno a la satisfacción de las necesidades nacionales y creación de sana competencia que ponga al consumidor –cliente, usuario- como prioridad; no podemos seguir cayendo en la rudimentaria máscara de un bando y otro para llenarnos de excusas frente a las imposiciones de la realidad; porque las necesidades del país llevarán a un punto donde ambos nos hundiremos. ¿Quién clavará el aguijón?

No digo que sea fácil enfrentar los retos venideros –por no decir adeudados- pero sí creo firmemente, y lo he repetido varias veces, tenemos todo para lograr una transformación radical de la política y dinámica económica del país. Nos falta la comunicación auténtica. – Vuelvo al cuento- Probablemente el escorpión se asustó por algo, probablemente algo acaeció para que él reaccionara de esa forma. La “naturaleza” es una excusa para no develar la realidad, quizás el miedo, que le invadió y llevó a tal triste final para ambos.

Hoy día Venezuela no puede permitirse caer en esta situación. Y creo que es inminente que el aparato de Estado, sostenido por los precios del petróleo, no puede continuar con la dinámica del rentismo. Si revisamos la historia, ése fue uno de los errores de la tan repudiada y mal llamada IV República. Lo que trajo al Sr. Chávez al poder fue justamente la práctica dependiente del petróleo que, al bajar los precios, vio el acabose de la movilidad social sin precedentes que se viviera en los años setenta y que empieza, a partir de los ochenta a menguar. El resto es historia… ¿viva o no? Ésa es la cuestión a discutir y… ¡a exigir!

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