Consumidores pagan las consecuencias de la “guerra” entre panaderos y Gobierno

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Contra la pared. Así se encuentran los panaderos en Venezuela. No eran amenazas, el Gobierno cumplió con su palabra y parece no retroceder. La escasez de harina es la piedra de tranca, según alegaron los comerciantes. Sin embargo, el Gobierno impuso su palabra y aseguró que se trata de un “saboteo”. La batalla comenzó y en desventaja se encuentra el sector panadero. Así lo publica El Impulso.

Acabar con la “guerra del pan” fue el anuncio hecho por el presidente Nicolás Maduro.

Cuatro días fueron suficientes para dar inicio a su promesa, y el pasado miércoles, durante un despliegue de la Superintendencia Nacional de la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde), fueron expropiadas dos panaderías en Caracas.

Inversiones Rol 2025, situada en la zona de El Silencio y Mansion’s Bakery, ubicada en la esquina Cuartel Viejo de la avenida Baralt, Caracas, fueron los establecimientos que comenzaron a pagar lo que Maduro anunció en su alocución del domingo 12 de marzo: erradicar las mafias para acabar con la especulación y la usura.

El vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, apoyó esta decisión y aseguró que habrá detenciones. Además, refirió que las panaderías que incurrieran en delitos serían expropiadas y cedidas a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap).

Precios justos

El superintendente nacional, William Contreras, explicó que fueron varias las faltas que se vieron en ambas panaderías. Pero resaltó que una de ellas fue el cobro del pan por encima del precio y según su peso, delito que pena la Ley Orgánica de Precios Justos.

Detalló que estos establecimientos serán tomados por el pueblo organizado por un tiempo aproximado de 90 días.

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El representante del ente regulador de precios también aclaró que en el marco del Plan 700 de Fiscalización de Panaderías revisaron 436 locales solo en la Gran Caracas.

Pero para los comerciantes es otro el cuento. Después de una expropiación, lo que queda es el lamento, así lo comentó Emilio, sobrino de uno de los socios de Mansion’s Bakery.

Contó que ni siquiera le permitieron sacar el dinero de la caja registradora. Recordó que los integrantes del Clap le manifestaron que todo lo que estaba dentro del local les pertenecía.

Indicó que ni Emilio ni su socio pueden entrar a su negocio. Los candados y las cerraduras fueron cambiados y ahora la panadería es representada con otro nombre.

Desventaja

Mientras el Gobierno se empeña en un supuesto “saboteo”, el gremio de panaderos refirió estar “pasando aceite”. La falta de harina no es un problema nuevo, dijo José Salazar, encargado de uno de estos establecimientos.

Contó que desde el 2014 comenzaron a presentarse las fallas en la distribución, lo que a su vez fue limitando la producción que intentaba cubrir la demanda entre tropiezos.

“Las personas comenzaron a formarse en pequeños grupos para no quedarse sin su producto, pero después la situación se le escapó de las manos, no a los panaderos, sino al Gobierno que nunca facilitó las herramientas”, manifestó.

Los carteles comenzaron a decorar las vitrinas de los establecimientos. “No hay pan” o “no hay harina” eran las frases informativas que comenzaron a leer los comensales. Salazar detalló que no solo su local, sino el de varios compañeros comenzaron a trabajar por debajo del 50% de su capacidad. La crisis los tocó en profundo.

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La distribución de 250 sacos que recibían mensualmente se redujo progresivamente.

Apenas y le despachaban cinco o seis. Para el maestro panadero Julián Martínez se requieren de al menos 20 sacos diarios para satisfacer las demandas de los usuarios en cada local, pero recalcó que el mismo Gobierno los “ahorcó”.

Las fallas en la distribución de harina de trigo provocaron que en algunos de los establecimientos panaderos limitaran el horario de venta.

Los negocios comenzaron a vender a las 7:00 de la mañana. Mientras que en otros únicamente se podía comprar el rubro al mediodía o en las noches. Esta situación terminó por obstinar a varios consumidores, como fue el caso de Nereida Gil.

“Yo en un principio sí hacía mi cola, pero después me fui cansado porque no respetaban el orden. Entonces apliqué la de no comprar el pan, ni caro ni barato. No lo sustituí por otro producto, simplemente no lo compré más”, comentó.

La consumidora replicó la medida que fue tomada por el Ejecutivo nacional. Aun cuando considera que debe haber un control en las panaderías, pues considera que sí existe un abuso, criticó la forma en que el Estado enfrenta el problema.