Luis Alberto Buttó: Pandemia y lecciones por aprender

Luis Alberto Buttó: Pandemia y lecciones por aprender

Luis Alberto Buttó @luisbutto3

 

En algún punto de su contenido, los discursos oficiales tejidos alrededor del mundo en torno a la pandemia generada por el Covid-19 buscan estimular la esperanza y sembrar la convicción entre la gente de que, pasado cierto tiempo, se superará con éxito este trance por demás doloroso y angustiante que, sigiloso como el asaltante en la oscuridad, hizo saltar en pedazos el espejo donde la humanidad creía ver reflejadas tranquilidad y seguridad. En líneas generales, no se pueden abrigar dudas de que así será: el ejército silencioso de los héroes de verdad, no los de opereta creados artificialmente por medios de comunicación y centros de propaganda, contendrá el avance del sufrimiento y lo derrotará con el sacrificio que ha desplegado, al punto de ofrendar sus propias vidas en esta titánica y apresurada lucha.
Claro está, ese aliento de optimismo que pretende inocularse en el ánimo colectivo nada dirá a quienes perdieron la vida en el proceso y a sus familiares que quedaron con el alma desgarrada por la inconmensurable tragedia experimentada. Pérdidas que, en buena medida, no son más que la espantosa consecuencia de que los responsables de evitarlo, por las posiciones de poder ocupadas, no estuvieron ni cerca de la altura de la tarea que tenían entre manos, razón por la cual fueron desbordados por su propia incompetencia, atrapados como normalmente están en consideraciones que no necesariamente tienen a la gente como centro de sus preocupaciones y desvelos. En todo caso, ahora es tiempo para el dolor, el horror, la colaboración, la solidaridad y la espera. Tiempo habrá para exigir cuentas. Será lo oportuno, lo justo y lo pertinente.

Mientras tanto, cabe la interrogante si al superar la pandemia, los que así puedan hacerlo, se habrá aprendido lo suficiente y lleguemos a repensarnos en función de una condición humana abiertamente dejada de lado al priorizar lo insustancial, lo no sustantivo de la existencia misma. Me gustaría pensar que así será, pero confieso que el escepticismo me agobia. La ignorancia, la estupidez, la soberbia y la invidencia mental son infinitas, como infinitas son las fieras secuelas que dejan a su paso. Es enorme la posibilidad de que echemos al olvido lo que vivimos. Es inmensa la posibilidad de que sigamos siendo tan idiotas como para haber atravesado el desierto sin haber entendido que descalzos y desnudos como iniciamos esta travesía era imposible salir ilesos.





En este contexto, reparemos, por un momento, en una sociedad como la nuestra, infectada de desigualdades tan aberrantes como evitables y/o superables. Un país donde un sector de la población puede poner en práctica lo de quedarse en casa y aguardar con fe que la tormenta amaine porque tiene los medios para hacerlo sin por ello poner en mayor riesgo la satisfacción de sus necesidades vitales, pero, donde, simultáneamente, el grueso de la gente está acorralada por la desesperación que nace del tener que salir sin remedio a la calle a buscar qué comer en el día a día o a llenar, donde pueda, un envase con agua, ya no para lavarse las manos permanente como corresponde para evitar el contagio del virus atrincherado aquí y allá, sino para cocinar lo escaso que encuentre. Me pregunto, ¿comprenderemos definitivamente que ninguna sociedad es viable si la mayoría de su población, por las carencias acumuladas, ha de enfrentar la vida como si fuera un castigo, una condena? ¿Haremos en lo sucesivo lo conducente para transformar al país y hacerlo vivible para todos y no sólo para unos cuantos? ¿Asumiremos los que hoy estamos en capacidad de hacerlo que el momento histórico a construir es nuestra irrenunciable responsabilidad y más importante que disfrutar lo alcanzado es trabajar para que los que van creciendo no se vean obligados a nadar en el océano de injusticias que hoy nos ahoga?

En la vida siempre es tarde cuando no se halla la respuesta correcta.

@luisbutto3