El Universal y la pavorosa metáfora de la Venezuela chavista, por Thairy Baute

El Universal y la pavorosa metáfora de la Venezuela chavista, por Thairy Baute

 

Más de un siglo de historia del periodismo venezolano convertido en un basurero y en un motel de indigentes. Con indignación y desconcierto veo unas fotos que me enviaron por Whatsapp. Es el mismo edificio imponente, postrado en la avenida Urdaneta de Caracas, que hoy hace honor al nombre de la esquina de Ánimas donde se construyó en la década de los 60.





En El Universal transcurrieron mis últimos años de estudios universitarios y los primeros después de graduada en Comunicación Social. De hecho, el trabajo de grado que presentamos Alejandra Días y yo en la UCAB, como requisito para optar por la licenciatura, fue la semilla del servicio de información documental que impulsó la Fundación Andrés Mata para organizar y digitalizar los valiosos archivos de El Universal.

En esa época, el diario también había comprado la Corototeca de Caremis (Carlos Eduardo Misle, el eterno cronista de Caracas fallecido en 2004) y el Anuario Documental de Venezuela, un archivo en microfilm de noticias seleccionadas por el periodista Guillermo Pantin, quien adelantándose a su tiempo, diseñó una base de datos con información de varios periódicos venezolanos desde 1979 hasta 1995.

Así que entre microfilms, periódicos, libros, fotografías, corotos y mucho polvo, trabajé con respetados colegas entre 1995 y 1998, un periodo de cambios tecnológicos en los que El Universal también se embarcó con su rediseño, bajo la batuta del periodista John Müller, y la puesta en marcha de su web que salió a la luz en octubre de 1995.

Apenas se comenzaba a usar el internet y me metí de lleno en el mundo de la investigación para servir de apoyo a los trabajos periodísticos del staff de redacción. Allí conocí a periodistas de fina pluma como Roberto Giusti, Pedro García Otero, Carmen Rosa Gómez, Ana María Matute, Lucy Gómez, Marta Aguirre, Luisa Maracara, Elvia Gómez, Aurora Blyde, Liza López, Simón Villamizar, Francisco Olivares, Hercilia Garnica, entre otros que ahora mismo se me escapan sus nombres; interactué con fotógrafos de alto calibre como Luis Bisbal, Vicente Correale, Jorge Santos, Carlos Hernández, Cheo Pacheco.

Durante esos años que estuve en el periódico, también se conformó el equipo de periodismo de investigación, encabezado por Lucy Gómez, se le dio forma al Departamento de Infografía, liderado por Wilmer Ascanio, y Rayma Suprani comenzó a publicar sus satíricas caricaturas.

No puedo dejar de mencionar los lazos de amistad que se tejieron con la maravillosa gente del archivo y de la Fundación Andrés Mata: Rodolfo Chacón, Wilmer Castañeda, Mónica Pupo, Lorena Cerrada, Doraida Herrera, Sara Díaz.

Una época de cambios, innovación y aportes al periodismo venezolano forjados desde aquel edificio de El Universal, catalogado por William Niño Araque como “un tesoro de la arquitectura venezolana del siglo XX” y que obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura en 1971. Ese baluarte de la arquitectura, y en otrora también del periodismo, tristemente no resistió el aluvión destructivo del chavismo.

Esas imágenes que me llegaron por Whatsapp siguen retumbando en mi cabeza como una pavorosa metáfora de lo que se ha convertido Venezuela.